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 Despertarse por las mañanas parecía un sueño, del tipo de que te despiertas llena de emociones y te deja pensando el resto del día. Yongguk no era un desconocido, aquel que se había quedado con toda mi atención. El mundo me daba vueltas.

-Parece que te has resfriado.

-No lo creo, quizá es sólo cansancio.

-Te dije que durmieras temprano. No puedes quedarte hasta las tres de la mañana jugando juegos.

-No es eso, lo que sucede es que...

Karen seguía a mi lado, mi trabajo también seguía allí. Nada se había detenido. El verano estaba terminando y los plazos para el proyecto, también. Pronto tendría que volver.

Volver. ¿Sabía Yongguk eso? Y aun así, le había dicho que me quedaría a su lado.

Parecía que no me había dado cuenta de que aquella apreciada rutina, también seguía allí. Asistir a algunas clases en la Universidad, almorzar con Karen y retomar el trabajo después. La muchacha se notaba totalmente involucrada con la investigación, llevando información, traduciendo documentos, todo lo opuesto a lo que sucedía conmigo. Me había dejado llevar por esa coreografía que seguía todos los días, que casi parecía un robot, aceptando todas las propuestas de mi compañera de trabajo, poco interesada en los temas que se discutían en las clases, pensando todo el tiempo en el momento en el que el reloj de pared de la oficina marcara las siete; y cuando sucedía, mis manos por fin comenzaban a moverse pero sólo para acomodar las cosas dentro del bolso y salir disparada hacia una de las esquinas del edificio, en donde un misterioso auto negro me esperaba.

Desde aquel día, Yongguk había resuelto pasar por mí todos los días después del trabajo. Me esperaba sentado dentro del vehículo, mirando a las personas pasar, dejando que sus pensamientos se escapasen junto a los últimos destellos del día. Cuando me veía aparecer, nos dirigíamos a algún café, uno nuevo todos los días. Junto a él, también seguíamos una rutina. Sentarnos, ordenar algo y quedarnos en silencio hasta que a mí se me ocurriera alguna pregunta o él quisiera decirme algo. Horas y horas gastadas de esa manera.

-Ponte esto, va a lucir mejor mañana. Pero por favor, ve a la cama temprano.

-¿Qué es?

-Una crema. Te va a ayudar con esas ojeras.

Karen no sabía que cada noche luego de que Yongguk me dejara en el hotel, iba directo a la cama pero no lograba dormirme. Daba vueltas y vueltas intentando descansar, pero apenas cerraba los ojos, el rostro de Daehyun aparecía ante mí, y la voz de Yongguk resonaba en mis oídos. Todavía dudaba de lo que estaba haciendo, pero aquella noche en que le dije a aquel destrozado hombre que no me iría de su lado, me ataba como una promesa marcada con fuego. Miré el reloj y me di cuenta que el mágico momento había llegado. Estiré mi mano para recibir la crema y poco a poco me fui levantando de la silla.

-Lo siento, necesito irme temprano.

-Como todos los días.

- Sí...

-¿Cuándo me vas a decir qué has estado haciendo?

-No lo sé...lo siento. Pero no te preocupes.

-¿Cómo no hacerlo?

Me dijo, volviendo sus ojos luego, a la pila de papeles sobre el escritorio.

-Hola...

Dije en un tono lleno de emoción que luego se fue desvaneciendo hasta transformarse en un tímido saludo. La radio del auto estaba encendida y un cigarrillo se desmoronaba, transformándose en humo que escapaba por la ventanilla. Los otros días, Yongguk vestía camisetas básicas y jeans, pero esa vez además de aquello tenía gorra y unos lentes oscuros, mientras una máscara cubría la mitad de su cara. El recuerdo de la noche en que nos conocimos dentro de aquel pequeño restaurante, se acercó a mi pecho.

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!