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Pen Your Pride

Capítulo 6.-

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Cuando las escenas se le agolpaban en la cabeza, ___(tn) podía trabajar sin parar hasta que se le agarrotaban los dedos y ya no podía sujetar el lápiz o el pincel.
Al día siguiente se alimentó de galletas y de refrescos sin azúcar con los que fingía compensar la ingestión de calorías. Sobre el papel, Emily y su amiga Cari, que en los últimos dos años había ido adquiriendo muchas de las cualidades de Jody, ideaban el plan perfecto para desvelar los secretos de don Misterioso.
Su nombre iba a ser «bieber», pero eso sería después de unas cuantas entregas de misterio.
Durante tres días apenas se levantó de la mesa de dibujo. Jody tenía llave, por lo que no tenía que levantarse a abrirle la puerta cada vez que iba a visitarla. Y era ella la que bajaba a abrir también cuando la señora Wolinsky o cualquier otro vecino pasaban a verla.
La tercera tarde había gente suficiente en su apartamento como para celebrar una fiesta, pero ___(tn) seguía coloreando la tira especial del domingo.
Alguien había puesto música y el ruido de las risas y de la conversación subía por la escalera hasta el estudio acompañado de un agradable olor a palomitas. Mientras se preguntaba si alguien se dignaría a llevarle algo de comer, ____8tn) observó su trabajo.
Era cierto que no tenía la agudeza de su padre, reconoció, ni el genio de su madre. Pero también era cierto que tenía «cierto talento». Dibujaba con mano rápida y firme y también pintaba bastante bien si estaba de humor. El cómic le proporcionaba el espacio perfecto en el que plasmar la sociedad tal y como ella la veía.
Quizá no profundizara en los asuntos más delicados, ni analizara la política con visión sarcástica, pero su trabajo hacía reír a la gente, les hacía compañía mientras se tomaban el café a toda prisa antes de ir al trabajo o mientras desayunaban plácidamente el domingo por la mañana.
Pero lo más importante, pensó mientras ponía su nombre bajo la última viñeta, lo más importante era que la hacía feliz a ella.
Si bieber pensaba que su comentario la había ofendido, estaba muy equivocado. Estaba más que satisfecha con su «cierto talento».
Cuando sonó el teléfono, ___(tn)respondió con voz alegre, pues estaba satisfecha con el intenso trabajo que había llevado a cabo en los últimos tres días.
—Eso es lo que yo llamo una muchacha jovial.
—¡Abuelo! Es que estoy contenta y ahora que estoy hablando contigo, mucho más.
Técnicamente, Daniel MacGregor no era su abuelo, pero eso nunca había impedido que ambos se consideraran abuelo y nieta respectivamente. El amor no entendía de ese tipo de tecnicidades.
—¿Entonces por qué no nos has llamado a tu abuela o a mí? Ya sabes cuánto le preocupa que vivas sola en esa enorme ciudad.
—¿Sola? —Levantó el auricular para que pudiera oír los sonidos de la fiesta que se desarrollaba a sólo unos peldaños de distancia—. La verdad es que nunca me siento sola.
—¿Otra vez tienes la casa llena de gente?
—Eso parece. ¿Qué tal estás? ¿Qué tal está todo el mundo? Cuéntame.
___(tn) se recostó en el respaldo de la silla y escuchó cómodamente el relato de su abuelo sobre la familia y se alegró enormemente cuando le dijo que estaban preparando una pequeña reunión para el verano.
—Qué bien. Estoy deseando ver a todo el mundo. Hace ya mucho de la boda de Ian y Naomi y os echo de menos.
—No tienes por qué esperar hasta el verano. Estamos aquí siempre que quieras.
—Puede que os dé una sorpresa.
—En realidad yo llamaba para darte una. Supongo que no te habrás enterado de que Naomi está embarazada. En Navidades tendremos otro niño en la familia.
—Abuelo, es estupendo. Los llamaré esta misma noche para felicitarlos. Darcy y Mac están a punto de tener el suyo, así que estas Navidades vamos a tener muchos bebés a los que mimar.
—Con lo que te gustan los niños deberías estar ocupada teniendo alguno propio.
Estaba tan acostumbrada a escuchar ese tipo de cosas, que la hizo sonreír.
—Mis primos están haciendo tan buen trabajo.
—Desde luego, pero eso no significa que tú puedas dejar de lado tu obligación. Puede que seas una Campbell, pero llevas a los MacGregor en el corazón.
—Bueno, supongo que siempre podría rendirme y casarme con Frank.
—¿El de la boca de pez?
—No es la boca, es que besa como un pez, aunque... sí, el de la boca de pez. Podríamos darte unos cuantos mocosos.
—Tonterías. Necesitas un hombre, no una trucha con traje italiano. Alguien que tenga algo más en la cabeza que dinero, que entienda de arte y que sea lo bastante serio como para alejarte de los problemas.
—Ya me alejo de los problemas yo sola —le recordó y decidió no mencionar el incidente ocurrido con el atracador—. Además, como la abuela se quedó contigo, es mejor que viva aquí, en la gran ciudad.
Daniel MacGregor soltó una sonora carcajada.
—Con todos los hombres que hay en esa ciudad, deberías ser capaz de encontrar alguno que te guste. Sueles salir, ¿verdad? Espero que no te pases todo el día encerrada con tus dibujos.
—Sólo últimamente, pero es que tenía que aprovechar la inspiración. Hay un vecino nuevo en el edificio, un tipo hosco y distante... No, seamos sinceros, es maleducado y brusco. Creo que no tiene trabajo aunque a veces toca el saxo en un pequeño club que hay a pocas manzanas de aquí. Es el vecino perfecto para Emily.
—¿De verdad?
—Se pasa el día en su apartamento y no habla con nadie. Se llama bieber.
—Pero si no habla con nadie, ¿cómo es que sabes su nombre?
—Abuelo —se permitió una sonrisa engreída—. ¿Alguna vez se me ha resistido alguien? No me contó su vida precisamente, pero con unas cuantas galletas conseguí que al menos me dijera su nombre.
—¿Y qué tal aspecto tiene?
—Es guapo, muy guapo. Emily se va a volver loca por él.
—¡Vaya, vaya! —exclamó Daniel con una carcajada de deleite.
Una vez hubo conseguido toda la información que necesitaba de su nieta adoptiva, Daniel hizo una nueva llamada. Sonrió con malicia cuando justin contestó con voz impaciente.
—¿Sí?
—Es usted tan dulce, bieber, que se me alegra el corazón con sólo oírlo.
—Señor MacGregor —la voz del escocés le cambió el humor de golpe y le hizo sonreír.
—¿Qué tal se adapta a su nuevo apartamento?
—Bastante bien. Le agradezco de nuevo que me haya dejado utilizarlo mientras mi casa está en obras. Con toda esa gente a mi alrededor, no habría podido trabajar —frunció el ceño al mirar a la pared por la que le llegaba el ruido de la casa de al lado—. Claro que esto tampoco está resultando muy tranquilo precisamente. Parece que mi vecina está celebrando algo.
—¿::tn)? Es mi nieta, una muchacha muy sociable.
—Desde luego. No sabía que fuera su nieta.
—Bueno, algo parecido. Debería relajarse un poco y unirse a la fiesta.
—No, gracias —antes prefería tomarse una copa de detergente—. Debe de tener en su apartamento a la mitad de los habitantes del barrio. Señor MacGregor, este edificio suyo está lleno de gente a la que le gusta más hablar que comer. Y su nieta parece la cabecilla del grupo.
—Es una chica muy cordial. Me tranquiliza saber que durante un tiempo vivirá cerca de ella. Usted es un tipo sensato, bieber. De hecho, me gustaría pedirle que le echara un ojo de vez en cuando. ___(tn) a veces es un poco ingenua y eso me preocupa.
justin sonrió cuando le vino a la cabeza la imagen de ___(tn) tumbando a aquel atracador con la precisión de un boxeador.
—Yo que usted no me preocuparía.
—Ahora que sé que usted está cerca, no lo haré. Una chica tan guapa como __(tn)... porque es muy guapa, ¿no le parece?
—Mucho.
—También es muy lista. Y responsable, aunque parezca algo alocada. Pero no se puede ser alocada y crear una tira cómica tan popular todos los días, ¿no cree? Hay que ser creativa, artística y muy responsable para entregar el trabajo a tiempo día tras día. Eso usted lo sabe mejor que nadie porque escribir obras de teatro no debe de ser nada fácil.
—No —justin se frotó los ojos, estaba cansado de pelearse con un trabajo que no estaba yendo tan bien como debería—. No lo es.
—Pero usted tiene mucho talento, bieber, un talento muy poco usual. Yo lo admiro por eso.
—Últimamente me parece una maldición más que un talento. Pero se lo agradezco.
—Debería salir y distraerse un poco. Salga con alguna chica guapa. Yo no sé mucho de escribir, aunque tengo dos nietos que se ganan la vida muy bien gracias a eso. Debería aprovechar al máximo la ciudad antes de volver a encerrarse en su casa.
—Puede que lo haga.
—Ah,justin, hágame el favor de no decirle a ___(tn) que le he pedido que cuide de ella. Esas cosas le molestan mucho. El problema es que su abuela se preocupa mucho por ella.
—No le diré nada —prometió justin.
Después de la conversación con Daniel MacGregor, justin llegó a la conclusión de que el ruido acabaría por volverlo loco, por lo que decidió salir a tocar al club, pero descubrió que aquel día la música no conseguía alejarlo de sus pensamientos.
No dejaba de imaginar a ___(tn)l sentada en la mesa del fondo, con la barbilla apoyada en las manos, una sonrisa en los labios y los ojos llenos de brillo. Aquella mujer había invadido una zona que justin protegía bien y eso era algo que no le hacía ninguna gracia.
Delta's era una de sus vías de escape. A menudo viajaba desde Connecticut sólo para subirse al escenario con André y tocar hasta que la tensión desaparecía, diluida en la música. Después volvía a casa o se quedaba a dormir en el sofá que había en el despacho del local.
Allí nadie le molestaba, ni le exigía más de lo que él quería dar.
Sin embargo, ahora que __(tn)había estado allí, no dejaba de mirar a la mesa que había ocupado y de preguntarse si volvería a hacerlo. A mirarlo con sus enormes ojos verdes.
—Amigo —le dijo André después de dar un largo trago del vaso de agua que tenía sobre su querido piano—. Hoy no sólo tocas blues, llevas dentro hasta la nota más triste.
—Sí, eso parece.
—Cuando un hombre tiene la cara que tienes tú ahora, suele haber una mujer implicada.
justin negó con la cabeza y se volvió a llevar el saxo a los labios.
—No. No se trata de ninguna mujer, es por el trabajo.
André asintió sin estar demasiado convencido.
—Sí tú lo dices, hermano.

La Vecina Perfecta. Justin Bieber. Adaptada. TERMINADA.¡Lee esta historia GRATIS!