Capitulo 8.-

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—Bieber —comenzó a decirle con una sonrisa—. ¿Con qué frecuencia participas en una conversación con más de tres oraciones completas?
—Me gusta noviembre. En noviembre suelo hablar mucho. Es un mes de transición en el que me pongo filosófico.
—Parece que tienes cierto sentido del humor escondido en algún lugar —se recostó sobre el respaldo de la silla y suspiró con satisfacción—. ¿Postre?
—Desde luego.
—Muy bien, pero no pidas tiramisú porque entonces tendré que suplicarte que me des un poco, luego otro poco y acabaré en coma.
Sin apartar los ojos de ella, levantó la mano para llamar al camarero con la autoridad de un hombre que estuviera acostumbrado a dar órdenes. __(tn) frunció el ceño.
—Tiramisú —le dijo al camarero—. Con dos tenedores—. Quiero ver si un coma podría hacerte callar.
__(tn) tuvo que hacer un esfuerzo para dejar de reírse.
—No creo, hablo incluso en sueños. Mi hermana siempre me amenazaba con ponerme una almohada en la cara.
—Creo que me gustaría esa hermana tuya.
—Adria es guapísima... probablemente sea tu tipo. Elegante, sofisticada y muy inteligente. Tiene una galería de arte en Portsmith.
justin repartió las últimas gotas de vino entre las dos copas. Seguramente eso explicaba por qué se sentía más relajado de lo que se había sentido desde hacía semanas, o meses. Quizá incluso años.
—¿Vas a emparejarme con ella?
—Puede que le gustaras —consideró __(tn) observándolo detenidamente por encima del borde de la copa—. Eres bastante guapo a pesar de tu estilo arrogante y hosco. Tocas música, lo que seguramente resultara muy atractivo para alguien que aprecia tanto el arte. Y eres demasiado desagradable como para tratarla como si fuera de la realeza, como hacen muchos hombres.
—¿De verdad?
—Es tan guapa, que no pueden evitarlo. Lo peor es que a ella le molesta que se queden atontados por su aspecto y acaba dejándolos. Seguramente te rompería el corazón —añadió con un movimiento de la mano—. Claro que quizá eso te viniera bien.
—Yo no tengo corazón —dijo él cuando el camarero les llevó el postre—. Pensé que ya te habrías dado cuenta.
—Claro que lo tienes —con un gesto de rendición, __(tn) aceptó uno de los tenedores y probó el tiramisú, lo que la hizo suspirar de placer—. Lo que ocurre es que lo tienes encerrado bajo una gruesa armadura para que nadie pueda volver a hacerte daño. Dios, ¿no te parece que está delicioso? Por favor, no me dejes que coma más, sólo este último bocado.
Pero justinla miraba fijamente, sorprendido de que aquella pequeña lunática lo hubiese analizado de manera tan certera cuando otros que decían amarlo no habían conseguido ni aproximarse.
—¿Por qué dices eso?
—¿El qué? ¿No te he dicho que no me dejes comer más? ¿Es que eres un sádico?
—Olvídalo —decidió dejar el tema y retiró el plato del tiramisú para dejarlo fuera de su alcance—. Es mío —y se dispuso a comer lo que quedaba.
Sólo tuvo que amenazarla una vez con el tenedor para que no volviera a intentar comer.
—Lo he pasado muy bien —dijo __(tn) cuando volvían caminando hacia el edificio. Se había agarrado a su brazo—. Ha sido mucho más divertido que pasarse la noche entera tratando de que Johnny no me meta la mano bajo la falda.
Por algún motivo, la idea le resultó tremendamente irritante.
—No llevas falda.
—Claro, porque no estaba segura de poder escapar de la cita con Johnny y decidí poner en marcha un sistema de defensa.
Lo cierto era que los pantalones anchos de color azafrán que llevaba resultaban mucho más sexys que defensivos.
—¿Y por qué no tumbas a Johnny igual que hiciste la otra noche con el atracador?
—Porque la señora Wolinsky lo adora y no podría decirle que su adorado sobrino es como un pulpo.
—Me parece que te dejas mangonear con mucha facilidad.
—No es cierto.
—¿No? —preguntó justin espontáneamente, antes de darse cuenta de que se estaba metiendo de lleno en su juego—. ¿Entonces por qué dejas que tu amiga Joanie...
—Jody.
—Bueno... Jody te mete en la encerrona de tener que salir con su primo, la señora de abajo con su sobrino y Dios sabe cuántos amigos más tendrás con parientes insoportables. Y tú te dejas llevar porque eres incapaz de negarte.
—Lo hacen con buena intención.
—Se están entrometiendo en tu vida, da igual con qué intención lo hagan.
—No sé —dijo con un suspiro y se quedó pensativa unos segundos—. Mira mi abuelo, por ejemplo. Bueno, en realidad no es mi abuelo, es el suegro de la hermana de mi padre, Shelby. Y mi madre es prima de las respectivas parejas de sus dos hijos. Es un poco complicado.
—Sí que lo es, sí.
—Lo sé, pero ésa es la relación que hay entre Daniel y Anna MacGregor y mis padres. Mi tía Shelby se casó con su hijo, Alan MacGregor, a lo mejor has oído hablar de él. Solía vivir en la Casa Blanca.
—El nombre me suena.
—Y mi madre, Genviéve Grandeau es prima de martin y Diana Blade, los dos hermanos que se casaron con Serena y Caine, los otros dos hijos de Daniel y Anna. Por eso Daniel y Anna son como mis abuelos. ¿Me sigues?
—Perfectamente, pero ya se me ha olvidado por qué has empezado a contarme todo eso.
—A mí también —dijo riéndose y, al hacerlo, se tambaleó un poco y tuvo que agarrarse a él con más fuerza—. Creo que he bebido demasiado vino —explicó—. A ver... ¡Ya me acuerdo! Estábamos hablando de entrometerse en las vidas de otros, un ejercicio en el que mi abuelo, Daniel MacGregor, es el verdadero rey. Como casamentero no tiene rival. Te lo prometo, bieber, ese hombre es una especie de mago. Tengo... —hizo una pausa para contar con los dedos—. Creo que ya son siete los primos a los que ha conseguido casar. Es increíble.
—¿Cómo que los ha casado?
—No me preguntes cómo lo hace, pero siempre encuentra la persona perfecta, después deja que la naturaleza actúe y, antes de que se den cuenta, empiezan a sonar campanas de boda. Acabo de enterarme de que mi primo Ian y su esposa están esperando su primer hijo. Se casaron el otoño pasado.
—¿Y nadie le dice que se meta en sus asuntos?
—Claro que se lo dicen, constantemente. Pero él no hace ni caso. Supongo que pronto se encargará de Adria o de mi hermano Matthew.
—¿Y de ti?
—Creo que soy demasiado hábil para él. Conozco todos sus trucos y no tengo intención de enamorarme. ¿Y tú? ¿Has pasado por eso alguna vez?
—¿Si he pasado por qué?
—Por el amor, bieber, no seas obtuso.
—No creo que me interese.
—Pero seguro que lo habrá algún día —vaticinó con gesto pensativo.
De pronto se detuvo en seco.
—Maldita sea —protestó—. Es el coche de Johnny. Parece que ha venido de Nueva Jersey. Maldita sea. Bueno, tengo un plan —se volvió a mirarlo y cerró los ojos un segundo—. No debería haberme tomado la última copa.
—Eso parece, niña.
—Haz el favor de no llamarme «niña» para sentirte superior y guardar las distancias. Bueno, no importa. Lo que vamos a hacer es seguir caminando un poco más hasta que estemos justo enfrente de la ventana de la señora Wolinsky. Con mucha naturalidad, ¿de acuerdo?
—Es difícil, pero intentaré hacerlo.
—Me encanta ese sarcasmo tuyo. Escucha, cuando estemos delante de su ventana, nos detendremos porque seguro que estará mirando y enseguida se moverán las cortinas. Tú me avisas.
La idea le parecía inofensiva y lo cierto era que empezaba a gustarle que __(tn) se agarrase a su brazo. Se volvió a mirar hacia la ventana con disimulo.
—Ahí está.
—Ahora tienes que besarme.
—Ah, ¿sí?
—Y vas a tener que hacerlo bien para que la señora Wolinsky se dé cuenta de que Johnny no tiene nada que hacer. Te pagaré otros cincuenta dólares.
justin se pasó la lengua por los labios. __(tn) tenía la mirada lánguida y estaba tan hermosa como un capullo de rosa.
—Vas a darme cincuenta dólares por besarte.
—Es un extra. Quizá así consiga que Johnny vuelva a Nueva Jersey para siempre. Piensa que estás encima de un escenario. No significa nada. ¿Sigue mirando?
—Sí —pero ni siquiera se giró a comprobarlo.
—Estupendo. Hazlo bien. Que parezca romántico. Rodéame con tus brazos y luego inclínate hacia...
-__(tn) l, sé cómo besar a una mujer.
—Claro. No pretendía ofenderte. Sólo quiero que salga bien para que...
justin decidió que la mejor manera de hacerla callar era hacerlo de una vez por todas. No la rodeó con los brazos, la agarró por la cintura y la atrajo hacia sí con fuerza. Vio cómo sus enormes ojos verdes se abrían de la sorpresa antes de que sus bocas se unieran y las palabras se secaran en su garganta.
Tenía razón, pensó __(tn) . Sabía muy bien cómo besar a una mujer. Vaya si lo sabía.
Tuvo que agarrarse a sus hombros y ponerse de puntillas.
No pudo evitar soltar un leve gemido.
La cabeza le daba vueltas y el corazón se le subió a la garganta. De pronto se sintió indefensa, perdida y temblorosa. El calor invadió su cuerpo.
Su beso era tan apasionado, tan ardiente, que sólo pudo dejarse llevar.
Era como en el sueño, pensó justin. Pero mejor, mucho mejor. El sabor de sus labios era único, en sus sueños no la había sentido temblar de ese modo y no había sumergido las manos en su cabello de ese modo mientras gemía de placer.
La apartó sólo un poco para ver si se le habían sonrojado las mejillas como le había pasado a él. Ella lo miró sin decir nada, pero sin soltarse de él.
—Éste corre de mi cuenta —murmuró antes de besarla de nuevo.
Se oyó la bocina de un coche, alguien maldijo y se oyó también una ventana cerrarse después de que un coche pasara junto a ellos, pero __(tn) no se enteró de nada de eso. Era como si estuvieran en una isla desierta con el mar mojándoles los pies.
Cuando la apartó por segunda vez, lo hizo muy despacio, movió las manos de un modo que casi pareció una caricia. Eso le dio tiempo a __(tn) para hacer que la cabeza dejara de darle vueltas.
justin habría deseado seguir besándola, devorarla. Deseaba sentir esa energía suya debajo de su cuerpo, abriéndose a él. Pero tenía la completa certeza de que después ambos se sentirían mal.
Así que la agarró por los hombros y la miró.
—Creo que con eso será suficiente.
—¿Suficiente? —repitió ella.
—Para convencer a la señora Wolinsky.
—¿La señora Wolinsky? —meneó la cabeza para recuperar la claridad mental—. Ah, sí, sí —respiró hondo y esperó poder actuar con normalidad en las próximas horas—. Si no se convence con esto, no se convencerá con nada. Besas de maravilla, bieber.
En sus labios apareció una sonrisa que no pudo controlar. Esa mujer era prácticamente irresistible.
—Tú tampoco lo haces nada mal, niña.

Mientras trabajaba, __(tn) cantaba a dúo con Aretha Franklin. A su espalda, la brisa fresca de abril se colaba por la ventana abierta.
El día estaba tan radiante como su estado de ánimo.
Se volvió a mirarse al espejo e intentó poner cara de sorpresa para después poder plasmar esa misma expresión en el rostro de un personaje. Pero lo único que podía hacer era sonreír. Aquél no había sido su primer beso. La habían besado otros hombres y la habían abrazado. Pero comparar aquellos besos con lo sucedido el día anterior con su vecino de enfrente era como comparar un petardo con un ataque nuclear. Uno silbaba, explotaba y durante un momento resultaba entretenido. El otro estallaba y con ello cambiaba el paisaje durante siglos.
A ella la había dejado increíblemente atolondrada durante horas. Le encantaba sentirse así. ¿Había algo más maravilloso que sentirse débil y fuerte, tonta y sabia, confundida y alerta, todo al mismo tiempo?
Lo único que tenía que hacer era cerrar los ojos y dejar que su mente volviera de nuevo a aquel momento.
Se preguntaba qué pensaría él, qué sentiría. Nadie podría quedar impertérrito después de una experiencia de tal... magnitud. Él había estado junto a ella en el epicentro de aquel terremoto. Ningún hombre podía besar a una mujer de ese modo y no sufrir algún tipo de efecto secundario.
Volvió a cantar junto a Aretha y se centró de nuevo en el trabajo.
—¡Dios, __(tn) , aquí hace muchísimo frío!
—Hola, Jody —saludó con alegría a su amiga al levantar la vista del papel—. Hola, pequeño Charlie.
El pequeño sonrió desde los brazos de su madre.
—No hace tanto calor como para sentarse frente a la ventana abierta —protestó al tiempo que cerraba.
—Tenía calor —explicó __(tn) mientras acariciaba al pequeño—. ¿No te parece un milagro que los hombres empiecen así? Después crecen y se convierten en... otra cosa.
—Sí —Jody frunció el ceño y observó a su amiga—. ¿Estás bien? —le puso la mano en la frente—. No tienes fiebre. Saca la lengua.
__(tn) l obedeció.
—No estoy enferma. Estoy perfectamente.
Jody volvió a observarla sin el menor convencimiento.
—Voy a acostar a Charlie y después voy a preparar un café para que me cuentes qué está pasando.
—Muy bien —volvió a dejarse llevar por la ensoñación y comenzó a dibujar corazoncitos rojos sobre el papel.
Como le resultaba divertido, los hizo cada vez más grandes y después esbozó el rostro dejustin dentro de uno de ellos.
Tenía un bonito rostro. Boca firme, ojos fríos y rasgos marcados. Unos rasgos que se endulzaban ligeramente cuando sonreía. Y sus ojos dejaban de ser fríos cuando se reía.
Le gustaba hacerle reír; siempre le parecía que tenía poca práctica. En eso podría ayudarlo. Después de todo, uno de sus pequeños talentos era hacer reír a la gente.
Además, una vez lo hubiese ayudado a conseguir un empleo estable, ya no tendría tanto de lo que preocuparse.
Le encontraría trabajo, se aseguraría de que comía bien y estaba segura de que podría encontrar a alguien que quisiera deshacerse de un sofá viejo. Eso le haría sentir mejor. Pero eso no era entrometerse en su vida como hacía el abuelo; no, ella sólo estaría ayudando a un vecino.
A un vecino increíblemente sexy, cuyos besos eran capaces de llevar a una mujer al paraíso.
Pero no era ése el motivo por el que iba a ayudarlo. También había ayudado al señor Puebles a encontrar un buen pedicuro.
Sólo se comportaba como una buena vecina, pero si con ello obtenía otros beneficios, ¿qué tenía de malo?

Jody observó a su pequeño hasta que se le cerraron los ojitos y fue a preparar café. En la cocina de__(tn) se movía con tanta libertad como en la suya propia. Lo cierto era que en los últimos años, __(tn) y ella estaban tan unidas como dos hermanas, quizá más, corrigió Jody. Sus dos hermanas siempre estaban presumiendo de sus maridos, de sus casas y de sus hijos... pero Jody pensaba que cualquiera pensaría que su Chuck y su Charlie eran mucho mejores que los maridos y los hijos de cualquiera de ellas dos.
A diferencia de sus hermanas, __(tn) la escuchaba y había estado a su lado en el duro momento en el que había decidido dejar su trabajo para cuidar de Charlie. También había sido __(tn) la que había estado ahí en los primeros días del niño, cuando Chuck y ella se aterraban cada vez que el bebé hacía el más leve ruido.
No había una amiga mejor en el mundo. Por eso era por lo que Jody estaba empeñada en ayudarla a ser tan feliz como lo era ella.
Subió la bandeja con los cafés al estudio.
—Gracias, Jody —le dijo __(tn) cuando le dio su taza.
—La tira de esta mañana es genial. No puedo creer que Emily se enfundara una gabardina y un sombrero para seguir a don Misterioso por todo el Soho.
—Es una chica muy impulsiva —respondió __(tn) , que se había acostumbrado a hablar de Emily y del resto de personajes como si fueran personas reales—. Y también muy curiosa. Tenía que averiguar algo más de él.
—¿Y tú? ¿Te has enterado de algo relacionado con nuestro don Misterioso?
—Sí —respondió con un suspiro—. Se apellida bieber.
—Lo he oído —dijo Jody, automáticamente alerta—. Has suspirado.
—No, sólo he respirado hondo.
—De eso nada, has suspirado. ¿Qué quiere decir eso?
—Bueno, la verdad es que —se moría de ganas de contárselo—... anoche salimos juntos.
—¿Salisteis juntos? ¿Quieres decir que tuvisteis una cita? —Jody acercó una silla y se sentó junto a ella—. ¿Dónde, cómo, cuándo? Quiero detalles, __(tn) .
—Está bien —__(tn) se giró para mirar de frente a su amiga—. Ya sabes que la señora Wolinsky está empeñada en emparejarme con su sobrino.
—¿Aún sigue con eso? —preguntó Jody con un resoplido de incomprensión—. ¿Cómo es posible que no se dé cuenta de que no tenéis nada que ver el uno con el otro?
El tremendo cariño que sentía por Jody hizo que __(tn) no le dijera que la señora Wolinsky no se daba cuenta de ello por el mismo motivo por el que ella no veía los defectos de su querido primo Frank.
—Ella lo adora. El caso es que anoche me había preparado otra cita con él y a mí no me apetecía nada. Tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie, sobre todo a la señora Wolinsky.
—A Chuck, sí.
—Los maridos quedan excluidos del voto de silencio, al menos en este caso. Bueno, le dije que ya tenía otra cita... con bieber.
—¿Tenías una cita con 3B?
—No, sólo se lo dije porque me pilló desprevenida y ya sabes que cuando miento me pongo a tartamudear.
—Deberías practicar más —opinó antes de darle un mordisco a uno de los bollitos que había subido con el café.
—Puede ser. Bueno, después de decírselo me di cuenta de que estaría mirando por la ventana para vernos salir juntos. Tenía que hacer un trato con bieber, así que le ofrecí cien dólares y le invité a cenar.
—Le pagaste —dijo Jody con los ojos abiertos de par en par—. Es genial. Jamás se me ocurrió pagar a un hombre para que saliera conmigo, ni siquiera en ese periodo de sequía que sufrí en el segundo año de universidad. ¿Y por qué cien dólares? ¿Acaso es la tarifa habitual?
—No lo sé, simplemente me pareció que estaba bien. bieber no tiene trabajo estable, así que pensé que le vendría bien el dinero y una cena caliente gratis. La verdad es que lo pasamos bien —en sus labios se dibujó una sonrisa—. Muy bien. Sólo comimos y charlamos... bueno, sobre todo hablé yo porque bieberno dice mucho.
—bieber —repitió Jody—. Sigue sonando muy misterioso. ¿No sabes su nombre?
—No se me ocurrió preguntárselo. Pero calla, que aún queda lo mejor. Veníamos caminando hacia casa y él parecía mucho más relajado, cuando vi el coche de Johnny Wolinsky y me entró el pánico. Pensé que la señora Wolinsky no iba a dejar de intentar encasquetármelo a menos que creyera que estaba con otro, así que le ofrecí otro trato a bieber; cincuenta dólares más a cambio de un beso.
Jody apretó los labios unos segundos.
—Pensé que eso habría estado incluido en el precio inicial.
—No, ya habíamos detallado las condiciones y además no había tiempo para negociar. La señora Wolinsky estaba mirando por la ventana, así que bieber me besó allí mismo, en la calle.
—¡Vaya! —Jody había dejado de comer y la miraba sin parpadear—. ¿Cómo fue? ¿Cómo te agarró?
—Más bien tiró de mí hacia sí.
—Dios. Me encanta cuando hacen eso.
—Me quedé pegada a él y de puntillas porque es muy alto.
—Sí que lo es —murmuró como si estuviera imaginando la escena—. Y muy fuerte.
—No puedes hacerte a la idea, Jody. Ese hombre es como una roca.
—Dios mío —dijo cerrando los ojos—. Bueno, estabas pegada a él, ¿y luego?
—Luego se inclinó sobre mí.
—Así fue como Chuck y yo acabamos en mi apartamento en nuestra sexta cita. Ningún tío puede dejar de besarte cuando hace eso.
—Pues bieberlo hizo. Se detuvo y me miró fijamente.
—Madre mía.
—Y luego volvió a besarme otra vez.
—¿Te besó dos veces? —parecía a punto de echarse a llorar de la emoción.
—Fue... ¡increíble! —confesó __(tn) dejando que su amiga le agarrara la mano—. No sabes cómo besa.
—Dios, creo que voy a abrir la ventana porque empiezo a tener calor —se levantó a abrir—. Pero sigue.
—Fue como si me devorara. No sé qué me pasó... —ni sabía cómo describirlo—. La cabeza me daba vueltas.
—Explícate mejor, __(tn) , porque me tienes en ascuas —le pidió con impaciencia—. A ver, en una escala del uno al diez, ¿qué puntuación le darías?
—No, Jody, se sale de la escala.
Su amiga la miró fijamente.
—Eso es un mito.
—Te prometo que existe —aseguró __(tn) con total seriedad—. Tengo pruebas irrefutables.
—Por el amor de Dios. Tengo que sentarme — lo hizo sin apartar la mirada de ella—. Un beso que se sale de la escala. Yo te creo, __(tn) . Muchas no lo harían, pero yo sí.
—Sabía que podía contar contigo.
—Sabes lo que eso significa, ¿verdad? Ahora no te valdrá nada, ni siquiera un beso digno de un diez. Siempre buscarás otro que se salga de la escala.
—Ya lo había pensado —afirmó __(tn) con gesto pensativo—. Creo que se puede vivir perfectamente con besos de siete a diez, incluso después de una experiencia como ésta. Una puede ir a la luna, Jody, y visitar brevemente otros mundos, pero después tiene que volver a la tierra y seguir viviendo.
—Tienes razón —murmuró Jody, visiblemente emocionada—. Y eres muy valiente.
—Gracias. Claro que —comenzó a decir con una malévola sonrisa en los labios—... tampoco tiene nada de malo llamar de vez en cuando a su puerta.

La Vecina Perfecta. Justin Bieber. Adaptada. TERMINADA.¡Lee esta historia GRATIS!