Capítulo 1 - Jack

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Jack Cooper desenvolvió el paquete con sumo cuidado. Llevaba dos meses soñando con ese momento y se proponía disfrutar de cada detalle. Tras retirar el papel exterior pudo apreciar las primeras letras de la caja:

<<Vertu Constellation - Exclusive Edition>>

Jack no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción. Sería de los pocos afortunados en poseer un modelo tan exclusivo. Sólo se habían fabricado dos mil unidades en todo el mundo y, gracias a sus contactos en Wall Street, uno de ellos había acabado en sus manos.

Abrió la caja y extrajo el aparato. Tenía en sus manos un teléfono negro, de titanio, con acabados en piel y muy elegante. Era el estilo que le gustaba y estaba acorde a las expectativas que había puesto en él. No en vano, le había costado más de cinco mil dólares. Una cantidad que no se soltaba así como así para que el producto no fuera de la máxima calidad. Seguro que sus compañeros Tom, Sam y Julia se morirían de envidia cuando lo vieran mañana en la oficina. Habían merecido la pena la espera y el dinero desembolsado.

Como último ritual para dar por finalizado el proceso de apertura, se fijó en la finísima película transparente que cubría la pantalla delantera. Poco a poco, con delicadeza, fue desprendiéndola con los dedos. Siempre había disfrutado con ese pequeño gesto. Parecía mentira cómo un simple trozo de plástico podía producir tanto placer.

<<Listo>>, se dijo. Su cara evidenciaba ya una completa felicidad. Había leído en Internet que las baterías de esos teléfonos venían con algo de carga y que se recomendaba utilizarlos durante un buen rato antes de enchufarlos a la corriente. No podía estar más de acuerdo. Se moría de ganas por encenderlo. No podía imaginar peor tortura que la que le hubiera supuesto tener que dejarlo cargando, sin poderlo probar. Pulsó el botón de encendido y la pantalla parpadeó. Un cosquilleo recorrió su cuerpo. Al poco rato apareció el logo por el que se había desvivido los dos últimos meses. Los caracteres de la compañía Vertu parecían sonreírle, diciéndole: <<sí, eres tú el afortunado de tenerme en tus manos. Disfrútame>>. Rápidamente, como si lo hubiera tenido desde siempre, navegó por los menús, configuraciones y aplicaciones. Se acostumbró a su rapidez y fluidez.

Al cabo de una hora ya tenía todo a su gusto. Se sintió muy satisfecho por el estupendo trabajo. Volvió a pensar en Tom, Sam y Julia y en lo que le dirían. Había imaginado un sinfín de situaciones en las que enseñar su nuevo juguete: directamente, como excusa ante una llamada imprevista, por mirar la hora y una larga lista más. Supuso que al final improvisaría, ya vería la mejor manera de abordar el tema. Además, casi todas las situaciones que se planean en la vida acaban saliendo de manera distinta a como se habían planteado.

Dejó el teléfono en la mesa del comedor y miró por la ventana. Desde la perspectiva de su lujoso ático en el Soho vio que el atardecer de Manhattan daba paso al anochecer. Las luces de la ciudad despertaron, alborotando la oscuridad que ya se cernía sobre ella. Una coreografía lumínica se presentó ante sus ojos. Los rascacielos se vistieron con sus mejores galas. Las ventanas iluminadas acrecentaban la majestuosidad de los grandes edificios. Un turista que hubiera dado un paseo por la quinta avenida en la soleada mañana, pensaría que se encontraba en otra ciudad distinta de haberlo hecho por la noche. Tal era la magia que producían las luces en la oscuridad del ocaso.

Jack dejó de contemplar el espectáculo nocturno de Manhattan y se dirigió a la cocina. Abrió la nevera de doble puerta y sacó un sándwich de jamón que había dejado preparado con anterioridad. Eligió del cajón de la fruta una manzana bien jugosa y por último cogió una cerveza. <<Cena ligera para un domingo ligero>>, pensó. Cogió una bandeja de un cajón de debajo de la encimera y, con todo, se dirigió al salón. Se acomodó en el sofá y encendió su televisor de 54 pulgadas. Con un mando de infinitos botones configuró la pantalla en modo deporte. Con el mismo mando encendió su equipo home cinema 5.1 Dolby Digital y configuró también el ecualizador, esta vez en modo espectáculo. Los New York Giants jugaban esa noche contra los Dallas Cowboys y lo quería dejar todo perfectamente sintonizado y a su gusto. La inmensa pantalla y el sonido envolvente proyectaron el ambiente del MetLife Stadium. Casi se podía sentir el júbilo del público desde la ubicación privilegiada del sofá de su apartamento. Los jugadores saltaron al campo bajo vítores de aplausos de los entusiastas seguidores que presenciaban en directo el partido. Jack dispuso su sándwich y su cerveza. Justo al tiempo del pitido inicial, abrió la lata y le dio un generoso trago, comenzando así su acostumbrado ritual de los domingos.

FIN Capítulo 1 - Jack.

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