Capítulo 12

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Basil entró con una sonrisa a la mansión, le habían ofrecido un gran trabajo. Suspiró, era posible que no pudiese aceptarlo pero el hecho de haber sido escogido para ello ya era en sí bastante para él. Ese día la mansión le pareció especialmente espaciosa y llena de luz.

Escuchó las clases de piano de su hijo, vio el reloj y sonrió cerrando los ojos. Las notas viajaban por el aire y los sonidos acompasados iban acompañados de los notables errores que los deditos de su hijo dejaban escuchar de vez en cuando, debían de acabar en una media hora, así que subió a darse un baño antes de bajar a verlo para comer. Estaba de buen humor, tenía ganas de tararear cualquier canción tonta mientras se bañaba, dejó que el agua le recorriera el cuerpo, no lo había notado hasta ese momento pero la mansión ya era como su casa, aunque su extrema relajación se esfumó cuando al cubrirse la cintura con la toalla y salir de la ducha se vio al espejo, tenía un par de marcas en el pecho y se sonrojó, aunque no eran las marcas las que lo hacían sentirse de repente avergonzado, sino los recuerdos que traían con ellas. Había pasado una semana desde que él y Jason lo habían hecho por primera vez, y aunque había intentado evitar aquellos encuentros, indudablemente habían hecho el amor todas las noches en la última semana.

Sacudió la cabeza intentando con ello alejar sus pensamientos y su cabello soltó pequeñas gotitas de agua que mojaron el espejo al tiempo que salía y se vestía con una de las tantas prendas que Jason había comprado para él. En la última semana le había comprado más aún, sabía que Jason raras veces iba a la oficina, al parecer pensaba que en casa y con todo su equipo no había necesidad de ir a encontrarse con buitres para dirigir su empresa, y es que por lo que había visto al parecer tenía razón, Jason contaba con tecnología que incluso un ignorante de máquinas como él sabía estaba muy por encima de la que pudiese tener cualquier otra empresa, ya había tenido más de un problema gracias a ellas y a su programa inteligente. Uno como el que por ejemplo estaba a punto de tener.

─Te ves bien, Basil.Jason me pidió que te diera esto, es lo de siempre- aquella voz se escuchó en la habitación y Basil sabía que era el sistema inteligente que Jason tenía instalado no solo en toda la casa, sino en casi todo lo que fuese de su pertenencia.

─No lo quiero- y es que sabía perfectamente lo que era, de una de las paredes se abrió una pequeña rendija apareciendo un mini-DVD, uno que seguramente tenía grabado su último encuentro- ¿Qué diablos intenta dándomelos?

─Al parecer, a nuestro egocéntrico amigo le gusta que seas consciente de lo mucho que te gusta abrirle las piernas- Basil se sonrojó hasta la punta de los cabellos, si es que eso era posible. Que una máquina le dijese aquello era demasiado.

─No necesito que me lo digas- ni tampoco necesitaba que Jason se lo mostrara en aquellas grabaciones, después de todo incluso se había asegurado de tomarlo frente al espejo la noche anterior, se ruborizó fuertemente recordando su propio rostro, las palabras que había dicho... los ruegos, los jadeos... maldita sea... no quería tener que verlo nuevamente en vídeo.

Por él¡Lee esta historia GRATIS!