Capítulo 39

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 Tierra y Agua


—Chicos, ¿Es mi imaginación o está temblando?

—Es tú imaginación, Ro... ¿Dónde estábamos?

—El asunto de Jenn. Ni ella ni Steve han regresado, y no sabemos quién sigue en la lista —, dijo Elliot, pasándose una mano por los cabellos —. Cuando se llevaron a Jenn, creí que era en orden de izquierda a derecha, pero el ataque de fuego nos llegó del cuatro templo; así no puedo decir que estemos siguiendo un patrón.

—Entonces, ¿Qué hacemos? No podemos quedarnos aquí sin hacer nada. Parecemos un montón de plantas.

—¿Y qué sugieres? No podemos movernos, así que dudo mucho que lo que sea que nos esté sujetando nos suelte tan fácil... Ojala lo hiciera, pero supongo que tiene un motivo para detenernos aquí.

Con un fuerte bufido, Madison bajó la mirada y se talló los ojos con bríos. Desde que habían cruzado la segunda puerta, la morocha sentía que algo se había metido en su ojo y por más que lo tallaba no podía quitarse la basura de encima. Carter que era el más cercano a ella lo notó.

—¿Otra vez? ¿Qué tienes en el ojo?

—No sé, pero desde hace rato me está molestando y...

—Oigan, chicos, que si está temblando.

—No, Ro. Nadie siente nada —, dijo Elliot sin apartar sus ojos de ambos muchachos. El castaño tenía a Madison bien sujeta y le estaba soplando la pupila en un intento por quitarle lo que sea que se le hubiera metido. Sin proponérselo, su mano se convirtió en un puño y habló —. Si quieres acércatele más.

—No, es que...

La joven de ojos grises le dedicó una mirada ceñuda al moreno y después lanzó un suspiro.

—Relájate. Nada más...

—¿Chicos? Yo... ¡Chicos!

La mirada de Robin se desorbitó cuando dejó de sentir la tierra bajó sus pies. Había sido tan rápido e inesperado que el grito apenas y saló con fuerza.

Para su fortuna, Elliot se movió mucho más rápido que ella. La sujetó del brazo, al tiempo que tiraba de ella diciendo.

—Quédate quieta y no te muevas mucho. Voy a ponerte junto a Madison y Carter.

—No puedo. No...

—Escúchame... ¡Robin! ¡Veme!

La castaña hizo lo que se le dijo, tragando con fuerza al tiempo que elevaba sus ojos hacia donde estaba su amigo sujetándola. Ya no había nada debajo de ella. Solo un hueco vacío.

—No te voy a soltar, ¿Ok? Ahora, quédate quieta e intenta relajarte, voy a subirte.

—O-ok.

Entre jadeos y maldiciones, el muchacho fue tirando de su amiga hasta que por fin pudo alcanzar la mano que Carter le extendía. Ya con la ayuda de su amigo, los dos la pusieron a salvo en el espacio que había entre los dos.

Esta se llevó una mano al pecho y dejó salir varios sollozos.

—Ah, dios. Por un momento creí que...

Antes de que pudiera terminar su idea, Robin fue tragada por la tierra bajo sus pies como si se hubiera sentado en un montón de arena movediza.

—¡Robin!

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!