Capítulo 1 - Luz

2 1 0
                                                  

El cartel de la tienda <<Tan natural como tú>> destacaba sobre los demás por sus colores vivos y alegres. Luz, dueña del único establecimiento de productos ecológicos de Moralzarzal, había diseñado el cartel con sus propias manos. Aunque no había estudiado arte gráfico, le gustaba disfrutar de todo lo referente a su tienda y participar en cada detalle. No sólo había diseñado el cartel, también había trabajado activamente en la distribución y colocación del interior. Había elegido los colores de la pintura, los muebles y todo lo necesario para poner en marcha su pequeño proyecto y la ilusión de su vida.

Esa mañana de domingo, Luz se encontraba en el interior, organizando la estantería de arroces ecológicos. Le gustaba tenerlo todo bien ordenado. Los aromáticos, basmati y thai , por un lado; el arroz venere pigmentado con sus granos de color rojos y morados tan atractivos a la vista, por otro; los más clásicos de grano largo, medio y corto; los integrales, salvajes, vaporizados y por supuesto el glutinoso, céreo o mochi , como era comúnmente conocido. Su preferido. Un tipo de arroz pegajoso de grano corto que necesitaba menos agua para su cocción. Aunque el principal exportador de esta variedad era Laos, la variedad que ella vendía provenía de China.

Mientras se encontraba inmersa en la tarea de la colocación de los saquitos de arroz, la campanilla de la puerta de entrada sonó anunciando la presencia de un nuevo cliente. La señora Concha tenía la sana costumbre de acercarse a la tienda de Luz todos los domingos después de misa. Disfrutaba de la espontaneidad y naturalidad de la muchacha tanto como de su conversación. Hacía tiempo que a ella se le habían gastado las energías y necesitaba recargarlas con los jóvenes de la localidad. Ochenta y cinco años pesaban para bien y para mal.

—Muy buenos días, Luz, ¿qué tal te encuentras en esta bella mañana? —dijo la señora Concha, con su característica educación clásica.

—Muy bien, señora Concha, organizando los arroces para que no se peleen.

—Ay hija, ya sabes que me puedes llamar Conchita, que somos amigas.

A Luz se le hacía extraño llamar Conchita a una venerable anciana de ochenta y cinco años. No se acababa de acostumbrar a ese trato. Todos los domingos empezaban con la misma ceremonia y todos los domingos Luz le ponía la excusa de que a su edad se había merecido con creces la denominación de Señora con <<S>> mayúscula. Acto seguido le daba un fuerte achuchón. La señora Concha, o Conchita, siempre se reía ante ese hecho y volvía a su retahíla de <<ay hija, ay hija>>.

Le gustaba esa mujer y le agradaba su compañía. La señora Concha se había ido quedando sin amigas con el paso de los años y ya eran pocas las personas con las que podía conversar alegremente.

Al cabo de un rato, con energías renovadas y sin haber comprado nada más que palabras, Conchita salió por la puerta, dejando la tienda vacía y a Luz de vuelta a sus quehaceres organizativos. El sol del mediodía entró por las ventanas de la entrada principal. La madera de las estanterías y el techo reflejaron los cálidos rayos, aportando tonalidades ocres y caobas al ambiente. Aunque a Luz le encantaba que su tienda se llenara con el bullicio y el ajetreo propios de los fines de semana, también disfrutaba mucho de los momentos de tranquilidad. Todavía era pronto. Los clientes, salvo la señora Concha, que se trataba de un caso especial, tardarían un par de horas más o menos en aparecer.

Dejó sus tareas y paseó un rato tranquilamente por la tienda. Aunque no era muy grande, estaba cargada de variedad de productos. A la derecha de la caja registradora, según se miraba desde la puerta principal, estaba el estante de los tés. Los tenía de todos los colores: verde, blanco, rojo, negro y muchos más. También tenía cajitas de Rooibos, Oolong y Darjeeling. Los olores que desprendían dotaban a la atmósfera de un aroma natural muy relajante y característico. Al lado del estante de los tés estaba dispuesta la zona de las algas. También con una selecta variedad principalmente traída desde Japón. Las algas pardas o kelp como el wakame , kombu , arame e hiziki , que aportaban una gran cantidad de yodo a la dieta. Las rojas con el alga nori como abanderada de todas ellas, al ser la más conocida y utilizada en el mundo occidental. Las verdes como la chlorella , spirulina y la lechuga de mar, que si bien eran menos conocidas, no por ello resultaban carentes de interés.

Justo en frente de los tés y las algas, en la estantería central que dividía la tienda en dos secciones, se encontraba la balda de los arroces que Luz había estado colocando. En el medio se encontraban las pastas ecológicas con multitud de sabores: verduras, carne y naturales, que eran las más demandadas. Para completar la estantería, al final de la misma, Luz había reservado un generoso espacio para el huerto casero del que estaba especialmente orgullosa, dado que las verduras, frutas y hortalizas que vendía procedían de su propia cosecha. Finalmente, la tienda se completaba con una vitrina refrigerada, en la parte opuesta a la caja, que albergaba los productos que necesitaban frío para su conservación.

Luz seguía sin creérselo. <<Tan natural como tú>> había abierto sus puertas hacía tres meses y sin embargo todavía le duraba esa sensación maravillosa de ver las cosas como por primera vez. Sin ser consciente de ello, mientras paseaba por su negocio, llevaba dibujada una amplia sonrisa en la cara.

FIN Capítulo 1 - Luz.

Puedes encontrar el libro en Amazon, en el siguiente enlace: myBook.to/Off

(Disponible en Kindle Unlimited para leer sin coste para usuarios registrados)

Y si lo deseas, también puedes acceder a mi página personal: alejandroplaza.es

OffDonde viven las historias. Descúbrelo ahora