Capítulo 25 - Tentación.

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BRUNO ALLEN

No sé si Mila habla de una apuesta real o no, pero sea como sea, no voy a perder porque jamás he sido un perdedor. Si tengo que jugar con fuego y quemarme, lo haré. Debajo de las sábanas, nadie se enamora... por lo menos, yo no.

Volví a la cabaña para encontrarme con la escena de Valery y Dafne discutiendo por no sé qué.

— ¿Y a ustedes que les sucede? —Pregunté mirándolas.

—Nada —Respondió Dafne sonriente.

Valery se puso de pie y salió de la cabaña. Me serví un vaso de jugo y luego me encerré en mi habitación.

Cuando dieron las doce de la noche aún no podía dormir, así que aquí comenzaba mi plan. Salí de mi habitación despacio y me adentré a la habitación de Mila, ella se sobresaltó y se sentó en la cama rápidamente.

—Idiota, me asustaste —Me lanzó una almohada la cual agarré y la apoyé en su cama.

—Estoy aburrido —Me senté a su lado.

—Yo no —Sonrió mirándome hacia arriba, ya que ella había vuelto a acostarse.

—¿Salgamos a dar una vuelta?

Sabía que era parte del plan, pero también era verdad querer salir a caminar con ella.

—¿A esta hora?

—Si —Sonreí.

—¿Y dónde?

—No sé, por ahí —Me encogí de hombros.

—Está bien.

Se puso de pie, sacó un short y una camiseta holgada. Se colocó unos zapatos y luego se abrigó.

Caminamos sin ninguna dirección hasta que nos adentramos en el bosque cerca de la piscina. Nos sentamos en el césped, apoyé mi espalda en un árbol y ella se acostó en mis piernas mirándome.

—¿Sabes algo? —Preguntó.

La miré sin entender esperando que continuara.

—No nada, olvidalo —Rió.

—Dime ¿Qué ibas a decirme?

—Nada —Sonrió inocente.

—Dime o...

—¿O qué? —Se sentó mirándome.

La miré desafiante y comencé a hacerle cosquillas, no podía gritar pero si reía diciéndome que la soltara, hasta que se pudo zafar de mí y corrió, me puse de pie y la seguí hasta que la tomé de la cintura, mi pecho chocó con su espalda, un silencio incómodo nos invadió.

—¿Me dirás? —Susurré en su oído.

Su cuerpo se estremeció contra el mío, yo sólo sonreí sin soltarla.

Ella volteó a mirarme como pudo, estabamos tan cerca que la diferencia de estatura se hacía más notoria. Mi vista se fue hacia abajo y su mirada chocó con la mia.

—¿Y? —Sonreí.

—Es sólo que... —Dijo mientras miraba mis labios.

—¿Qué? ¿Extrañas mis besos? —Pregunté sarcástico.

—Idiota —Rió.

—¿Entonces?

—Me gusta tu mirada... —Confesó.

—¿Por qué? —Sonreí.

—Me hace sentir segura...

—¿Ah si? —Puse mis ojos turnios y luego reí.

Ella soltó una carcajada.

Nos quedamos mirando en silencio, puse mi mano derecha en su espalda baja y la acerqué a mi.

—¿Sabes qué? —Sonreí mirándola.

Ella levantó sus cejas.

—Yo si extraño tus besos —Puse mi mano izquierda en su mentón acercándolo al mío.

Ella no dijo nada, sólo me miraba con esos enormes ojos almendrados y verdes. Rocé mis labios junto a los de ella, provocándola... Si, eso quería.

Ella sonrió corriéndose unos centímetros atrás y luego fue ella quién entrelazó sus dedos en mi cabello y me besó. No me quedé atrás y la seguí... Mis manos bajaron a su espalda baja y la apegue aún más a mi cuerpo, ella seguía besándome intensamente. Diablos, ésta chica está matandome.

Puse mi mano en su muslo haciendo que subiera a mi cadera, ella sonrió confundida.

—Arriba —Sonreí juguetón.

Ella de un pequeño salto subió ambas piernas a mis caderas. Me encantaba la forma en cómo nuestros cuerpos encajaban.

Caminé unos cuántos metros lejos de las cabañas, más adentro del bosque y me puse de rodillas, Mila quedo tendida en el césped. Nos quedamos mirando con tentación. Era tan bella.

MILA FRANCE

Su mirada y su seguridad lo hacían tan perfecto que no me arrepentía de nada y no quería detenerme. Lo tomé del cuello y lo acerqué a mí haciendo que se acostara encima de mi cuerpo.

Seguíamos besándonos, pero luego de unos segundos yo estaba encima de él. Ambos con la respiración agitada, completamente lúcidos y mirándonos a los ojos tratando de entender lo que sentía el uno por el otro.

—No quiero ir más allá —Dije, me senté con las piernas separadas encima de su cadera. 

Él levantó su mirada para luego enarcar una ceja.

—¿Bromeas? ¡Diablos Mila! Me dejas mal para luego irte —Exclamó con molestia.

—Yo no...

—Estoy bromeando —Rió.

—Eres un imbécil ¿Sabías?

—Soy el imbécil que te enamorará, mi amor —Sonrió con soberbia.

—¿Por qué tienes tanta seguridad?

—Porque me conozco.

—Y yo me conozco a mí y sé que no me enamoraré de ti.

—Dices... ¿Sólo esto? —Preguntó señalándonos.

—¿Esto qué?

—¿Sólo quieres provocarme?

—No —Sonreí.

—Con esto no se juega, podemos terminar desnudos debajo de unas sábanas —Contestó seguro.

—¿Me obligarás?

—No France, sólo hare que lo desees tanto que ambos querremos. Mírame ¿Tengo cara de poder obligarte? —Me quedé en silencio esperando que continuara. —Cuando ambos quieren no se le llama así.

Maldita personalidad que tenía este ken.

Estuvimos en esa posición un largo rato conversando estupideces hasta que nos pusimos de pie para ir a la cabaña.

Llegamos y entramos en silencio.

—Sueña conmigo, mi amor —Sonrió enseñándome sus hoyuelos mientras abría la puerta de su habitación.

—No quiero tener pesadillas... —Susurré.

—¿Puedo soñar contigo? Son las pesadillas más lindas.

—Claro, pero intenta no amanecer mojado —Bromeé.

Él carcajeó para luego acercarse a mí y apegarme contra la muralla.

—Bruno, puede despertar alguien —Susurré.

Él se encongió de hombros apoyando sus labios con los mios. Me besó, esta vez lentamente para dejarme en una nube.

—Buenas noches —Volteó y entró a su habitación.

Caí en la realidad. Lo odiaba, quería golpearlo por hacerme sentir de esta manera. Definitivamente no me enamoraré de él.

***
XOXOXO

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