Capítulo 1 - Diego

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La cordillera de los Andes recorría prácticamente la totalidad de Sudamérica de abajo a arriba. Como una serpiente que se hubiera levantado de su letargo invernal, zigzagueaba con paso rocoso desde las frías tierras del sur al cálido norte del subcontinente en busca del Océano Pacífico.

Sus más de siete mil kilómetros de longitud y cuatro mil metros de altura media la convertían en el perfecto guardián de las gentes que vivían a su abrigo. Perfecto guardián y temible enemigo si no se conocían los secretos que encerraba. Si existía una ciudad que hubiera sabido aprovechar las cualidades únicas de los Andes esa era Santiago de Chile.

Santiago era la capital del país que llevaba su nombre. Estaba considerada una de las mejores ciudades de América Latina para hacer negocios y eso, Diego Rojas, lo conocía a la perfección.

Diego había llegado a Santiago por un desafortunado incidente hacía cuatro años. En aquella época poseía una empresa de exportaciones con sede en Buenos Aires que desgraciadamente se había ido a pique por una mala inversión. Casi le mandó a la ruina más absoluta. Santiago le ofreció el estímulo que necesitaba para volver a flote. Tres años después del incidente que marcó su trayectoria profesional y personal encontró de nuevo la senda del éxito tras la fundación de la Transcontinental Ocean Commerce Company, la TOCC, como la había bautizado.

La TOCC era una empresa naviera dedicada al transporte de mercancías. Gracias a sus conocimientos en el mundo del comercio internacional le resultó un paso lógico el salto al mundo logístico. Con esta jugada, ahora controlaba las dos caras de la moneda: por un lado, qué comerciar, y por otro, cómo comerciarlo.

Desde el cuadragésimo quinto piso de la Titanium La Portada, un imponente rascacielos de 194 metros de altura, el despacho de Diego dominaba gran parte del sector financiero de Santiago. Los inmensos ventanales de su despacho ofrecían una visión privilegiada de las comunas de Las Condes, Providencia y Vitacura, con los Andes al fondo como testigos mudos del devenir de los habitantes de la ciudad.

Diego se pasaba en su despacho la mayor parte del día. Vivía por y para los negocios. Su ambición no conocía límites. Trabajaba prácticamente los trescientos sesenta y cinco días del año y ese domingo, 12 de febrero de 2017, no iba a ser una excepción.

Aunque las cosas no habían sido así siempre. Recordaba haber disfrutado verdaderamente de lo que hacía. La Rojas International Trading Company, la empresa que había fundado con treinta años, había gozado de una bien merecida reputación ganada a pulso con el esfuerzo y la dedicación que se les pone a las cosas importantes de la vida. Pero de la noche a la mañana todo se esfumó. Un buen día le llamó el señor Bradley Thompson, representante de la firma que administraba su capital bursátil, para comunicarle que el dinero había volado. Por lo visto una mala inversión había llevado su fondo a la quiebra. <<Lo siento señor Rojas, no hay nada que hacer>>, le había dicho Thompson desde el otro lado del teléfono, con lo que parecía una cierta voz de desasosiego.

Resultaba increíble la volatilidad del dinero. Cómo se podía pasar de tenerlo todo a no tener nada en una fracción de segundo. Tuvo que cerrar la Rojas International Trading Company y despedir a sus treinta y ocho empleados. Después de aquello no volvió a ser el mismo. Se consumió por dentro, pensando en lo que había perdido, y juró que nunca más volvería a confiar en nadie. Se dijo a sí mismo que ascendería de nuevo a la cumbre por sus propios méritos y que cosecharía más dinero del que jamás hubiera tenido. Costara lo que costara. Aquel día también se juró otra cosa. No olvidar nunca el nombre de Bradley Thompson.

Diego se encontraba ultimando los detalles de su próximo pedido. La TOCC realizaría un envío de quinientos contenedores, o TEUs como eran conocidos en el argot naviero, repletos de productos de lo más variado. Se trataba de un envío pequeño, aunque especial. Tan especial que él mismo acompañaría a la expedición.

Anclado en el puerto de Valparaíso, su nuevo carguero navegaría más de diez mil millas cruzando el océano Pacífico hasta a las costas orientales. Su destino: la bahía de Hong Kong, en China.

FIN Capítulo 1 - Diego.

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