Capítulo 7

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Guy se quedó callado mientras las lágrimas le caían por el rostro al recordar ese triste momento. El Conde suspiró e intentó tranquilizar al joven que lloraba frente a él.

—Muchacho, por favor, ya no falta nada, sigue hablando.

—Mi señor... mi señor estaba aún con vida cuando llegué a su lado y sin demora jale el caballo que había sacado hasta una carreta que había a un lado, lo amarré a ella y luego subí a mi señor ahí. Intenté acomodarlo lo mejor que pude y una vez estuvo seguro, me dirigí a todo galopé hacia la finca. Sabía que la cocinera era una sanadora de muy buenas referencias y estaba seguro que ella podría hacer algo por mi señor —respiró profundo y siguió—. Una vez que llegamos, mi señor no tenía buen aspecto, casi no se movía y si no hubiera sido por su respiración errática hubiera jurado que ya había muerto, pero no quería pensar en nada malo.

»Grité a todo pulmón para que me ayudaran y así sucedió. Con ayuda de tres personas más subimos al duque a su habitación y la cocinera llegó casi de inmediato para atenderlo. Yo pedí que fuera atendido lo mejor posible, pero sabía que esa herida era muy grave, mortal para mi desgracia y de todos los que apreciaban a mi noble señor —el asistente sofocó un sollozo y continuó con la voz entrecortada—. Sin perder tiempo, salí de la finca y cabalgué sin detenerme hasta llegar aquí e informarle todo cuanto le acabo de decir.

De esta manera, Guy terminó con su relato y el Conde miró al escribano como terminaba de escribir lo último que había dicho el joven asistente. Después que volvió a leer todo y que estuvo de acuerdo con todo lo que ahí estaba escrito, el escribano se retiró no sin antes decirle que en unos minutos tendría la copia certificada para que esta fuera entregada a su majestad.

Cuando el conde y el asistente se quedaron solos ya estaba bien entrado el nuevo día.

—Guy, antes que nada debo decirte que estoy muy satisfecho con tu proceder, gracias a ti, el responsable de las muertes está rindiéndole cuentas a nuestro creador. Ahora debo contarte que los hombres que fueron a la granja encontraron los cuerpos y con tu testimonio puedo decirte que al parecer ambos eran culpables de la muerte de esas mujeres. A qué grado, no ha quedado claro, pero gracias a Dios que ahora ellos ya no son un problema.

El joven no pudo responder y solo asintió. El Conde sonrió al ver lo triste que estaba y decidió no alargar más su sufrimiento.

—Muchacho, tu señor no murió. Está aún delicado y seguro su recuperación será un poco larga, uno de los guardias me lo ha informado, gracias a esa sanadora, él se recuperará del todo si sigue las indicaciones y por lo que me han dicho, su primer pensamiento y demanda fue verte.

Guy que estaba con la cabeza agachada la levantó tan rápido que al conde le pareció escuchar un crujido, este sonrió al ver la esperanza sincera y el amor profundo que sentía por el duque dibujado en su rostro.

—Ve muchacho —lo instó a que se marchara—. Una carroza está esperando por ti para llevarte a la finca para que veas a tu señor. Por lo pronto él no podrá cumplir con sus deberes, pero eso está arreglado, su hermano, el rey, ha dictaminado que se tome unas merecidas vacaciones de sus obligaciones para la corona y que no lo quiere ver en funciones hasta por lo menos un año completo de su mandato. En ese tiempo seguro el duque ya estará completamente recuperado.

Con una enorme sonrisa y sin casi nada que decir, le tomó las manos al conde y se las besó mientras las bañaba en lágrimas, después que el Conde de instó a apresurarse e irse sin más demora, éste salió corriendo hacia la carroza que aguardaba por él.

El camino fue angustiante, Guy necesitaba estar ya al lado de su señor y el camino hacia su destino le pareció eterno. No supo bien cuándo se había quedado dormido, pero de pronto alguien lo estaba sacudiendo para informarle que ya habían llegado. Asustado se despertó y al notar que ya se encontraba en la finca arrendada, bajó desesperado y corrió hacia los aposentos para comprobar que el hombre a quien amaba estaba fuera de todo peligro.

Necesitaba verificar que estaba vivo con sus propios ojos ya que esas heridas eran mortales y difíciles de superar, peor porque siempre la fiebre y las infecciones eran unos de los mayores problemas.

Se quedó de piedra al entrar a los aposentos de su señor y solo tuvo ojos para ver que estaba con los ojos cerrados, no pudo moverse, pensó encontrarlo despierto e insistiendo por levantarse, en su lugar, frente a él el duque estaba inerte con la respiración acompasada, mostrando el pecho desnudo y una venda gruesa que le cubría casi todo el abdomen.

—Joven Guy —escuchó la voz de la cocinera que estaba sentada en un sillón al lado de la cama de su señor. Él había entrado como un vendaval a la habitación por lo que no la había visto en un primer lugar.

Guy se acercó hacia la cama, casi sin percatarse que la cocinera se iba con una sonrisa en la cara. Justo antes salir por la puerta, dijo:

—La herida está bien, por fortuna la hoja del arma no tocó ningún órgano, se repondrá y estará fuerte como siempre y no se preocupe que solo tuvo un poco de fiebre, esperemos que siga así. Nuestro señor es un hombre muy fuerte y ahora está en claro camino a la recuperación.

Después de eso, escuchó como la puerta se cerró, él no podía moverse, solo se quedó mirando a su señor y orar de pie agradeciendo porque siguiera con vida y su pronta recuperación.

— ¿No vas a acostarte a mi lado Guy? —preguntó con voz ronca su señor y Guy casi llora de la emoción y felicidad, él había pensado que jamás volvería a escuchar su voz.

—Lo que mi señor desee —dijo sonriente a pesar de la fuerte emoción que llenaba su pecho.

Se sacó la ropa y desnudo se metió dentro de la cama, lo rodeó con su brazo y apoyó su cabeza en el hombro del hombre que pensó había muerto.

—Te amo, no te vayas a ir de mi lado.

Fue lo que le dijo su señor justo antes de quedarse dormido. Guy lloró de felicidad y solo pudo responder con voz emocionada.

—También lo amo mi señor y siempre estaré aquí para usted.

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El Camino al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora