El hombre del puñal de bronce.

10 0 0

Recuerdo esa noche como si fuese esta. Era el año 1930, en Londres, Inglaterra.

 Mi padre era un hombre muy importante en la sociedad europea, y como todo hombre poderoso realizo un festín; es el día de hoy que me acuerdo de esa noche y el corazón me palpita tan fuerte que hasta se me pone la piel de gallina.

 Me estaba preparando para la gran fiesta de mi padre, recuerdo que subió Emily, mi nana, para informarme que aun faltaban 03.30 hs para el comienzo del festín. Estaba casi lista, solo me faltaban mis tacos de punta, de color claro que combinaban con mi vestido de la época, pero decidí no ponérmelos hasta que sea la hora de salir de mi alcoba para bajar a la fiesta.

 Me recosté en mi cama para poder leer un buen libro de Shakespie, había un silencio muy particular en esa habitación, era único, podía hundirme en el. Apagué la luz y deje el libro a un costado de la cama. Estaba sola, a oscuras y con mucho silencio; tanto que me asustaba, pero decidí quedarme así. Me hundía en mis propios sentimientos, cada vez mas y mas.

Flores negras crecían del marcos de la ventana, comencé  a escuchar ruidos de tambores que venían del pueblo; el ruido se acercaba con más intensidad, de golpe hubo un extremo silencio de nuevo.

 La puerta de mi alcoba se abrió; una sombra de un hombre se iba metiendo a mi cuarto. Mi corazón palpitaba tanto que parecía que se iba a salir de mi cuerpo.

El hombre caminaba hacia ami con una vela en su mano izquierda y en la otra un puñal de bronce. Recuerdo que comencé a gritar , pero mi voz se iba debilitando con el miedo. El caminó hacia mí con más rapidez, deposito la vela en un candelabro. Le mire la cara más detalladamente, era de tez negra y tenía la mitad de la cara quemada. Se me acerco al oído y me dijo – No te hare daño alguno- y dejo el puñal de bronce en mi mesa de noche.

 No podía expresar ninguna palabra, lo miraba y me imaginaba como se pudo quemar la mitad de su rostro. Me acaricio la cara con las yemas de su mano, era muy delicado como para llevar un puñal. Sus labios se acercaron a mi frente y se apoyaron en ella, me quedo boquiabierta. Solo pude expresar un frase de enojo – ¿Que estás haciendo y quien eres tú?- aunque tengo que admitir que me gusto esa suavidad.

 Me respondió con una voz muy suave, relajada y gruesa, -¿Que tu no me recuerdas? ¡Has soñado conmigo cuando duermes más de una vez!- En ese preciso momento no entendía nada de nada, pero su rostro se me hacia familiar. El hombre se acomodo en mi cama y me había agarrado la mano. Nos quedamos así por un buen rato, mirando los detalles del techo de mi alcoba. Otra vez volvió haber un silencio muy profundo, estaba muy tranquila con él al lado mío. En el silencio se la escuchaba a Emily gritando mi nombre por todo el palacio, las flores negras que habían crecido del marco desaparecían lentamente al igual que el hombre del puñal de bronce. En la cama quede solo yo.

 Emily entro gritando – ANAAAAAASTACIA, AQUÍ ESTAS, ¡DESPIERTA POR FAVOR! ¡¡YA EMPEZO LA FIESTA Y SOLO FALTAS TUUUU!!

Abrí los ojos lentamente, y lo primero que hice fue mirar mi mesa de noche. Ahí estaba apoyado el puñal de bronce, me había dado cuenta que me había quedado dormida. Pero es el día de hoy que yo estoy segura que todo esto lo viví, fue demasiado real. Y sigo sin encontrar razón alguna como llego ese puñal a mi alcoba. 

El hombre del puñal de bronce.¡Lee esta historia GRATIS!