Te amo mucho y no queda más que aceptarlo

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Nick me mira indiferente, como si él no me conociera. Me analiza silenciosamente y abre un poco más la puerta dejándome pasar. Entro ignorando a la mujer que me mira furiosamente.

—¿Qué hace ella aquí? – grita hacia Nick – Te dije que ella no pisaba un pie en esta casa.

Nick se tensa al escuchar eso pero después la ignora como si nada había pasado.

—Elizabeth ¿te puedes mantener callada un momento? – ordena.

La castaña chilla como niña animada lo que me hace reír por su actitud tan inmadura.

Ella se acerca hacia mi hasta quedamos frente a frente y pude ver que era muy hermosa, y comprendí todo, yo no podía competir contra ella. Me mira con asco y me apunta con el dedo.

—Creo que es mejor que te vayas Elizabeth – Nick responde con frialdad – Esta conversación es de adultos y tú ni siquiera eres unas adolecente.

—Seré tu futura esposa, idiota.

—Eso piensas, niña ilusa.

La castaña furiosa por la humillación, toma su cartera y se va dando un portazo. Fue ahí que note que mágicamente nos habíamos quedamos solos en la casa, me miró sin expresión alguna en su cara y note que ya no sería lo mismo de antes.

Y fue ahí que me di cuenta que tenía verdaderamente miedo al amor. El miedo de perderlo, el miedo de no verlo más o simplemente ser rechazada, ese era mi miedo. Ese cuando sabes que quieres mucho a una persona y te desvelas pensando en él y te imaginas cosas o situaciones que nunca pueden pasar, cuando te ilusiones por cosas que él hace y que para otra persona solo significara amistad. El amor es algo tan intenso y tan preciado que te puede dañar o alegrar.

Miro a Nick nuevamente y siento temor de su reacción.

—¿De qué quieres hablar conmigo?

Se sienta en el gran sillón y me inspecciona con sus ojos azules.

—El chico del hospital...puede ser el padre de Theo.

Nick abre la boca sorprendido, tampoco él lo cree. Se levanta y empieza a caminar a círculos nervioso.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué haces eso?

—Es después que me enojara contigo, un dia pensé en eso y recordé el mes que fue la última vez que vi hasta cuando nació Theo y son 9 meses.

—Entonces dices...que puedes que seas el padre de Theo

—Tenemos que hacer un examen de ADN entre ese chico y yo.

Me habla indiferente, sin cariño y eso me asusta. No quiero perder a la persona que amo pero no sé qué voy a decir verdaderamente porque le temo a su respuesta.

—¿Eso era todo? – Pregunta fríamente

Mi mente y mi corazón gritan; ¡No! Pero yo solo asisto parándome del sillón. Mientras camino hacia la salida recuerdo las palabras de mi mejor amigo y con toda la adrenalina y dignidad que yo poseía en ese momento, me gire a enfrentarlo.

—Nick, tengo algo importante que decirte—siento que me ahogo.

—Entonces dilo, Elizabeth viene en cualquier momento.

Doy un largo suspiro para armarme de valor y enfrentar el miedo de ser rechazada. Sabía que esto era un paso grande y podía ganar o perder para siempre pero esta era mi única oportunidad y no quería desaprovecharla para después arrepentirme.

—No engaño a nadie con decir que me olvide de ti, te amo, te amo mucho, tanto que ya no queda más que aceptarlo y vivir con ello, eres todo y nada a la vez. A veces quiero convencerme a mí misma ya fue, que todo fue pasado y de que puedo salir con alguien más, pero al fin y al cabo cuando acaba el día eres y serás mi último pensamiento. Ya acepté todo de ti, tus errores, tus defectos, tus virtudes, pero no quiero aceptar el hecho de que tú ya no me ames como yo a ti.

Veo que su cara no cambia a ninguna expresión, sigue igual de indiferente. Todo está perdido.

Apenada me giro para salir de la casa rápidamente y olvidarme de él aunque se que es imposible, cuando siento una mano que me agarra del brazo suavemente.

—No, no te vayas por favor.

Nuestro especio fue descendiendo, nuestras miradas iban encontrándose de un modo especial, él toma suavemente mi cara y la acerca a tal punto que nuestros labios rozan.

Al momento del toque, un montón de sensaciones invaden mi cuerpo, dándome energía. Dándonos energía, una vital que era imposible de ignorar. Nuestro alrededor no existió cuando no puede aguantar más con la presión de tener sus labios y lo bese como si no hubiera mañana. Cuando lo bese una serie de sensaciones sentí, el hormigueo en mi estómago volvió rápidamente pero lo ignoré, estaba con el hombre que amaba.

No resisto y muerdo su labio, este gime de placer y gruñe al mismo tiempo. Me quita el brasier y luego comienza a besarme con necesidad, desesperado. Cada segundo parece pasar muy lento y eso es genial. No quiero que esto acabe.

Me toma en brazos y empieza a subir las escaleras, mientras que yo lo desvestía ahí mismo. Cuando llegamos a su habitación ya estábamos completamente desnudos. Sin pensarlo los tiramos a su cama.

Mis manos recorren cada centímetro de su cuerpo y cuando mis labios hacen contacto con su piel, Nick parece sonreír con satisfacción. Está encima de mí, abre mis piernas y se posiciona entremedio. Tan cómplices, tan seguros. Sus manos se van a mis caderas y las levanta levemente, siento placer cuando se adentra en mí, lo estaba esperando. Sus manos toman las mías por encima de mi cabeza y sus movimientos comienzan siendo suaves, luego más rápidos y profundos. Gemidos ahogados salen de nuestra garganta y él parece intensificar más sus movimientos cuando me escucha. Siento que he llegado a mi límite soltando un gemido y enterrando mis uñas en su espalda. Mi corazón late con fuerza, pero él continúa sus movimientos hasta que se detiene gimiendo, siento sus contracciones en mi intimidad y su cuerpo cae encima del mío agotado. Me sonríe y luego besa mis labios.

—No podía vivir sin ti. – admito mirándolo a los ojos – Eres uno de los pilares de mi vida.

Sonríe y me da un leve beso en mi frente, pero después su cara se transforma a angustia y desesperación, lo miro preocupada pero este no responde solo toma para abrazarme y empezar a sollozar.

—¿Qué pasa? – pregunto atónita.

—No podemos estar juntos.

—¿Por qué?

—Porque mi padre me quiere casar con Elizabeth.—su llanto aumenta – El ataque que tuviste fue por culpa de mi padre, Ellite.

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