01: a real pandemónium

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Capítulo dedicado a mikaelsluts

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01: a real pandemónium



«Deseaba creer que todo era una increíble coincidencia,

porque las alternativas a la coincidencia eran extrañas y aterradoras.»

–Dean Koontz.



Si era destino del infierno congelarse alguna vez mejor que fuera en aquel preciso instante.

Un ligero quejido encontró vía de escape entre sus labios y azotó la fría y húmeda niebla que se extendía en todo el espacio que alcanzaban a ver sus ojos cuando uno de sus tobillos volvió a torcerse hacia la derecha y casi la hizo caerse.

Cuando era niña, Lithioh había sido una firme opositora de la pomposa ostentación que suponía para una dama enfundarse en un ropaje decente, y pese a que su mentor consiguió cultivar en ella una sublime pasión por la moda, aquella noche no pudo evitar el familiar sentimiento de tener cinco años y caminar insatisfecha consigo misma, deseando ser cualquier otra persona.

Quizás era el escote, demasiado revelador para su gusto; tal vez era el estrecho ajuste, que abrazaba sus curvas como si fuera un guante y la hacía sentirse más consciente de su cuerpo de lo que había sido nunca antes, o a lo mejor el verdadero problema era el largo, que dejaba una cantidad exuberante de piel al descubierto.

Lithioh no lo sabía.

La única que certeza que tenía era que odiaba aquel vestido, odiaba aquel atuendo por completo. Y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo si planeaba lograr su cometido.

Trastabillando de nuevo sobre sus zapatillas, la frustración la obligó a contener una exclamación. ¡Oh! Si tan sólo Magnus no la hubiera dejado varada en Brooklyn con la poco gratificante compañía de Iglesia, ellos podrían estar bebiendo té y leyendo a Dante en su sala de estar, hablando de trivialidades y pasando un tiempo asombroso.

Pero Magnus era un maestro de hacer las cosas a la manera difícil, y ahora ella estaba en la gélida inseguridad, fuera de su apartamento, enfrascada en la buscada de su mentor por culpa de su aparente e indispensable necesidad de descontrol.

Viró en la siguiente esquina, caminando tan rápido como sus pasos se lo permitieron. Sus manos viajaron a los bolsillos de su abrigo de cachemira beige y lo ajustaron a su cuerpo, intentando ocultar tanta piel como fuera posible cuando un mundano pasó a su lado y la miró como si fuera un platillo apetecible. El bolso colgando de su antebrazo se apegó a su cintura y le brindo seguridad. Si alguien intentaba hacerle daño utilizaría aquel costoso accesorio como arma mortal. Muchos habían hecho más con menos.

Angel [Alec Lightwood]¡Lee esta historia GRATIS!