Frida Kahlo

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Mi primer día de clases fue como cualquier otro día de clases común y corriente.

Aunque, claro, exceptuando que me senté en un banco sola y que no conozco a nadie.

Pero las mismas clases estuvieron ahí, aunque están más atrasados que en mi anterior colegio.

Nadie se me acercó como en las películas, libros o series. Casi ni me miraron. Pero de lo único que me quejé fue de la cantidad de imbéciles que vi.

Al terminar las clases totalmente tuve el enorme placer de encontrarme con Asher Servini fumando algo extraño (No quiero saber que es).

Quiero pasar desapercibida, pero parece que tiene ojos en la espalda.

Saca a relucir su sonrisa brillante y diabólica. Viste como esos malotes de la ficción. Y es atractivo como ellos también. Pero es tan cruel como los villanos de Disney.

Bien, no es la mejor comparación del mundo.

- Hey. Tú – Me llama sacándose lo que sea de la boca. Pero sigo caminando con la frente en alto, llegar a casa es lo único que quiero. Rápido – Rubia, hey – Insiste, creo que me persigue. Wow, estoy tan desesperada que hasta dije "llegar a casa". Ya estoy mal – A ti te llamo.

Tiene la osadía de tocarme el brazo, pero inmediatamente me da un escalofrío.

- Lo sé – Le respondo con firmeza.

Camina a mi lado, como si fuéramos amigos. Como si no me hubiera golpeado con una pelota. Como si no le hubiera golpeado en las pelotas.

- Te escapas ¿Eh?

No le respondo. Solo sigo caminando.

- Si, te escapas. ¿Eso es lo que haces normalmente?

- ¿Qué cosa?

- Ya sabes. Llegar a un nuevo lugar. Seducir a los chicos. Y patearlos.

Parece muy divertido, lo dice todo con una sonrisa. La sonrisa que está comenzando a molestarme de una forma increíble.

- Si, así funciona. No me gusta alguien. Lo seduzco. Lo pateo. Y lo abandono. Tienes pinta de hacerle algo parecido a la gente.

¿De verdad lo admití? Asher es moreno, alto, con los ojos oscuros como la noche. Pero me parece tan cretino que se le quita lo atractivo.

- No me conoces – Me dice, sin quitar la sonrisa y negando con la cabeza.

- ¿Cómo estás tan seguro de eso? Eres igual que todos los rebeldes que conozco.

- ¿Sí? ¿De dónde los conoces? ¿Películas?

- Hay más chicos como tú – Lo miro con desprecio – Se propagan como un virus.

Se queda así. Sonriendo. Quieto. Mirándome de arriba abajo. Juzgándome.

- ¿Y qué crees que le hago a la gente?

- Tengo la impresión que te gusta una chica. La seduces. Tienes sexo con ella y luego la abandonas.

Se queda mirándome un segundo.

No puedo creer que le esté diciendo esto a un chico. Mis padres dirían que soy una desubicada total. Además de que es peligroso.

- Similar a lo que tú haces ¿Verdad? Seducir y abandonar. Soy víctima de eso. Pero por lo menos, las chicas con las que estoy saben que es solo una noche.

- No crees en el amor ¿Verdad?

- ¿Cuándo cambiamos el tema de conversación?

- Ya sabes, si las tienes por una noche, significa que no amas a nadie. No crees en el amor.

- Espera un segundo. ¿Eres psicóloga ahora? ¿Y qué te importa si no creo en el amor? ¿Tenía ilusiones?

No, aún no sé qué estoy haciendo. ¿Por qué hablo con él?

Tengo que llegar rápido a casa.

- El silencio habla – Aún me sigue. Espero que no hasta mi casa - ¿Cómo te llamas?

¿Se lo digo? Pensé que investigaría a la chica que lo pateó.

- Frida – Digo con la voz dura ¿Qué pasaría si descubriera que le tengo algo de miedo? – Ya sé tu nombre, asique...

- Claro que conoces mi nombre ¿Quién no?

Dios mío. No puedo soportar otro segundo más. Estoy cansada de todo esto. De la mudanza. De este pueblo. De este chico.

- Adiós – Digo sin mirar atrás, dejándolo parado en la vereda.

- Hey. ¿Alguna vez pensaste en depilarte las cejas? Frida Kahlo.

¿Cómo se atreve este imbécil? Trato de llegar lo más rápido que puedo a mi casa.


Bad boy (En edición)¡Lee esta historia GRATIS!