— ¿Has venido con ese señor de la mañana? «Me preguntó con voz ronca, por un momento tuve deseos de irme corriendo, sentía un frío que me cubrió la espalda y hasta pude sentir que mi piel se estremecía ante el extraño tono de voz que usó, por alguna razón, la voz del joven se había vuelto más fría, más gruesa, más siniestra. Intenté recapacitar sobre este apresurado pensamiento».

—Sí, está dispuesto a ayudarte en el nombre de nuestro rey si nos dices todo lo que sepas de las muertes de esas mujeres y la implicancia de tu tío en ellas.

«Por un momento no me dijo nada y yo pensé seriamente que había perdido la razón a causa de tanto golpe recibido ya que tenía la mirada perdida, perdida y vacía, seguro había perdido la capacidad de tener fe; cuando estuve dispuesto a volver a hacer la proposición, él me habló».

—Suéltame, ahora y deprisa «Me apremió con voz demandante, más bien parecía un niño rico mimado, lo que aduje era producto de su desesperación por verse libre antes que su tío nos descubriese».

«El pobre joven se había orinado en sus pantalones en ese momento, era obvio que estaba muerto de miedo. Justo en el momento en que lo iba a soltar, de pronto, se hizo para atrás para evitar que lo tocara».

—Te ayudaré a escapar «le aseguré algo nervioso, estaba empezando a sentir un mal presentimiento».

—Mi tío me buscará y me matará, no tengo donde esconderme, él siempre me encuentra

«Como supuse, ese joven estaba totalmente aterrado, pensé en ese instante.

»Intenté calmarlo y explicarle que estaría protegido por mi señor Jacques y que él nunca dejaría que nadie le hiciera daño alguno. Me costó que entendiera, pero al final me dijo que volviera con mi señor porque él no estaba seguro de poder caminar solo con mi ayuda, él era claramente más alto que yo. Entonces le dije que no demoraría y salí rápido de ese nauseabundo lugar y fui donde había dejado a mi señor esperando.

»Al volver con mi señor, le conté todo y no dudó en estar de acuerdo en ayudarlo a salir juntos. Cuando estuvimos a punto de movernos tuve que detenerlo y escondernos nuevamente ya que de la casa se podía ver movimiento. El viejo Ebert, estaba saliendo con una lámpara de mano y algo más en la otra que no pudimos ver bien qué era, él se dirigía hacia el establo.

»Pude darme cuenta que mi señor estaba muy molesto y se lamentó no haber ido conmigo en un principio ya que bien pudo haber salvado al joven antes. En ese instante solo nos quedaba mirar cómo ese hombre con quizás más de sesenta años encima entraba al establo moviéndose ágil como un jovencito.

»Nosotros estábamos atrás de él, manteniéndonos ocultos pero no sacándole la vista de encima, es así que vimos como subió aprisa y sin esfuerzo por la estrecha escalera mientras intentábamos guardar el mayor silencio posible para no delatarnos antes de tiempo delante de ese mal hombre. Tuvimos que guarecernos justo debajo de donde el muchacho estaba con su tío en ese desván en lo alto y antes que pudiéramos hacer algo, escuchamos que el viejo comenzó a recriminarlo.

—Eliot, me debes un mal día. «Dijo el viejo Ebert» Ahora ese duque piensa venir por mí porque esa mujer quedó viva. Eso no debió haber sucedido, necesito pensar bien cómo hacer las cosas para que no empeoren. Y tú debes ser quien cobre esa responsabilidad, tú deberás afrontar todo esto con dignidad, eso a mi hermano le hubiera gustado.

«De pronto se escuchó un fuerte latigazo y un grito desgarrador que nos partió el alma a la vez que nos heló la sangre. Mi señor estaba horrorizado, ese hombre iba a inculpar a ese pobre muchacho que en ese momento gritaba desgarradoramente mientras recibía azote tras azote. Eso no podía ser permitido, por eso mi señor sin pensarlo dos veces subió lo más aprisa que pudo conmigo detrás y juntos nos enfrentamos a ese maldito hombre.»

—No permitiré en nombre del rey que usted le haga sufrir más a ese pobre chiquillo. Tengo un testigo, mi asistente oyó todo lo que le dijo a su sobrino y eso bastará para llevarlo a la horca, ahora ya no tiene salida, ríndase «Mi señor le dijo blandiendo su espada corta que desenfundó de su cinturón».

«El hombre mayor claramente asombrado soltó el látigo, el chico estaba en el suelo temblando y yo sin perder el tiempo fui a soltarlo. A duras penas pude desatarlo y con mayor esfuerzo lo ayudé a caminar hacia donde estaba mi señor, cuando estuvimos a su espalda a salvo, el viejo comenzó a reír. Yo estaba perturbado con la actitud de ese hombre y mi señor estaba ya carente de paciencia».

—Guy baja al muchacho en tu espalda y ve a buscar un caballo y unas sogas para llevar a este hombre a la finca.

«Obedecí a mi señor sin demora, me costó ayudar al joven llamado Eliot a bajar, pero al final lo logré, mientras mi señor venía tras de mí escoltando al viejo para evitar que escapará. Cuando todos estuvimos afuera con el caballo extra que tomé de las caballerizas, me sentía inquieto por haber dejado a nuestros caballos tan lejos. Iba a sugerir ir por ambos caballos cuando ese hombre habló».

—Usted es un tonto, duque, no sabe nada...

«Si algo más iba a añadir nunca lo sabremos porque tan rápido como un rayo, nuestro rescatado se abalanzó hacia su tío y lo ensartó con un tridente para mover heno que estaba a un lado.

»Mi señor y yo nos quedamos quietos al ver semejante escena, el viejo comenzó a botar sangre por la boca mientras su sobrino seguía hundiendo el arma en el esternón del anciano. Cuando reaccioné, a duras penas lo pude jalar y al hacerlo el viejo cayó hacia atrás votando sangre por la boca. Mi señor caminó hacia Eliot y lo tomó de los hombros comenzándole a preguntar sobre su actuar, el muchacho tenía la vista desenfocada y había tirado el tridente.

Él solo dijo:

—Tenía un cuchillo que lo iba a usar contra su merced para matarlo.

«Inmediatamente verifiqué su aseveración y pude comprobar al ver que era verdad, ese hombre tenía un cuchillo en la espalda. Iba a decírselo a mi señor cuando el viejo habló de pronto lo que hizo que casi muriera del susto ya que pensé que ya estaba muerto».

—Son unos estúpidos... yo solo intentaba proteger al mundo de... de... ese bastardo... «Dijo y soltó su último aliento prácticamente en mis brazos y pude ver cómo el alma abandonó su cuerpo y sus ojos se nublaban de una forma que jamás olvidaré.

«Necesité tragar dos veces antes de poder levantarme del suelo. Los ojos de ese hombre se habían quedado abiertos mirando a la nada, pero a pesar de todo, me pareció que estaba mirándome. Estaba intentando procesar lo que acababa de confesar el viejo cuando mi señor me habló distrayéndome de mis cavilaciones».

— ¿Qué fue lo que dijo? «Me preguntó mi señor y cuando le iba a responder, profirió un fuerte gruñido, volteé rápido y vi horrorizado como Eliot le clavaba la espada de mi señor en el estómago. Puedo asegurarle su señoría que ese chico tenía una mirada de éxtasis perverso en su mirada.

»Vi como en cámara lenta mi señor, el duque Jacques, iba cayendo de rodillas mientras que Eliot sonreía al verlo herido de muerte a manos de él. Yo estaba paralizado, no sabía qué hacer, solo podía ver como mi señor sujetaba la espada con ambas manos y estas se le llenaban de su propia sangre y caía de lado sin moverse. No entendía nada ¿por qué haría eso ese chico si nosotros lo estábamos ayudando? Su risa me sacó de la neblina de terror que me tenía paralizado y me di cuenta que tenía en la mano el arma del viejo a lo que no lo pensé dos veces y la lancé hacia quien me había quitado al ser que más amaba.

»Éste cayó con el cuchillo clavado en el cuello, si algo tengo que jactarme es de mi buena puntería. Ahora me había cobrado la vida de mi señor. Eliot, murió al instante.

El Camino al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora