Capítulo 38

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Aire y Fuego


El aire tenía un olor raído. Estancado. Un pequeño trozo de tierra podía verse a unos metros de donde estaban parados, pero el suelo se veía agrietado y reseco; unas cuantas ramitas secas revelaban que en su momento, aquel sitio fue el hogar de un jardín; claro que en esos momentos daba más la impresión de que no habían salido del campo de rosas.

Lo único que los había sacado de esos pensamientos eran aquellas construcciones, algo alejadas de ellos y desgastadas por el tiempo. Parecían haber sido sacadas de un libro de historia griega, pero poseían ciertas diferencias que las hacía verse como una mezcla entre aquella cultura y otra, diferente a la de su mundo.

Eran seis edificaciones, divididas por un buen tramo de tierra entre ellas; lo único que compartían todas era aquel tono grisáceo en sus paredes.

—Madison, ¿En dónde se supone que estamos?

—¿Cómo voy a saberlo? Nunca había...

Mientras hablaba, la joven calló y posó la mirada sobre sus pies. No podía moverse de donde estaba.

Por más que tiraba, sus piernas no le respondían.

—¿Qué demonios...?

—¡Madison! ¿Este podría ser el sitio que se veía antes de que la guerra comenzara? ¿El lugar de los santuarios?

—No sé. Anna nunca me habló de ellos. Se lo mismo que ustedes.

—Pero, ¿No podría...?

—¡Robin! ¡Robin! —, el grito de Jenn hizo que sus acompañantes posaran sus ojos en ella. La joven no tenía los pies pegados al piso, sino que sus extremidades se hallaban a pocos centímetros por arriba de este. La peli teñida había alcanzado a agarrarse de la mano de su amiga, pero algo extraño ocurría con sus pies.

Estos poco a poco se fueron elevando, dándole la apariencia de que algo estaba tirando de ella.

La muchacha jadeó.

—No puedo... Tira de mi muy fuerte...

—¡¿Qué Jenn?! ¡No vemos nada!

La mencionada alzó su mirada, posando las pupilas violetas sobre Carter.

—El aire...

Antes de que pudieran preguntarle algo más, un fuerte tirón hizo que la chica se soltara de Robin. Aquella fuerza que la jalaba terminó por llevársela.

—¡Jennifer!

—¡Jenn!

—¡¡No!!

—Esperen... ¿Vieron a dónde la llevó?

La pregunta de Madison fue recibida por varias caras y gestos de perplejidad. En su desesperación, ninguno se había dado cuenta de ese dato. Cuando la morocha señaló el santuario más cercano a ellos, dijo.

—Creo que, lo que sea que la haya jalado, la llevó hacia ese lugar por un motivo. Miren la figura que tiene la parte de arriba, de ese como templo —, la morocha señaló el logo que coronaba el techo del santuario. Algunos no lo reconocieron, pero Carter abrió la boca tanto como pudo —. Es una de las representaciones del dominio del aire. Eso quiere decir que lo que la jaló no la llevó en balde... No sé porque, pero siento como que no nos dieron toda la información que necesitábamos.

—¿Y? Entonces, ¿Qué haremos? ¡No podemos dejar a Jenn sola en...!

—No hay de otra. No puedo mover mis pies, y por lo que veo ustedes tampoco... Quien esté haciendo esto, no quiere que intervengamos en sus asuntos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!