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Lilly se talló la cara con fuerza. No podía creer que había estado a punto de revivir a miss perfecta de hielo. Si no hubiera sido por sus amigos, en ese momento sería una completa abusadora. Como hace un año.

No quería volver a vivir algo así. Aun le perseguían las lágrimas de Viridiana por las noches, y a pesar de la cantidad de charlas que tuvo con el psicólogo, ya nada era como antes. Había perdido a una gran amiga, y todo por su miedo a ser rechazada... Igual que cuando su padre las abandono.

"No. Deja de recordar esas cosas y piensa en lo bueno, solo en lo bueno... Olvídalo. Eso ya es pasado."

Con un fuerte movimiento de su cabeza, la castaña intentó sacar de su mente todo aquello que le estaba afectando. Miss perfecta de hielo no había salido a la luz, así que todavía tenía una oportunidad de olvidar a la muchacha que hace un año había sido.

—Un momento, ¿Ustedes están diciendo que Lilliana fue una abusadora en su primer año de secundaria?... Eso si no se los creo. Esa mujer tiene de abusadora lo que yo tengo de chica buena —. Monse tenía la boca torcida y parecía estar a unas cuantas palabras de reírse.

—No, Monse. No estás entendiendo bien las cosas... No es que ella fuera una abusadora. Más bien, ella era algo muy parecido a lo que es Erika. Se metía con la gente que ella le decía, y por lo que se, esta le inventaba que hablaban mal de ella.

—No entiendo, ¿Por qué lo hacía? Ella no se ve que sea de las personas que disfrutan molestando a los demás, o por lo menos no a propósito —, la vocecita de Sonia sonó tan fuera de lugar, sobre todo porque se encontraba rodeada de un montón de gigantes. Al ser la más pequeña, siempre parecía estar fuera de lugar. — Más bien, por lo que dices, siento que Erika la manipulaba para que atacara a esas personas.

—Sí. Yo también creo lo mismo... Claro que no era un ataque como tal el que lanzaba Lilly, o por lo menos yo nunca la vi golpeando a alguien.

—Ni yo —, dijo Ignacio. — Todo lo que hacía, lo hacía con la boca.

—¿Con la boca?

—Quiere decir que atacaba verbalmente a la gente, Monse —, dijo Antonio, torciendo la boca al tiempo que casi se unían sus cejas en una línea recta. — Los insultaba. Se burlaba de ellos.

—Algo así. Sí —, la voz de Graciela salió casi tan baja como la de Sonia. Los gestos de su amigo eran demasiado fríos en esos momentos, como para pasarlos por alto. — Así fue como Lilly se gano ese apodo. Le tenían miedo a su boca y a aquella chica tan cruel que se mostraba. En ese entonces, ella actuaba super correcta; parecía una muñeca de porcelana toda...

—Perfecta —, terminó la frase Sonia.

—Sí. Había rumores que quienes se metían con ella terminaban hartos de la escuela y se salían, por eso les pregunte si era la misma de la que había escuchado hablar —, la voz de Iván atrajo la atención de todos. El muchacho había estado callado todo ese tiempo.

Al mencionar ese asunto, tanto Graciela como Ignacio se voltearon a ver. El chico fue el encargado de develar ese asunto.

—Es cierto. Una de sus víctimas se fue de la escuela. Eso fue unos días antes de que Lilly se alejara de Erika, y comenzara a juntarse solo con Mimí.

—Cierto. La pobre chica estaba siendo molestada todo el tiempo, al grado que un día una de las amigas de Erika; Sandra, me parece, la acorralo en el baño y le quito el suéter y los calcetines, para meterlos en la taza del baño. La pobre se quedó horas atrapada en uno de los cubículos, recuerdo que cuando la sacaron tenía los ojos bien hinchados y no paraba de gritarle a Lilly que eso era su culpa.

"...Tú las ayudaste. Preferiste hacerle caso a ella, que escucharme... Te odio."

Las palabras de Viridiana resonaron en su cabeza, como si en ese momento las hubiera pronunciado. Aquello asustó a Lilly e hizo que diera un salto en su lugar. Tras voltear un par de veces, se llevó las manos a la frente y dijo.

—Tranquila. No pasa nada... Ella no está aquí.

—¿Con quién rayos estás hablando? —, desde afuera, la voz de Erika se burló de la castaña. — ¿Por fin te volviste loca, o qué?

—Lárgate y déjame en paz.

—Wow. Valientes palabras las tuyas, Lilliana, sobre todo después de estarme amenazando como loca. Todavía no puedo creer que no te hayan sacado de la escuela, por estar abusando de la gente... Tú sí que eres una manzana podrida.

Irritada por sus palabras, Lilly se secó la cara y salió. Lista para enfrentar a la molesta muchacha.

—¿Te puedes callar? ¡Deja de estarme molestando, o...!

—¿O qué, señorita Quintero?

Afuera la estaban esperando Erika, el profesor Sánchez y la señorita Gutiérrez. Esa última era la secretaria del director.

Con un fuerte jadeó, Lilly tomó aire y pensó.

"Demonios. Otra vez no."

—Rayos, ¿En verdad le hicieron eso a la pobre chica?

—Sí —, dijo Graciela a media voz. — Yo estuve ahí cuando su mamá vino por ella y se la llevo. La pobre estaba temblando y su madre parecía una olla a punto de explotar; yo creo que ya poco le faltaba para gritar.

—¿Y todo eso por Lilly?... No puedo creer que ella haya provocado eso —, dijo Sonia bajando la cabeza.

—No lo provoco ella sola.

Desde la puerta, Mimí se encontraba viendo al grupo con tristeza. La muchacha entró al lugar y continúo hablando.

—Es cierto que Lilly no es la mejor persona del mundo, pero ella ha hecho lo posible por cambiar y alejarse de los errores que ha estado cometiendo.

—¿Y tú como estas tan segura? Le dejaste de hablar desde hace varios meses —, dijo Monse, entrecerrando los ojos. —Podría haber fingido que le caíamos bien, para después hacernos lo mismo que a esa pobre chica.

—¡No hables de lo que no sabes! —, aquel grito por parte de la recién llegada hizo que los presentes se tensaran. Nunca habían visto a Mimí tan molesta. Le temblaban las manos. — El asunto con Viridiana ha sido una espina para Lilliana, desde hace más de un año. No sabes lo arrepentida que esta por eso, así que no tienes derecho a juzgarla de esa forma... Creí que ustedes mejor que nadie, comprenderían lo que ha estado pasando ella, pero creo que tenía mis expectativas muy altas.

—¿Cómo esperas que comprendamos algo así? Una chica terminó yéndose de ya escuela, por ella —, las palabras de Antonio eran calmadas, pero su tono destilaba hielo puro.

Mimí arrugó el ceño y entrecerró los ojos, diciendo a media voz.

—¿Ustedes saben de dónde viene Lilliana? ¿Alguna vez les ha hablado de su familia, o algo de su pasado?

Confundidos por las preguntas, todos se miraron y negaron. Mimí dibujo una media sonrisa en su rostro, que no alcanzó a llegar a sus ojos.

—Entérense de la situación antes de estar haciéndola de jueces, y después van y me dicen que es lo que...

—¡Mimí!—, el grito de Luis asustó a todos por igual. Parecía que al chico lo estaban torturando. — ¡Mimí! Qué bueno, por fin te encuentro. Tienes que venir conmigo rápido.

—¿Qué pasa?

—Erika... Acuso a Lilliana con unos profes y se la acaban de llevar a la dirección. ¡Dicen que la van a expulsar!

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