Capitulo 28.

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Trevor le pega al balón con fuerza y éste sale disparado hacia la chica con el apellido <<WILLIAMS>> grabado en su blusa.

Ella lo recibe con un perfecto golpe y lo vuela por encima de la red. Los integrantes de mi equipo se concentran en pasarse uno a uno el balón y lo avientan de vuelta. El equipo de Los Winds hace una perfecta recepción y lo regresan a una velocidad impresionante. El defensa de mi equipo pierde la concentración y el balón sale rebotando fuera de la línea. Con un “Buh”, muchos gritos y algunos aplausos de los visitantes de la Kimel High el primer tiempo termina. Todos los jugadores ya notablemente cansados salen del área y se disponen a aprovechar sus quince minutos de medio tiempo. El gimnasio se llena cada vez más y algunas personas aún buscan asientos libres donde sentarse. 

—Van perdiendo. —se lamenta Roger viendo el marcador arriba en una gran pantalla, el cual marca 8-13 a favor de ellos. —Hubiera sido al revés si tú estuvieras jugando.

—Los Rangers son buenos con o sin mí. —respondo terminando lo último de mi frapuccino. —Sólo necesitan más concentración, se recuperarán.

—Pues que Dios te escuche.

Una canción ruidosa y electrónica aparece en el fondo con una chica de voz fuerte cantando, me parece que es Kesha. Muevo ligeramente mi cabeza al ritmo de la canción y luego hecho un vistazo a todo el gimnasio. Personas normales, porristas, personas normales, porristas.

Agh... no me siento muy identificada aquí. Suspiro y continúo forzando a mi popote a que succione más líquido pero éste se niega. Mi vista se pasea por las gradas de abajo, por el área de juego, por las mesas donde están vendiendo cosas, por las puertas de entrada del gimnasio… oh, no.

Me detengo cuando mis ojos encuentran a Justin parado justo ahí. Está quieto y observa para todos lados como si buscara algo… y no me cabe duda de que es a mí. Va vestido con pantalón blanco y un par de tenis grises, una camiseta a cuadros gris con negro y sus manos están metidas en sus bolsillos. Está perfectamente peinado y… ¿Qué mierda? ¿Dónde están sus moretes? ¡Su cara luce impecable! ¡Él luce tan normal y fresco como siempre! Valla broma, debo estar soñando porque creí verlo ensangrentado y lastimado hace apenas una hora. Mi piel se eriza inevitablemente cuando asimilo que está en perfecto estado.

—Roger, ahora vuelvo. —digo levantándome de mi asiento.

— ¿A dónde vas? —pregunta curioso. 

—Tengo que llamarle a mi padre por algo que recordé. —miento.

Él simplemente asiente y yo lo esquivo, me paso de largo evitando a todas las personas que están sentadas en la hilera y llego hasta las escaleras. Bajo apresuradamente pero teniendo cuidado de no tropezar y pronto me encuentro en el último escalón. Camino hacia la izquierda directo hacia las puertas de entrada del gimnasio y, luego de que esquivé a algunos niños traviesos, llego hasta Justin. 

—Hola, estoy aquí. —digo cuando me paro frente a él. Continúa mirando a todos lados menos a mí y luego habla. 

— ¿Cuatro dólares unos nachos con queso? —pregunta con el ceño fruncido. —En Grand Avenue los venden a dos dólares. ¿Qué le pasa a tu escuela? —dice con tono ofensivo y aún sin mirarme. 

— ¿Hola, hola, hola, soy invisible? —repito, pero sigue ignorándome.

Me molesta tanto así que prácticamente me pego a él y revoloteo varias veces mi mano frente a su cara para hacerle saber que no soy un fantasma. De pronto él atrapa mi muñeca con sus dedos y me sujeta firme. Baja mi brazo y finalmente me mira. Mi piel quema de nuevo… agh.

—Ya sé que estás aquí, Meredith. —dice sin soltar mi muñeca. Mierda… ¿Por qué amo tanto cuando pronuncia mi nombre? —Estabas con el mono de la moto. 

Desde el más allá.¡Lee esta historia GRATIS!