Capítulo 6

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En este punto del relato de Guy, tuvieron que detenerse al entrar uno de los guardias quien le entregó una nota al Conde, después de leerla, le hizo una seña al hombre y este se retiró tan silencioso como había llegado. El cansancio se le notaba al pobre muchacho, pero el Conde no podía detener el testimonio, ahora menos que nunca.

—Guy, sé que estas agotado...

—No señor Conde, no se preocupe, yo debo seguir contándole todo cuanto pasó. Descuide que ya falta muy poco para concluir con mi relato.

Dijo aún con los ojos inyectados de sangre debido a su incontenible llanto desde lo sucedido con su señor.

Respiró nuevamente y siguió contándoles el final de lo que pasó.

«Y fue así señor conde —prosiguió Guy— que al llegar la noche ambos enrumbamos hacia la granja. Al llegar, dejamos los caballos escondidos en unos matorrales a varios metros del camino principal que daba a la propiedad de ese viejo. Juntos caminamos por las sombras que daba el bosque, intentando no hacer ruido, siempre atentos de no llamar la atención por si alguien pasaba y nos viera.

»Después de algunos minutos llegamos a la casa por el lado lateral, todo estaba curiosamente en silencio y solo había una habitación con las velas prendidas. Acordamos con mi señor que yo me acercaría primero a la casa y daría una mirada rápida para ver si podía ver donde se encontraba tanto el viejo como el joven. Cuando me acerqué por una de las ventanas posteriores, me di cuenta que esa habitación era la del viejo Ebert quien se encontraba durmiendo sobre la cama sin haberse puesto el pijama ni cubrirse con ninguna manta.

»Era seguro que estaba atento ante cualquier imprevisto y por eso intenté regresar con el mayor sigilo hacia donde mi señor se encontraba oculto y le conté todo lo que había visto».

—Seguro está echándose una siesta para luego salir a buscar una próxima víctima «dijo mi señor muy molesto». Ese malsano hombre, no se aguantará ni siquiera porque estamos nosotros aquí, es obvio que no le importa que lo tengamos como sospechoso «añadió indignado».

—Deje que vaya a ver al granero, mientras usted verifica que ese hombre no se levante «antes que pudiera protestar me adelanté». Usted podría detenerlo en un momento, mientras que yo sería una víctima fácil para él si me pilla en su ventana «le hice ver ese detalle, lo que le pareció correcto ya que se calmó y me hizo un asentimiento aceptando que fuera a ver solo», no demoraré «Le aseguré mientras me alejaba».

«La noche, era particularmente oscura, pero por obra de la providencia por un momento la luna dejó caer sus rayos tenues sobre la granja y el camino, de este modo pude moverme sin problemas. A medio camino hacia mi destino, las nubes cubrieron el cielo y todo se volvió penumbra y un frío cubrió todo el lugar haciendo que el paisaje se viera aterrador; sin embargo, no me importó y seguí escabulléndome hacia el granero.

»Una vez adentro y luego de una rápida inspección al lugar pude darme cuenta que en la parte de arriba, había una vela encendida. Me dirigí hacia esa luz intentando no asustar a los caballos que estaban ahí guarecidos del fresco de la noche y al llegar arriba, tal fue mi asombró que casi caigo por las escaleras. Al fondo de ese espacio sucio y mal oliente, estaba aquel joven amarrado y con signos de haber sido golpeado últimamente.

»El chico me había visto y en ese momento me miraba con una extraña expresión en su rostro, seguro era temor, pensé. Aunque no me sentía tan seguro, igual me acerqué a él con las manos alzadas intentando que viera que no era un peligro para él. Cuando estuve a solo un par de pasos este me seguía mirando con esa expresión extraña.

El Camino al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora