Cuarto Día: Quedate Conmigo

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Hinata no sabía como él y Kageyama terminaron pasando la noche en aquella cabaña donde Tsukishima solía llevarlo. Ya eran aproximadamente las una de la mañana cuando ambos llegaron a ese lugar.

—Estaremos en serios problemas, Kageyama —el príncipe se volteó a verlo.

—¿Por qué? —preguntó sin saber a lo que se refería.

—¿Cómo que por qué? Si nos llegaran a descubrir sería un problema —Kageyama suspiró. Se acercó a Hinata y envolvió su cintura con sus brazos, sintiendo como este daba un pequeño salto.

—No nos descubrirán... —murmuró, acercándose a los labios de Hinata, pero el pequeño corrió su cara, provocando que el pelinegro frunciera el ceño.

—Mi madre me matará... —el agarré de Kageyama se hizo más fuerte, obligando a que Shoyo apoyara sus manos en su pecho— ¿Q-Qué?

—No lo entiendo... ¿Estás molesto por el beso que te di? A pesar de que parecía que te gustaba... —las mejillas de Hinata se tornaron rojas al recordar el beso que ambos se dieron— ¿No te gusto...?

—Y-Yo N-No dije eso... Es solo que... —no sabía exactamente que decirle. Shoyo nunca se había enamorado. Todo era demasiado nuevo para él. Kageyama era demasiado, demasiado para él. Su forma de ser, su sonrisa, sus ojos, todo.

Una de las manos de Kageyama soltó la cintura de Hinata para dirigirse a su rostro, tomando una de sus mejillas para comenzar a dar leves caricias. Hinata cerró los ojos, disfrutando la calidez de los actos del pelinegro. Tobio no dudó ni un segundo y posó sus labios sobre los del pelinaranja, el cual no opuso resistencia, sólo se dejó hacer. A Shoyo le sorprendía la facilidad con la que sus labios y los de el más alto encajaban con tanta facilidad, como si estuvieran moldeados a sus medidas. Estando así hechos el uno para el otro. Kageyama deslizó su lengua por la cavidad ajena, provocando que un escalofrío recorriera el cuerpo de Hinata, el cual comenzó a jugar con la lengua del contrario. Una oleada de placer lo invadió de repente, provocando que se avergonzara por completo.

—Espera... —murmuró de manera entrecortada al separar sus labios.

—¿Qué sucede? —preguntó el pelinegro arrugando su frente. Le molestó que Hinata hubiera interrumpido el momento.

—¿De verdad me quieres? —la pregunta tomó por sorpresa a Kageyama.

—Sí, te quiero de verdad...

Hinata no lograba pensar con claridad. Su subconsciente le decía que lo que estaba haciendo estaba mal, que si los descubrían sería su fin. Las relaciones entre dos hombres no estaban bien vistas, y si el padre se Kageyama se llegara a enterar. Después de todo, el fue enviado a matarlo. ¿Cómo el pelinegro se podía fiar al cien por ciento de el?. De un momento a otro, Kageyama lo había recostado en la cama que se encontraba en el lugar.

—¡E-Espera! —sintió los labios de Tobio posarse en su cuello, provocando que pequeños escalofríos recorrieran su espalda— N-No...

—¿Hmm? ¿No te gusta? —claro que le gustaba, pero su mente estaba tan confundida que no podía pensar con claridad.

—Ngh... Tobio... —se aferró a las ropas del contrario con fuerza, sintiendo la lengua del pelinegro recorrer todo su cuello— No... Yo no... ¡Ah! —un leve gemido se escapó de sus labios al sentir las manos de Kageyama jugando con sus pezones— ¡N-No! ¡Detente Kageyama! —le dio un leve empujón para que retrocediera.

—Ah... Lo siento... —respondió al ver la cara de tristeza del menor— Me pasé... No debí haber echo eso...

—No lo entiendo... —soltó Hinata de repente.

—¿Eh? —Kageyama lo miró a la cara, ladeando su cabeza.

—¡Dije que no lo entiendo! Estuve a punto de matarte... ¡¿Es que no lo entiendes?! Fui mandado para eso... No para que... ¡No para que te enamoraras de mi! Y... Y yo de ti... —susurró con la cabeza gacha, sintiendo como las lágrimas comenzaban a bajar por sus mejillas.

—Oye... —se acercó a Shoyo y tomó sus mejillas, obligándole a mirarlo— Lo hiciste por una buena razón... ¿No es así?

—Bueno... No te lo he contado, pero... —no siguió hablando, ya que los labios de Kageyama aprisionaron los suyo por unos leves segundos.

—No quiero arruinarnos la noche con éstas cosas... Lo hablaremos mañana, ¿sí? —Hinata terminó asintiendo, acomodándose en la cama mientras que Kageyama se recostaba a su lado.

No lo entendía, de verdad que no. Pero le reconfortaba tener a Kageyama a su lado, era como sentirse en las nubes, y entre asesinarlo y estar en las nubes, escogía estar en las nubes. Sintió como Kageyama los cubría con las sábanas. Involuntariamente se dio la vuelta, quedando frente a frente. Hinata soltó una sonrisa boba, al igual que Kageyama. Pero preguntas como, ¿Cuánto tiempo estaremos aquí? ¿Qué será de nosotros si nos descubren? Rondaban su cabeza. Sintió el brazo de Kageyama rodear su cintura, y su rostro acunandose en el hombro de Hinata.

—Buenas noches... —musitó el pelinegro, a lo que Hinata solo suspiro.

—Buenas noches, Tobio —dijo, sintiendo como el calor se le subía a las mejillas. Pero aún seguía asustado pensando que algo pasaría.

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Tsukishima se encontraba observando al par por la ventana de la cabaña. Los había estado siguiendo desde la mañana, y no podía asimilar como ambos se empezaron a querer después de tampoco tiempo, y siendo los dos hombres.

—Ugh... Qué asco me dan —soltó al aire— Tienes suerte de que mi padre no este, hermanito —se dijo a sí mismo para dirigirse al castillo con paso lento.

¿Cómo es que su padre salía casi todos los días? Simple. Hace algunos días lo escuchó hablando con la familia de los Yoshioka, sí, Hinata se hizo pasar por la hija de los Yoshioka. Eso también tiene explicación, los Yoshioka mandaron una carta informando que la chiquilla no podría asistir a la fiesta de Kageyama, pero el que recibió la carta fue Kei, y lo único que tuvo que hacer fue destruirla. Aparte, los Yoshioka vivían a unos cuantos minutos de ellos, por lo tanto, Kageyama no sospechaba como es que Hinata estaba en un dos por tres a su lado. Y como su padre no suele hablar mucho de cómo resultan las fiestas de sus hijos y esas cosas, no lo descubrieron. Pero el punto es, que los escuchó hablando de tierras, y por supuesto, las tierras son una tentación muy grande para un rey, y eso explicaba su notoria ausencia.

Al llegar al castillo, tocó la puerta y fue recibido por una sirvienta, y para su suerte, era aquella que era más cercana a Tobio.

—Joven Kei, éstas no son horas para llegar. ¿Y su hermano? —preguntó la mujer preocupada.

—Debe andar por ahí con su damisela en peligro —soltó el rubio entornando los ojos para después entrar— dudo que vuelva.

—Pero... ¿Y si esta en peligro? —Kei apretó sus dientes. Era como si todo el mundo se preocupara de Kageyama, pero nunca nadie se preocupaba por el.

—Te preocupas demasiado —el rubio no dijo nada más y subió a su habitación, con una sola idea.

Dejaría que Kageyama y Hinata se divirtieran solo un poco.

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Hola! Perdón por la demora ;-; pero la inspiración siempre tarda en llegar para esta novela. Bueno, eso es todo. Nos leemos

One Week ♦KageHina♦ ¡Lee esta historia GRATIS!