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Cuando Joy estaba suficientemente cerca del moreno, le dio un tierno beso en los labios a modo de saludo. Golden simplemente la saludo mientras Freddy se sonrojaba.

Ese beso... Esos labios... No tenían comparación con los de Fred. Sus labios eran suaves y fríos, pero le gustaba...

-¿Qué pasa, osito?

Osito... Nunca le había gustado ese mote.

-Nada, nada... ¿Qué tal? Oye vamos a llegar tarde a...

-No te preocupes. - Sonrió mirando a la caja con las mejillas rojas. - Bueno, se han cumplido tres meses desde que salimos y... - Joy estiró los brazos con la cabeza gacha. - ¡Toma!

Freddy miró a Golden, que miraba la caja. Él cogió la caja y soltó un simple «gracias». No pesaba mucho, y era un poco grande, tenía curiosidad, ¿qué sería? Pero por otro lado... No quería abrirla, no quería aceptar su regalo... Simplemente las imágenes de la noche anterior inundaron su mente. La había engañado...

Engañado con su hermano.

- Gracias, p-pero yo aún no tengo tu regalo...

Ella sonrió.

- No te preocupes, sé que sigues teniendo la cabeza en las nubes. - Le acarició la mejilla.

Pero no era lo mismo. No se ruborizaba ante aquel simple contacto como lo hacia con Fred. No sentía nada...

El timbre sonó, y Joy aún con la vergüenza le dio otro beso, esta vez en la mejilla para después despedirse y salir corriendo hacia su clase. Freddy no sabia porque, pero no se podía mover. Solo podía observar la caja.

-Eh... Freddy, ¿vienes? - Dijo el rubio intentando mirarle a los ojos mientras apoyaba una mano en su hombro derecho.

- Si... Si.

Los dos se fueron a clase de Literatura. Freddy andaba mirando la caja, y Golden se estaba preocupando. Había notado que estos meses había estado muy raro, muy triste... Siempre iba con una sonrisa falsa puesta en su rostro. Golden no era tonto, y Chica, Bonnie y Foxy tampoco. Le preguntaban, pero siempre contestaba lo mismo: «No es nada, es que últimamente estoy cansado.»

Y ahora, cuando había aparecido Joy, no ha podido aguantarlo más. Algo pasó esa noche en la que quedaron en el karaoke que no quería contar.

Iban a pasar por el pasillo para ir a clase de Literatura, pero Freddy sintió como le agarraban la muñeca y tiraban de él hacia el baño.

-¿Qué haces? ¡Vamos a llegar tarde!

Golden simplemente lo abrazó.

- Sabes que siempre estaremos ahí para ti. Hemos notado que hace meses dejaste de ser feliz...

Freddy abrió los ojos al notar el cálido contacto que le daba su amigo. Freddy se separó de él sonriendo.

- No te preocupes, de verdad. Yo estoy bien... - Miró sus pies.

Golden suspiró, no estaba muy convencido. Freddy lo miró a los ojos y le regaló una sonrisa, después puso la mano en su hombro para volver dar a entender que no tenia que preocuparse por él. Golden por su parte también sonrió forzosamente.

Sin decir nada, fueron a clase de Literatura.

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El timbre sonó. Bien, ya había superado la mañana, ahora un descanso.

Como esta mañana Freddy no había desayunado por razones obvias, se llevó algo de dinero para comprarse un bocadillo de Bacón. Había dejado el regalo de Joy en la taquilla para más seguridad junto con su mochila. Freddy fue a comprar el bocadillo después de esperar una larga cola de alumnos hambrientos.

Sus amigos le esperaban en una esquina. Cuando por fin pudo comprar el bocadillo se fue hacia ellos pegándole un buen bocado.

Juntos se fueron hacia la misma sombra del mismo árbol de siempre. Se pusieron a hablar, Freddy quería hacer lo de siempre: mirar a la nada y pensar. Pero sus amigos seguirían preocupándose, Golden también, y ya le había dicho que estaba bien. Se sentía afortunado por tener los amigos que tenia. Jamás hubiese imaginado que alguien se preocupara tanto por él.

Estuvieron hablando un poco más, y el moreno se terminó su bocadillo. Él timbre sonó, así que todos, de mala gana, se levantaron para volver a clase. Solo dos horas más y serían libres.

Dos largas horas de matemáticas e Inglés.

Freddy y Los Animatrónicos fueron hacia las taquillas y etcétera. Cuando iba a cerrar la taquilla, el moreno tenía demasiada curiosidad de saber que contenía la caja. Siendo el último en las taquillas y sin nadie a su alrededor, levantó un poco la tapa de la caja e intentó observar su interior.

Vió como algo brillaba. Levantó un poco más la tapa hasta poder ver el regalo. Una tela, y encima de ella una bonita pulsera con la cadena plateada. De ella, colgaba un hermoso corazón con algo grabado en el.

«Te quiero, osito

Freddy se quedó de piedra. ¿Cuánto le había costado algo así? No podía aceptarlo, además de que no la quería como quería a Fred.

Pero hay que abrir los ojos. No solo la había engañado, la había engañado con su hermano. ¡Su hermano, joder! Estaba tan ciego que no se había dado cuenta de que había besado a su hermano... Cada día se enamoraba más...

Y eso no era normal.

Fred. ✧ f r e d e d d y ¡Lee esta historia GRATIS!