Capítulo 36 (II)

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El reducido grupo llegó a la azotea de Elid para una última despedida, antes de partir. La cantidad de guerreros en Liabiric había disminuido en forma considerable, por lo que los pocos que aún quedaban estaban haciendo turnos dobles, en un afán por proteger la ciudad.

Arriba del palacio solo estaban Anna, Fabián, Theria, Bithër y Yuhëen para despedirlos. Y tanto Stella, como Ardëum y Lumbërt se encontraban ordenando las últimas provisiones que llevarías a las puertas, todo sobre una tarima de gruesa madera oscura que les habían facilitado para la tele transportación.

—Hijos del arco... Gracias por no haber renunciado a su misión... Les aseguro que nuestro mundo está agradecido con ustedes.

La mayoría se limitó a asentir, pero Madison entrecerró los ojos y posó su mirada en Bithër y Anna. Aunque ambas no se llevaban bien, las había reunido unas horas atrás con el objetivo de expresarles sus deseos de devolver a todos a la tierra.

Con sorpresa descubrió que las dos estaban de acuerdo con su petición, y estaban listas para buscar un método que no tuviera que ver con el arco de piedra. Sobre todo porque este se encontraba demasiado cerca del territorio enemigo.

—Chicos. Un aviso antes de que se vayan... —, las palabras de Bithër sorprendieron a la mayoría, aunque la morocha le sonrió con ganas y asintió —. En los tiempos de la emperatriz, las puertas llevaban a una serie se santuarios dedicados a los que se consideraban, los dominios primordiales. Ahora nadie sabe que hay al otro lado de la segunda puerta, pero lo que si les puedo decir es que entre la primera y la otra es un peculiar campo de rosas... Tengan cuidado con ellas.

Más que las palabras, el tono con el que dijo la última frase Bithër hizo que los seis chicos fueran presas de escalofríos.

—Cuídense los unos a los otros, y si pueden, eviten pelear.

—Está bien, Bi. Lo tendremos en cuenta —, Madison se acercó a su mentora y, tras tomar su mano y agitarla con bríos, posó su vista en Anna. La castaña no tardó en atraparla entre sus brazos, estrujándola al tiempo que le susurraba al oído.

—No hagas locuras. Recuerda que no voy a estar hay para protegerte.

—No te preocupes. Voy a estar más ocupada cuidando de ellos que metiéndome en problemas.

—Sí, claro. Es más fácil que nosotros te veamos a ti que tú a nosotros —, dijo Elliot, empujando a la chica para poder despedirse de Anna.

Madison se apartó de los dos y de inmediato se giró para abrazar a un Fabián sonrosado. Theria se sujetó de sus piernas y dijo.

—Adiós, Madison. Vuelvan pronto, y que la gracia de la emperatriz proteja su camino.

La morocha soltó a su amigo y le devolvió el gesto a la pequeña, tomando su mano y dibujando una serie de señales sobre su palma.

Da oba, Theria... Volveremos a salvo.

La niña asintió y se apartó de Madison, tomando la mano de Fabián y acercándolo a donde estaban los otros.

—Adiós, Madison... Mucho cuidado.

La morocha asintió y se acercó a Yuhëen. No sabía cómo despedirse de ella o si se le permitía hacerlo, pero la álfyr le tendió la mano y se la agitó; tal y como había hecho ella con Bithër.

—Hasta luego, pequeña hija de las sombras... Estoy segura de que nos volveremos a ver.

—Así será. Se lo aseguró.

Tras Madison, Elliot se acercó a la guardiana y le tendió la mano, esta se la dio al tiempo que le dedicaba una media sonrisa.

—Mucha suerte en su misión, Elliot.

Este quería responderle que no ocurriría nada malo, pero una imagen se dibujó en su mente a velocidad; al mismo tiempo que un fuerte escalofrió recorría sus hombros. Era Yuhëen, pero se encontraba tirada y una gran mancha de sangre cubría la mayor parte de su pecho.

Sin saber muy bien porque había imaginado eso, el ojiazul apartó su mano y le asintió a la álfyr, mirándose la mano con una ceja en alto.

"¿Qué rayos fue eso?... Ah. Creo que pasar la noche en vela me está cobrando factura".

Cuando terminaron, el grupo subió a la tarima y desde esta seguían despidiéndose de Anna y Fabián, hasta que Ardëum hizo desaparecer las tablas y a sus ocupantes.

—Fabián, ¿Me acompañas a comer?

El chico le dedicó una cálida sonrisa a Theria y asintió. Ambos abandonaron la azotea, dejando a Anna, Bithër y Yuhëen sobre esta.

—Todo salió bien... Ahora ya solo depende de ellos.

La castaña lanzó un bufido y le dedicó una mirada entrecerrada a las dos.

—Más te vale que vuelvan bien, o no seré la única que enfurezca...

Sin más, Anna dio media vuelta y se fue. A solas, Bithër camino un par de pasos hacia Yuhëen y dijo.

—Lartër ha estado enviando mensajes desde la frontera de Liabiric con Nudengor. Pregunta por su hermana y sus cartas son cada vez más exigentes... Además. No es la única que solicita la presencia de Fata. Madla Fallon también desea hablar con ella sobre la suerte de su clan.

Yuhëen bajó la mirada y negó.

—A Lartër no le respondas. Cuando vuelva intentare ponerme en comunicación con Fata... En cuanto a Fallon. Yo me encargare de enviarle un mensaje para calmar su preocupación.

Con esas palabras, la álfyr se apartó de Bithër y entró una vez más a Elid.



—Llegamos, chicos.

Con las bocas entreabiertas y los ojos desorbitados, los seis chicos no podían apartar su mirada de la enorme construcción que se veía desde donde estaban. Aquella puerta no se parecía ninguna que hubieran visto antes. Tal alta que apenas y se distinguía donde terminaba, se componía de un enorme arco dorado, y en donde debería estar la madera se podían distinguir varias ondulaciones en tonos plata; como si un líquido hubiera sido puesto en su lugar.

Más abajo, apenas y se distinguía otro arco.

—Bienvenidos a la antigua frontera de los templos. La puerta Ornu Rin.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!