Bad boy

30.6K 969 6


(Asher)

La escena ante mis ojos podría hacerme gritar, sin embargo me quedo estático. Quieto como una piedra, con la sensación de que es un sueño, de que no es real.

Pero lo es. Muy real.

Tanto que me duelen las heridas de una forma exagerada, sin embargo, no grito ni un poco.

Jack no grita, y eso que le disparan varias veces cerca de los brazos y la cabeza.

Pero no hay problema para él: Ya está acostumbrado.

Teniendo un hermano como él debería haberlo hecho yo también. Pero no es así.

Debería estar en el partido de futbol.

No.

Debería estar ayudando a Jaqueline.

O peor aún...

Debería estar ayudando a mi madre.

Pero he vuelto a lo mismo. Mi hermano me ha vuelto a controlar.

Y no es por el hecho de que es mayor que yo, sino porque siempre le he tenido miedo.

A Jack y sus puños. Sus patadas. Sus insultos. Sus armas.

No, no.

No debería sentir tanto miedo.

He escapado antes de la muerte. No es como si fuera la primera vez que sostengo un arma de fuego en mis manos.

Aunque sí la primera vez que oprimo el gatillo.

Veo al hombre frente a mí. Se nota que tengo miedo.

Él puede notarlo, por lo menos.

Y Jack.

Y yo.

Al mismo tiempo que él aprieta el gatillo yo hago lo mismo.

 Lo esquivo. Pero él no tiene tanta suerte.

 Escupe sangre, y no sé exactamente donde le he dado, porque cierro los ojos al instante.

 La acera fría lo recibe cuando cae de rodillas, y luego todo su cuerpo descansa sobre el pavimento.

Las sirenas suenan, y las escucho a pesar del zumbido en mis oídos.

Supongo que los vecinos  escucharon los disparos.

 Miro a Jack, que no parece sorprendido en absoluto.

 De pronto todo se pone en cámara lenta, como una película.

Otra vez tengo la sensación que nada es real. Como esos sueños en los que corres lentamente, mientras te persiguen.

                - ¡Corre! - Grita Jack; pero, a diferencia de mí, no parece tener miedo. O estar nervioso. O sentir el corazón contra el pecho. Es más; parece divertido con la situación.

 Mientras él corre, casi dando saltitos, por poco; yo me quedo mirando el cuerpo de mi oponente.

No sé si está muerto, pero lo parece.

Por favor, que no esté muerto.

 Las sirenas de una patrulla suenan de fondo haciendo eco en mi cabeza. Aunque sigo escuchando el zumbido, y estoy en cámara lenta.

 La policía está a unos metros de mí, y mi cabeza da vueltas.

Todo está borroso, pero no necesito vista para darme cuenta de algo: Jack me abandonó.

 - ¡Baja el arma! - Grita uno.

 Es cuando me pregunto si tengo el arma en la mano. No recuerdo haberla subido de nuevo, ni apuntar a los policías.

Aunque tampoco recuerdo haberla bajado después de dispararle al hombre.

 Y sin darme cuenta aprieto el gatillo, sin pensar.

Como un instinto.

Vaya instinto.

Entonces pienso en otra cosa, algo peor que en mi instinto de mierda:

Adiós policía.

 Hasta que siento un dolor en el brazo y otro en la pierna, no me doy cuenta de que me han disparado.

 Inmediatamente bajo la cabeza y veo dos orificios de bala.

 Observo a los oficiales, que corren hacia a mí, como si fueran leones hambrientos, y yo su presa indefensa.

Lo soy.

 Caigo en el suelo y siento que me arrastran.

 Y no siento mas nada. Ni dolor. Ni miedo.

Nada por horas.

Hasta, incluso, creo que lloro un poco. Pero no me doy cuenta hasta que despierto.

 Cuando mis ojos se acostumbran a la luz me doy cuenta de que estoy en el hospital, que huele a remedio, y que hay flores marchitas a mi lado.

 Oigo al doctor hablar con mi madre, que lo mira preocupada.

Lo sé porque su frente se arruga cuando se preocupa, y así es como la tiene.

 Los ojos se le llenan de lágrimas y tiene una mano en el pecho.

Es una mujer sensible. Y vive algo lejos.

Le duele que sus dos hijos hombres se metan en problemas todo el tiempo.

Cuando la veo, que es poco tiempo, me acuerdo automáticamente de Jaqueline.

Son exactamente iguales.

También Jack es una versión de mi madre.

Una versión masculina y demasiado delgada de mi madre.

Yo soy el único que se parece a mi padre.

Desde el pelo hasta la punta de los pies. Los gestos y los gustos en ciertas cosas.

Luego de un par de minutos, acaban de hablar. Ella se acerca y acaricia mi pelo como cuando  era niño.

Pero no se dejen engañar, no es un gesto de cariño. No cuando la vena de su cuello está hinchada.

 - No te arrestaron porque eres menor de edad. Pero casi cumples los dieciocho, Asher. Tienes que tener cuidado. La siguiente vez no te voy a salvar ¿Escuchaste?

                - Si mamá -Digo de mala gana. Tengo diecisiete, pero no soy un niño. No necesito reprimendas.

 - Y no te quiero volver a ver con un arma. Fue una muy mala idea dejar que tu hermano entrara en casa. No te quiero ver con él nunca más. – Lágrimas se escapan de sus brillantes ojos azules – Deja de una vez por todas la droga, los cigarrillos, el alcohol. Olvida las fiestas, Asher. No quiero más peleas ¿Entendido?

La miro por medio segundo y luego finjo que duermo. Pero ella sigue hablando, sollozando aún enfadada.

-          Solo  quiero lo mejor para ti, Asher. Por favor. No quiero ser la mala.

Le hago caso a mi madre, solo un poco.

Es cierto, ella quiere lo mejor para mí.

Y para Jaqueline.

Y para Jack.

Jack. El ex hijo favorito.

Desde que cumplió los veintiún años se ha vuelto un salvaje.

No quiero seguirle, pero ¿Qué puedo hacer? Siempre me ha intimidado. Siempre me ha amenazado.

Siempre me ha desafiado, y nunca me he atrevido a hacer nada.

Me las pagarás.

Bad boy¡Lee esta historia GRATIS!