Me quedé pensando por unos minutos, hasta que mi estómago me dio avisos de que necesitaba comida urgentemente, así que no dudé en complacer sus peticiones, pero primero debía de pensar que podía cocinarme.

— ¡Sería genial: un arroz frito, huevos revueltos con tocino y una cerveza! —dije mientras se me caía la baba de sólo imaginarme el delicioso platillo que me iba a cocinar.

Así que busqué en el mueble de la cocina, un sartén en el disco de la cocina, encendí el disco y le puse un poco de aceite, luego me dediqué a picar unas cuantas especias, a la vez que sacaba de la olla arrocera el arroz que ya estaba cocinado desde el día anterior.

Empecé a freír los olores y las especias, para luego verter el arroz en el sartén. Mientras tanto pensaba en Ángela.

Recordé cuando una vez dijo delante de todos: «Los chicos que cocinan son sensuales». Me ruboricé al pensar qué sentiría ella si se enteraba de eso. Probablemente me dijera « ¡Felicidades duende!» y como mucho, un abrazo y un beso en la mejilla. Aunque pensándolo bien, ella ya no me besaría ni siquiera en la mejilla, por lo que pasó hace unos días.

Gemí, deseando en ese momento que cayera quizás un avión encima de mí y me aplastara de una vez.

¿Nunca les ha pasado que quisieran desaparecer?

Pues eso sentía en ese momento.

Para mí era duro aceptar la realidad.

Para Ángela solamente era su amigo, su hermano. Nunca me vería de otra manera.

Odiaba el hecho de tener un corazón y siempre confundir una simple sonrisa o mirada de Ángela creyendo que eran por mí.

Seguí cocinando tratando de pensar en lo que estaba haciendo.

Pensar en Ángela me debilitaba demasiado. Ella era la única que me daba felicidad en un momento en el que imaginaba una situación donde esté junto a ella y una inmensa tristeza cuando me entero de la realidad.

De inmediato, la melodía de otra canción me hizo salirme de mis pensamientos. Pero estaba tan absorto en ellos que no encontré mi celular a la mano. Busqué en mis bolsillos, solamente escuchaba la melodía, pero no sentía que este vibrara en mis bolsillos.

Rebuscando por todos lados, vi la pantalla iluminarse por última vez encima del mostrador de la cocina. Me moví rápido hacia él, pero la llamaba estaba perdida.

— ¡Diablos!—exclamé enojado cuando vi de quién había perdido la llamada. Era de Ángela.

« ¡Un momento!», dije sorprendido para mis adentros mirando la pantalla de mi celular.

Me había llamado Ángela.

¿Pero porqué sería?

Sin pensármelo más decidí devolver la llamada.

— ¿Hola? —Contestó su hermosa voz— ¿Niall?

—Sí—dije algo ansioso y nervioso. Esperé que no lo hubiera notado.

— ¿Qué sucede?—preguntó despreocupada.

—Acabo de recibir una llamada de parte tuya ¿Todo bien?

— ¡Oh!—exclamó ella—. Lo siento. Debí de haber presionado tu número sin querer—dijo atropelladamente. ¿Estaba nerviosa?

— ¡Oh!—dije desconcertado—. Está bien, no te preocupes, princesa.

— ¿Princesa?—preguntó ella extrañada. ¡Oh no! La llamé como la he llamado siempre secretamente. Suelo llamarla por su nombre pero solamente en mis sueños con ella la llamo princesa.

—Aaah, sí—dije nervioso y atropellé las palabras para cambiar de tema—. Bueno, Ángela, que descanses.

—Bueno—dijo ella en tono seco—. Hasta mañana, Nialler.

—Hasta mañana.

Eso fue raro.

Jamás pensé que Ángela se pusiera nerviosa porque la llamara. Y menos por preguntarle porqué me había llamado, mucho menos cuando la llamé princesa.

¡Ya sé!

Era mi mente jugando de nuevo conmigo, digo mejor aclarando, mi corazón.

Gruñí para mí.

Estaba harto de siempre sentir esa sensación de vacío.

Estaba harto de soñar con Ángela cosas que seguramente nunca pasarían.

— ¿Por qué?—me dije a mí mismo dejando el celular encima del desayunador otra vez. Suspiré dándome por vencido. Era un completo perdedor.

Escuché un pequeño chasquido que hizo llamar mi atención. Miré a la cocina y me encontré con la peor sorpresa.

— ¡NO!—grité al recordar que había dejado en el sartén friendo arroz y a muy alta temperatura. Estaba prácticamente corroído por el calor del sartén al rojo vivo.

Como era muy torpe, sin darme cuenta tomé el mango del sartén y lo puse en otro disco con tal de que no siguiera quemándose.

— ¡Demonios!

Lo apagué para evitar más problemas, pero ya era tarde. El disco estaba tan caliente que las orillas de este que son de aluminio comenzaban a ponerse de un color marrón. El sartén y el disco de la cocina estaban echando humo.

También había quemado la poca comida que quedaba.

Me llevé las manos a la cabeza, pasé los dedos por mi cabello jalando las puntas hacia atrás con frustración.

Gruñé unas cuantas veces más mientras meneaba la cabeza. Sin advertirlo levanté la mirada para ver la horrible escena de mi comida quemada. Noté que el sartén estaba parcialmente quemado, de hecho el hule del mango del mismo estaba derretido.

¿Yo tomé el mango del sartén en ese estado?

Miré mi mano y estaba como si no le hubiera pasado nada. De hecho, ni me había dolido nada.

Si tomas un mango de un sartén prácticamente derretido por el calor que emana un disco de la cocina, te quemarías.

Pensé que quizás había sido la adrenalina del momento lo que me exceptuó de una terrible quemada en la palma de la mano.

Sin más, tomé un pañito y me puse a limpiar la cocina, para luego comenzar de nuevo a cocinar algo, pero ahora con más cuidado.





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¡Hola! 

Bueno, ya seguí la novela, pero siento que este capítulo fue algo corto. 

El próximo no sé como me saldrá. 

Como ven, la historia tiene muchas intrigas.... ¿Porqué Ángela lo llamó así de la nada? ¿Realmente se esquivocó? 

En fin, pobre Niall, es tan re tierno *.* 

Espero que les haya gustado este capítulo, lo seguré lo más pronto posible :) 

Pasense por mis otras novelas, ¿Sí? 

Gracias :) 

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