Capítulo 36

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Ornu Rin


—Pero, ¡¿Por qué no puedo ir con ellos?! Yo puedo ayudar y, si quieren, me quedo con Lumbërt y los otros... ¡No quiero quedarme sin hacer nada!

Fabián no podía creerlo. Todos irían a las puertas, menos él. Y lo peor de todo era que ni Yuhëen ni Shaina querían ceder a su petición. Si antes se sentía un inútil con el poder que le había tocado, en esos momentos estaba a nada de perder los estribos por su falta de habilidades ofensivas.

—Entiende, Fabián. De nada va a servir que vayas, y menos si los demás entraran a las puertas —, Anna intentaba razonar con el chico, pero una parte de ella también estaba furiosa con la decisión. Sobre todo porque ella también quería ir, y no se había permitido —. En el caso de que las sombras u otro enemigo los encuentre, tú poder no va a ser de mucha ayuda para los que se quedan. Tú espada es más corta, incluso que la de Steve, así que nada más podrías defenderte a ti.

—¡No importa! ¡No voy a dejar a mi hermano y a mis amigos solos! ¡Llegamos juntos y así vamos a seguir!, ¡¿Cierto?!

La pregunta del castaño fue recibida por varias muecas, por parte de los otros chicos. Algunos creían que era mejor que Fabián que quedara, y otros sabían que por más que expresaran sus deseos de que los acompañara, había pocas posibilidades de que Yuhëen cambiara de opinión.

La álfyr miraba, impasible desde su ornamentado asiento. No había expresado más opinión desde que le anunciara al grupo que partirían al día siguiente, solo miraba la situación que se estaba desarrollando bajo ella.

—¡Oigan!

—Fabián. Ya sé que quieres ir con nosotros, pero no creo que...

El chico le dedicó una mirada furibunda a su hermano, haciendo que Elliot se callara a media frase. Sabía que cuando se enojaba era mejor no pelear con él, sobre todo por lo fácil que podía perder los estribos.

Por supuesto, los otros también estaba consientes de ese defecto. Todos menos Madison.

—No es posible. Te están dando sus razones para que no vayas, y en vez de estar agradecido porque no vas a poner tu vida en peligro, te pones a pelear con todos como si fuera...

—Las personas que no tienen familia deberían quedarse calladas... Esto no te importa.

—¡Fabián! —, Elliot tomó a su hermano del brazo y tiro de el con violencia, arrancándole un quejido al chico —. Deja de pelear, ¿ok?... ¿Sabes cuantos de nosotros deseamos quedarnos? —, con esa declaración, el ojiazul posó su mirada en Jenn y Robin. —. No te quejes y mejor agradece tu suerte. No vas a poner en peligro tú vida.

Con esas palabras, el moreno lo soltó y salió de la habitación sin ver a nadie más. El castaño se pasó una mano por el brazo que le había apretado su hermano y bajó la mirada.

—Perdón, Madison. No...

La morocha se apoyó sobre su hombro y lo meció.

—Cálmate. Todos estamos nerviosos por mañana, así que no hay problema.

—Bien. Si nadie más tiene algo que decir, les sugiero que se vayan a descansar y ya no piensen en lo que va a pasar. Si alguien necesita relajarse, pueden ir con Shaline para que les prepare una infusión tranquilizante.


Madison entró a su habitación y de inmediato se dejó caer sobre la mullida alfombra del cuarto. Estaba exhausta, pero por fin había llegado el día esperado. No más horas extra de entrenamiento o desvelos, era hora de demostrar de lo que estaban hechos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!