La observación.

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PRÓLOGO.

Desde que la vio, ese día tan especial, en aquel parque tan vulgar, no la dejaba de admirar.

Soñaba despierto con la posibilidad de tenerla cerca, la deseaba, con todas las fuerzas del mundo y ese era su anhelo… poder sentirla, tan cerca como si fuera uno.

Se preguntó a qué olería ella, si eso sería tan perfecto como todo lo demás que él veía.

Se preguntó una y mil cosas, pero siempre, terminaban en respuestas como “debe ser perfecto”.

Él sentía que la amaba, le obsesionaba tan solo pensar en algo con relación a ella.

No importaba qué hubiera en sus pensamientos, ella… era ella, inexplicablemente increíble.

La primera vez que la vio, fue un miércoles, nublado y gris. Pero él lo recordaba como un día inigualable y soleado.

Hoy, la veía distinta, calculaba cada movimiento. Contemplaba sus ojos, verdes y profundo como esmeraldas. Observaba su cabello, un fuego en máximo esplendor, único.

Nunca dejó de mirar sus labios, rojos, que hacían juego con su pelo. Y mientras pasaba una brisa cálida cerca de ella, dejaba ver, esos dientes perfectos, blancos como ningunos, cuadrados a la perfección.

Pensó en acercarse a ella, después de observarla durante cinco meses, pero no, ella era la mismísima belleza… era imposible tocarla.

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