Junto a la rutina, todo lo que me rodea se vuelve en costumbre, y junto a ello se junta los momentos de vergüenza, las mejillas sonrosadas y los totales silencios.

Y el único causante de todo lo recién citado: es aquel pelirrojo.

Desde que el llego me siento repentinamente bien, alegre. Contrario a la anterior Michelle, la que no sonreía.  

Es algo totalmente inexplicable

 Las hojas de los arboles iban cayendo día tras día, volando con el frio viento a lugares desconocidos.

Pronto llegaría el invierno y la nieve cubriría la tierra.

Hasta que todo sea blanco y celestial.

El frio se hacía más intenso cada vez que el invierno se acercaba, pero hacia ya un mes que el frio dentro de mí, se había desvanecido.  

—McClane, no puedo creer que hayas hecho eso. —sacudí la cabeza, totalmente en desacuerdo con el pelirrojo.

Las voces de los alumnos junto a los gritos del profesor llenaban el campo de juego, mientras que mis compañeros se peleaban unos contra otros en una partida de rugby, yo me encontraba sentada en las gradas junto a Stephane, mi mejor amigo.

Enrolle mis brazos a mí alrededor, intentando entrar en calor cuando una brisa fría azotó mi cuerpo. Stephane está sentado a mi lado, con su cabello rojo alborotado, cada vez que veía su pelo me asombraba de lo impresionante de su color, mientras que yo tenía el pelo negro, tan común.

—Bueno, sí pero al final me arrepentí. Hice muchas cosas en Escocia, muchas cosas malas. —dice lo ultimo con voz sombría y yo solo lo miro con desaprobación.

—Eres todo un chico malo. ¿Debería juntarme contigo?

—Claro, ahora soy inofensivo.

 Lo mire y sonreí, ya había pasado un mes desde la llegada de Stephane y ya lo denominaría como mi mejor amigo, claro después de Emma, quizás fuera poco tiempo pero hay algo en mí que me obliga a confiar en él, mientras que hay otra parte que lo quiere alejado de mí, no se pelear contra mis instintos y mis instintos positivos hacia el son más fuertes.

— ¿Tienes frio? —pregunto Stephane.

Sacudí la cabeza. —Solo un poco— respondí.

Mire hacia mis compañeros jugando, era impresionante que con esos uniformes no tengan frio.

Algo protege mis hombros, veo hacia arriba y es el poniéndome su abrigo, le dedico una sonrisa mientras me abrigo con su chaqueta.

—No debías…

—Claro que sí, que pensarían de mi si dejara a una linda chica morir de frio. —me dedico su más esplendida sonrisa.

Pude sentir mis mejillas arder, y agradecí a que el frio ya había enrojecido lo suficiente mi rostro como para que él se dé cuenta.

—Gracias.

—No hay de que, princesa.

—Ya sabes que no me gusta ese apodo. —lo rete.

—Pero a mí me gusta, te queda bien.

Bufe.

—Si tú lo dices.

La hora de educación física paso rápido después de eso, siguiéndole la última clase del día, que era Historia.

— ¡Cállense! —exclamo el profesor con exaspero. —Harán grupo con su compañero de al lado para el trabajo, es mi última palabra.

Alma Guerrera - Sin Editar¡Lee esta historia GRATIS!