Capítulo 38 (II)

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—Tenemos que hacer algo. Jenn se fue hace más de veinte minutos y no sabemos cuándo...

—Oigan, ¿Qué es eso?

Un intenso brillo salió de otro de los templos. Una esfera luminosa que viajaba hacia ellos a velocidad. Madison tragó con fuerza y negó.

—Eso... No me hagan caso, pero parece...

—¡Agáchense! —, el grupo hizo lo que Steve les dijo, y cuando la esfera reveló su naturaleza abrasiva el muchacho alzó su mano e hizo que sus dedos pulgar, índice y medio se curvaran. Tras un medio giro de su muñeca, la esfera se desvió de camino y cayó en un punto por detrás de ellos.

El pelirrojo sonrió para sí y se tronó los dedos.

—Genial. Creo que ya sabemos a quién le toca.

—Espera, Steve. No podemos...

—Nos vemos en un rato.

Con esas palabras, el portador del Ignis salió corriendo en dirección al templo del que habían visto salir la bola de fuego.

"Estoy listo. Puedo hacerlo."

—¡Steve! ¡¡Steven!!

El muchacho no iba a voltear, pero al oír como los gritos de Robin iban aumentando de volumen, se encogió de hombros y frenó, volteando a verla con una ceja en alto.

—¡¿Qué?!

—Más te vale volver... Si no lo haces, me voy a encargar de patear tu triste trasero.

Mientras hablaba, la castaña fue bajando su voz. Para cuando dijo lo último apenas y se podía escuchar lo que decía. El pelirrojo lanzó un quejido y asintió, retomando su camino al tiempo que decía.

—¿Para eso me haces perder tiempo?...

Con un veloz movimiento de sus pies, Steve retomó la carrera y se alejó de todos ellos con una media sonrisa decorando su rostro. Estaba seguro de que tenía lo necesario para conseguir su parte de la misión.

—¡Ah!

Por más que había estado buscando, Jenn no conseguía hallar la salida del bendito santuario. Ya llevaba un buen rato vagando por el lugar, pero no conseguía ver nada entre toda esa oscuridad.

En un par de ocasiones, le dio la impresión de que alguien la miraba. Claro que de inmediato olvidaba esa idea. En ese sitio solo estaban ella y la mujer esa, y la segunda seguía inconsiente. Aun y con eso, no quería seguir atrapada en el templo; tenía que avisarles a sus amigos sobre lo que se había encontrado cuando entró a este.

—Demonios, ¿Cómo se supone que saldré de aquí, si no puedo encontrar la salida?

Un quejido se dejó escuchar. Sonó alejado, pero no tanto.

—¿Hola? ¿Hola? —, el sonido volvió a escucharse, y como no había frenado sus pasos, este había sonado más cerca que el primero — ¿Hay alguien?... ¿Puedes hacer otro ruido para que te encuentre?

Esta vez pasó un buen rato antes de que pudiera oírse algo, pero cuando lo hizo la peli teñida saltó sobre su lugar. Alguien estaba golpeando algo metálico, y no estaba muy alejado de ella.

—¡Sigue así! ¡No te detengas!

La joven dio vuelta en uno de los tantos pasillos que protegían los pilares, corriendo tan rápido que estuvo a punto de tropezar con un par de pies.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!