46. Francés, alcohol y revelaciones.

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Gracias por sus recomendaciones! ❤

Camino hasta el elevador y antes de subir en el observo mi estómago.

No se nota que estoy embarazada. Pero a medida que pasen los meses comenzare a parecerme a una ballena seguramente. Por lo que subir escaleras ayudara a verme menos gorda, ¿verdad?

Rio ante mi estúpido pensamiento y voy camino a las escaleras. Emily vive en el tercer piso por lo que no tarde mucho en llegar. Espero unos segundos a que mi cuñada me abra la puerta, al verla frunzo el ceño.

No lleva ni una gota de maquillaje, lo cual es extraño en ella. El estar al natural deja al descubierto sus pecas, que parecen ser lo único que le da color a su pálido rostro. Lleva un pijama con flores por todos lados, eso también es extraño, porque son las seis de la tarde.

— ¿Tan mal me veo? — me pregunta con una sonrisa cansada. Deja descansar su cuerpo en el umbral de la puerta.

— ¿Estás enferma? — pregunto ladeando mi cabeza.

— Es el efecto de que te rompan el corazón. — me dice haciéndose a un lado. — Pasa, por favor.

El departamento de Emily no está igual que su apariencia, al contrario, sigue igual de ordenado y limpio que siempre. Los sillones están perfectamente blancos como siempre acompañados por pequeñas almohadas violetas. El living está a oscuras, diría que todo el departamento está así, excepto su habitación que de allí sale la luz.

— Vamos a la cama, por favor. — dice con cansancio pasando por delante de mí, dirigiéndose hacia su habitación. — La vida me tiene exhausta.

Al entrar me sorprende ver su ropa desparramada en el suelo. La habitación entera está llena de prendas carísimas, que apuesto mi helado, a que algunas de ellas jamás las ha utilizado y quizás nunca lo haga.

— Debes tomar un descanso.

Emily suspira y se incorpora en la cama, dejando recostar su espalda en el respaldo de esta. Como hay más luz puedo ver con mejor claridad su rostro y lo apagado que esta. Tiene unas ojeras que no son propias de ella.

— ¿Sabes? A veces me gustaría que todos tuviéramos un botón de reinicio. Para así reiniciarnos y hacer algunas cosas diferentes.

¿Está hablando sobre su relación con Stefan?

— Él es un idiota, Em. — le digo tomando una de sus manos. Esta fría. — No supo apreciar la gran mujer que tuvo y dejo ir por ser un imbécil.

— Todos los hombres son unos idiotas y estúpidos. — se cruza de brazos, soltándose de mi agarre. Lleva su vista a un punto muerto de la habitación y frunce su ceño. — No aceptan tus disculpas, ni ver lo arrepentida que estás... ¡Ugh!

— ¿Por qué le pedirías disculpas a Stefan? — pregunto confundida.

Desconozco el motivo de su separación pero lo que tengo bien claro desde que Stefan le mintió a Emily diciendo que era gay es que es un idiota.

— Por dejar que Stefan me dijera cosas feas sobre él... — dice y su mirada se suaviza.

— ¿Disculpa? — digo confundida.

— ¿Qué? — me mira confundida y niega repetidas veces con la cabeza. — Quise decir, que debo pedirle disculpas a Stefan por dejar que me dijeran cosas feas sobre él. Si, a Stefan.

¿Por qué tengo la impresión de en realidad no se refería a Stefan?

Antes de que pueda articular alguna otra palabra la pantalla de mi celular se ilumina con una fotografía de Luke y yo. Él está haciéndome caballito y yo estoy besando su mejilla, sobre la foto aparece el nombre "Luke Dokie".

Mi estúpido novio. #MEN2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora