Capítulo 3

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El conde permitió una pequeña pausa para que Guy se relajara y así pudiera continuar con su relato, al hacerlo nuevamente la tensión se apoderó del joven asistente.

«Al día siguiente —continuó Guy— nos levantamos a primera hora del amanecer y salimos con dirección a la finca llamada "La Floresta", donde nos alojaríamos. Allí ya se encontraba el personal de servicio quienes nos dieron un buen desayuno y se encargaron de nuestro equipaje. Sin perder más tiempo, salimos sin mayores inconvenientes hacia la granja del hombre en cuestión, mi señor deseaba ver la zona de antemano y así poder trazar un plan de reserva por si el asesino huía.

»Sepa su señoría que mi señor deseaba apresarlo lo más pronto posible, por eso fuimos en ese momento. Al llegar a las afueras de la granja del viejo Ebert, ambos desmontamos de los caballos y los amaramos en un árbol que estaba al borde del camino. Le había insistido a mi señor que llegáramos con los animales hasta la puerta, pero se había negado en redondo, decía que no quería darle opción de escapar al escuchar los cascos de los animales. Eso me inquietó, no pude evitar sentir la piel helada y los dientes por momentos me castañeaban, sentía que algo no iría bien.

—Guy, voy a hablar con ese viejo y a confrontarlo «Me dijo de pronto muy serio mientras caminábamos hacia la puerta principal». No hay razón para perder tiempo. Tengo el documento del rey que me autoriza a actuar en su nombre y llevarlo ante la justicia.

«No pude decirle nada ya que tenía la vista fija en la granja y tampoco creo haber podido hacer gran cosa por hacerle cambiar de parecer, no quería que mi señor confrontara a ese hombre sin un apoyo armado, su seguridad era lo primordial; sin embargo, él no quería perder tiempo. El plan era ponerlo en custodia en la finca hasta que llegara la escolta que lo llevaría a la horca.»

—Mi señor, solo deje que entre primero. «Me ofrecí»

—No.

«Me cortó tajante y caminó los pocos pasos que nos separaban de la casa modesta. No podía quitarme esa terrible sensación de peligro y como no sentirlo si ese hombre había matado a muchas mujeres y seguro tenía algunos trucos sucios bajo la manga. Así que tomé una resolución, estaba dispuesto a morir por mi señor si fuera necesario, no permitiría que nada malo le ocurriera. Con eso en mente, me dispuse a calmarme y prestar atención al entorno para reaccionar en el momento preciso.»

Hizo una pequeña pausa para organizar sus ideas y Guy continuó:

«Nos detuvimos un momento en la entrada a observar todo. Se veía que las tierras eran de cultivo las que estaban atrás de la propiedad y muy cerca de la casa se veía un granero bastante descuidado. Una vez que estuvimos seguros del entorno, mi señor, tocó fuerte la puerta y en nombre del rey, pidió ser atendido. Ese suponía era mi trabajo, anunciar que habíamos llegado, pero una vez más no me permitió hacerlo.»

Tragó saliva, él sabía lo que venía y no quería recordar nada, aun así se obligó a seguir con su relato.

«Mi señor estaba ansioso por terminar con todo ese tema y por ello se dio la licencia, no porque sea su costumbre hacerlo, de obviar algunos protocolos que en ese momento impedían a mi señor poder cumplir con la encomienda de nuestro rey. Por mi parte, yo lo apoyé lo mejor que pude y a pesar de que estaba nervioso, no era por cobardía sino que me aterraba tener que cumplir con la promesa que le había hecho y tener que irme y dejarlo solo en ese lugar.

»No quería faltar a algo tan solemne como una promesa, pero el acto de dejarlo me enfermaba del estómago y rogaba a nuestro Señor Todopoderoso que no se diera la ocasión de tener que cumplir con ello ya que estaba decidido a cuidar de mi señor a costa de mi vida. Pasaron solo unos segundos cuando un ruido fuerte nos hizo sobresaltar y luego un grito desde dentro se dejó escuchar.»

El Camino al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora