kiss my ass, Servini!!

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(Frida)

Acabo de llegar de una ciudad lujosa, a un pueblucho en medio de la nada.

No me digan, no me digan...

Cliché.

Sí, bueno. Pero estas historias existen. Y si no fuera por mis alegres y trabajadores padres yo no estaría aquí.

Recién comienza mi vida, y ya es un estrés cuidarme sola. Y no es como si tuviera amigos o parientes en este lugar.

No. No hay absolutamente nadie.

Es más, mi padre encontró este lugar mientras iba sin rumbo por la ruta.

Vinimos en auto meses más tarde, para ver cómo era. Y al final decidieron que sería un perfecto lugar para vivir.

Ni siquiera importa si tienen que viajar lejos para ir a trabajar.

Ni que dejara a mis amigos.

No.

Ahora tengo que estar en un nuevo colegio.

Con nueva gente.

Y hacer nuevos amigos.

Un nuevo comienzo, como dice mi madre.

Pero no quiero uno nuevo, quiero mi vida de regreso.

Admito que tiene su encanto.

Siempre amé los pueblos, porque me dan tranquilidad, y siento que son más seguros. Y pasan cosas grandiosas en los puebluchos de las novelas.

Pero preferiría no tener amigos en mi antigua ciudad. No haber dejado a nadie. No tener que empezar de nuevo.

Pienso que debería haber nacido en este lugar, y ahorrarme la instalación.

Además, me contaron que en los puebluchos todos se enteran más rápido de la información.

Soy expertos en chismeríos. Y yo los odio.

Ya deben saber todos acerca de los nuevos habitantes.

No creo que yo llame mucho la atención.

No soy como mis padres.

Los elegantes y perfectos Norrison.

Eleanor Paris Norrison. Rubia y alta como poste. Elegante y amable. Feliz y preciosa. Siempre que la vez te da la sensación de que es frágil como el hielo, pero es tan fuerte como un toro.

Alexander Daniel Norrison. Alto y ancho. Como una heladera. Con las manos enormes que podrían romper piedras. Con los ojos marrones como el chocolate, y el pelo color avellana.

Ambos son gentiles, elegantes, y hermosos.

Todos pensarían que engendrarían a la mismísima Afrodita.

Pero estoy lejos de serla.

No soy la chica más bonita.

Soy delgada y sin gracia, pequeña, con el pelo rubio cenizo lacio clavo y largo, ojos aburridos, labios finos.

No hay nada que decir de mí.

 Una tabla por todos lados.

 Y no es de sorprenderse el hecho que nunca he tenido novio.

 El colegio es enorme en comparación con... todo el resto del pueblo.

Y eso es raro, porque hay muchísimos alumnos, y el pueblo es muy pequeño.

Es el edificio más grande de todos, con dos pisos de ladrillo, un patio precioso en donde se hacen deportes, una lugar lleno de mesas que podría ser cafetería, claro, si tuviera comida. Hay que llevar nuestra comida de nuestras casas.

En el medio del patio de mi nuevo colegio veo como juegan los deportistas. Gorilas enormes, corpulentos, sudorosos.

Y nunca faltan las putas, obvio. Toqueteadas por todos lados.

 Nunca dejaría que alguien me tocara así ¡Por dios pero si estamos en un colegio! ¡Hay niños de primero aquí!

 Acabo de llegar y ya escuché un par de rumores de un estudiante.

Asher. Ya tiene nombre de delincuente.

Dicen que le disparó a dos hombres. Y que salió como si nada, porque es menor de edad. Aunque no le falta mucho para dejar de serlo.

Servini. El apellido de la maldad.

No puedo creer que tipos como él se salgan con la suya.

Disparar no es un juego. Pudo acabar con la vida de dos personas.

¿Quién sabe cuántas personas habrá matado ya?

 Pero es menor de edad. Y dicen que estaba drogado.

Y que todos le tienen miedo.

 Curiosamente lo veo en el patio. Cuando patea una pelota de futbol tan lejos que me da justo en la cabeza.

                - ¡Mierda! - Grito apenas me golpea.

Entonces aparece ante mí. Con los hombros erguidos, las manos dentro de los bolsillos del jean roto, una remera blanca amoldada perfectamente a su cuerpo, el pelo marrón oscuro revuelto, los ojos negros mirándome fijamente.

Y la sonrisa, blanca y haciéndose presente como si fuera la mejor de la mejor. Como si pudiera provocar algo en todo el mundo. Como si pensara que puede dominarme con ella.

 - Hey – Se agacha un poco, como si le estuviera hablando a un niño -  Estas en terreno de juego, si te quitas tal vez la próxima no te dé - Dice agarrando la pelota de mierda. Seguramente tiene mi sangre ahí.

                -  ¡Eres un idiota! – Grito con furia.

Ahora sé que es peor de lo que pensaba. Encima de asesino, imbécil.

                -  Tranquila, pequeña – Me vuelve a hablar como si tuviera cinco. ¿Qué mierda...?

 - ¿Como que pequeña? ¡Tengo Dieciséis años! – Exploto. Todo el mundo nos está mirando. Las putas no le quitan los ojos de encima a Asher. Y para lo único que me miran es para señalarme y susurrar cosas.

Que oigo, obviamente. Porque nadie es discreto.

 -  Tranquila, solo quise decir pequeña de estatura - Sonríe y siento repulsión.

Además, su presencia me da arcadas. Tal vez es por el olor a sudor que tiene encima. O la sensación de la sangre en sus manos.

-          No me digas pequeña, imbécil. Me debes una disculpa.

 Me cruzo de brazos esperando una. Pero nunca llega.

Resignada, lo miro con desprecio.

Muchas veces he tenido que lidiar con este tipo de chicos.

No es un buen tipo, es un chico de mierda. Que quiere hacer lo que le da la gana.

-  No me hagas perder tiempo, pequeña – Vuelve a decir el muy hijo de puta - Solo quiero patear la pelota.

Él también parece irritado, por primera vez.

Entonces se me ocurre algo.

                - ¿Quieres patear la pelota? – Le pregunto inocentemente. Asiente – Oh, perdón. ¿Te ayudo? – Entonces levanto la pierna y le doy una patada en SUS pelotas. Se retuerce de dolor frente a todo el mundo, que se queda estático. Como si se hubiera detenido el tiempo - Listo ¡Besa mi trasero, Servini! - Y me voy.

Lejos empiezo a correr. No quiero que me persiga o algo así.

Y me golpee.

O algo peor.

Como decía...

Conozco a los chicos como Asher. Él no es un ángel.

No es un chico bueno.

No es un chico amable. Ni tierno. Ni agradable. Ni confiable.

Es un chico malo.

Bad boy (En edición)¡Lee esta historia GRATIS!