Capítulo 37

17 1 0


Izethna


—Apresúrense. Todavía nos falta un buen tramo de camino, y aunque sea tenemos que avanzar un poco más antes de que caiga la noche.

Ardëum encabezaba aquella peculiar caravana, y le seguían Steve, Robin, Jenn y Stella. Quienes cerraban la comitiva eran Elliot, Carter, Madison y Lumbërt. El último cargando con la tarima, ahora más pequeña.

Los chicos luchaban por no apartarse de la punta, pero el viento y la constante caminata sobre aquel desierto solo conseguía desesperarlos. Sentían que no habían avanzado nada desde su llegada, y aunque Lumbërt les aseguraba que hallaban cada vez más cerca de Ornu rin, todos creían que solo se trataba de un engaño.

—Llevamos más de tres horas caminando... ¿No podemos parar un rato para descansar?

—No podemos —, dijo Stella, respondiendo a la pregunta de Jenn —. El día en este sitio dura más o menos de cuatro a cinco horas, y si nos detenemos vamos a perder tiempo valioso. Además, cuando anochece aquí es imposible seguir avanzando. La oscuridad es tanta que, aun con los poderes de Carter y míos no podríamos iluminar ni a veinte pies por delante.

Con esa rápida explicación, la Iwin dio por terminada la plática y Ardëum apresuró el paso, obligando a todos a seguir su ritmo.

***

—¡Señora! ¡Yuhëen!

—¿Qué sucede? ¿Volvió el grupo? ¿Paso algo malo?

—No, señora. Un grupo de sombras está marchando para acá justo en este momento...

—¡¿Qué has dicho?!

—Lo que escuchó. Uno de nuestros álfr acaba de llegar de los pueblos exteriores, y dice que un gran grupo de sombras viene para Liabiric. No sabe cuántas cabezas son, pero calcula que rebasan las 500.

El puño de la guardiana se cerró en un doloroso agarre. Su mirada descendió hasta casi posarse sobre el piso marmoleado.

—¿Qué hacemos, señora?

—Llama a los guerreros que todavía están en la ciudad. Tenemos que alertarlos para poder llevar a cabo la evacuación de Liabiric...

La cara del ayudante de Yuhëen se desencajó, al tiempo que perdía el poco color que todavía retenían sus mejillas.

—¿Evacuación?... ¿No cree que esa decisión en un tanto extremista?... Según el vigilante, las sombras todavía están a unos días de la ciudad. Si llamamos a la señorita Ardëum podríamos tener a varios de los guerreros que fueron...

—No. No podemos hacer eso.

Yuhëen apoyó sus manos sobre la silla ornamentada y suspiro.

—Ardëum está sirviendo de escolta para los muchachos, además, los guerreros se encuentran en las fronteras para proteger el país de un ataque exterior... Nudengor es extenso, por lo que no creo que lo invadan tan rápido; aun así, no podemos darnos el lujo de confiar. Ya eliminaron a nuestros aliados de Tieler y Nianmusar, así que es cuestión de tiempo para que "el amo" fije su vista en nosotros.

—Pero...

—Se evacuara a los habitantes de Liabiric a los pueblos del sur. Y quienes puedan pelear esperaran por el enemigo en otro pueblo, más cerca de aquí... No podemos dejar que caiga Liabiric. Y menos ahora que estamos tan cerca de cumplir nuestro objetivo de liberar a la legión.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!