Capítulo 37 (II)

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La noche había pasado con una rapidez que desconcertó a Lumbërt. El álfr esperaba alguna complicación, un ataque o algo por el estilo, y en su lugar se habían topado con pura tranquilidad. Si complicaciones de ningún tipo.

Aun y con eso, este se mantuvo alerta durante todo el tiempo. Las tinieblas todavía estaban entre ellos, así que hasta que no amaneciera no podía dar por superada esa prueba.

***

—Anna. No estoy seguro de esto. Necesitan a todos los guerreros—, Shaina le estaba pasando varias botellas con una especie de líquido turbio a la humana, y esta solo se limitaba a guardarlas en la bolsa de campo que estaba preparando para su viaje —. Si Yuhëen se entera de que fuiste a las puertas, te va a ir muy mal... Yo sé que quieres ver que los muchachos se encuentren bien, pero te estas poniendo en mucho peligro.

—No te preocupes... Ni siquiera sé si voy a llegar a tiempo, así que bien podría estar perdiendo mi tiempo con esto...

—Mentirosa. Tal vez Yuhëen no sepa, pero yo estoy bien consiente de quien era tú pareja, así que deja de suavizarme las cosas... Estoy seguro de que Luke te paso parte de sus poderes, y aunque no sé qué tantas subramas de la tierra dominaba, no creo que te haya dejado desamparada... Algo tuvo que haberte pasado, que te puede ayudar a llegar a las puertas.

Con una sonrisa enigmática, la humana se colgó la bolsa bajo el brazo e hizo una seña para que guardara silencio. Cuando lo hizo le sonrió.

—Solo guárdame el secreto una media hora. Después puedes decirle lo que quieras a Yuhëen.

Sin más, la castaña salió de la habitación cubierta por uno de los mantos de Shaina.

***

—Muevan los brazos... ¡Más, Carter!... ¡Ataca como si quisieras lastimarla!

—Pero no quiero...

El castaño detuvó sus movimientos, a la par que le dedicaba una mirada tensa a Robin. Todavía no se habían levantado los demás, así que Lumbërt estaba aprovechando eso para poner a practicar a ambos.

Hacía tiempo que Stella se había levantado, pero al no salir el sol la Iwin se había quedado sentada sobre su lugar; su piel se había tornado gris y su melena oscura siempre suelta parecía haberse convertido en piedra.

—Oye, ¿estás seguro de que no le pasa nada malo?

—No le mires y concéntrate en la pelea... En cuanto salga el sol, veras que no le pasa nada.

—Si tú lo dices.

—Oye, ¿Por qué solo nosotros estamos entrenando? Deberíamos de despertar a los demás y...

—Cuando se levanten también los voy a poner a entrenar. Ahora les toca a ustedes, así que pónganse a pelear y no se distraigan.

Con un fuerte bufido, la castaña y su acompañante les dedicaron un último vistazo a los cuatro chicos acostados en la duna y siguieron con lo suyo. Aunque una pequeña sonrisa se dibujó en Robin antes; ni Carter ni Lumbërt lo habían notado, pero Elliot se había recostado junto a Madison y ambos habían terminado medio abrazados.

Tras aquella vista, la muchacha lanzó un suspiro y siguió con lo suyo; pero no por mucho tiempo.

Lumbërt poso su mirada en el horizonte y pronto asustó a ambos.

—¡Despierten a todos! ¡Ahora!

Sorprendidos por aquel cambio de planes, los dos hicieron lo que se les dijo y se abalanzaron sobre los cuatro, al tiempo que este hacía lo mismo con Ardëum. Apenas estaba abriendo los ojos la nasiry cuando este señaló el cielo y dijo.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!