Preámbulo

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Hacía ya más de diez años, en la época donde el rey Jarob reinaba en el territorio llamado 'Espinar', cuando él tuvo que hacer frente a un gran dilema.

Muchas damas del pueblo donde residía y administraba habían sido asesinadas sin la más mínima misericordia, todas degolladas y con laceraciones en todo el cuerpo que demostraban haber sido torturadas y ultrajadas por alguna bestia sin corazón ni alma. Todas ellas habían sido abandonadas a un lado del camino principal que unía a todos los pueblos con el palacio donde el rey vivía. El rey Jarob evitó nombrar al asesino con algún apelativo en especial, ya que pensaba que eso le daría un poder que no deseaba darle. A pesar de esa orden, algunos lugareños se referían al ignoto con el nombre de 'El Monstruo del camino'.

Cansado, el rey dispuso ceder la corona antes de tiempo a su primogénito. Era anciano y su reino merecía tener un rey fuerte que tomara las riendas de todo, más aun cuando las muertes habían cesado de improviso. Fuera de tranquilizarlo, esto preocupó aún más al rey Jarob y aunque se sentía aliviado de que todo ese horror concluyera, algo lo inquietaba terriblemente. Él tenía un sospechoso de tales bajezas y ese hombre debía responder por sus actos. Para lograr esto, se aferró al testimonio de la única víctima que logró sobrevivir a su ataque, esta mujer había sido dejada en las afueras de las tierras donde se encontraba su palacio para que muriera desangrada.

Para dar fin a esa matanza, debieron esperar a que esa mujer se recuperara lo suficiente para dar algún testimonio que los llevara a identificar a su verdugo. Pero esa recuperación demoró más de lo deseado y es que esa pobre alma quedó marcada de por vida debido a lo que sufrió. Sus manos debieron ser seccionadas, eran demasiado los golpes que sufrieron, estaban totalmente destrozadas, sumado a la infección, tuvieron que retirárselas a pesar de que no había garantía que sobreviviera.

Cuando la encontraron la dieron por muerta, su cuerpo había sido tirado como tributo al olvido y la dejadez, a la tortura de quienes lloraron por su ausencia y la dicha de quien le intentó quitar la vida tan cruelmente. Desgraciadamente comenzaron a aparecer más mujeres muertas, todas encontradas, igualmente, en medio del camino, desnudas y con las mismas contusiones y violentadas de igual forma.

Eso debía acabar.

Al poco tiempo, el rey Jacob, presidió la ceremonia de asunción al trono de Filipo, nuevo rey de Espinar; su segundo hijo, el duque Jacques, se le encargo dar con el asesino y llevarlo ante el conde Lemonie para que sea juzgado, condenado y degollado por sus crimines.

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El Camino al destinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora