Capítulo 35 (II)

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Tras ir y avisarle a Anna que Stella se había despertado y había "comido" un poco, la morocha volvió a su habitación arrastrando los pies. Era cierto que se sentía completamente agotada, pero aquel cansancio no era nada en comparación con lo que le había revelado Stella hacía unos momentos.

Todavía no comprendía porque solo ciertas razas sufrían de ese destino tan miserable, pero era claro que las cosas habían sido así por un buen tiempo. Aun y con eso, no le parecía justo que solo unos cuantos tuvieran que padecer aquello. No estaba bien.

Por supuesto, agradecía no seguir perteneciendo a los narendäe, sobre todo por que a últimas fechas había notado un cambio en su forma de ser, y con lo que le había dicho Stella, por fin comprendía porque era tan despreocupada. Antes nunca se habría permitido lastimar a alguno de sus amigos, o nunca le habría afectado escuchar lo que Carter y Jenn pensaban de ellos; pero ahora, ahora no podía controlar el torrente de emociones que amenazaban con romper su máscara de tranquilidad en todo momento.

No podía controlarse, y parte de ella comenzaba creer que tal vez tenía que ver con el críptico mensaje que le había dado Stella sobre los Oidilian.

"La forma que tiene Ancör de cobrárselas con ellos es mucho peor... ¿Qué quiso decir con eso? Yo me siento bien, y con lo que ha estado pasando, no creo que este padeciendo de lo mismo que ella... Tal vez lo mío tiene que ver con eso que me dijo Lënn. Lo de rechazar mi naturaleza. Si me niego a ser Oidilian corro peligro de que las heridas "curadas" se vuelvan en mi contra... Si. Seguro se trata de eso."

Aunque no estaba muy convencida de ello, Madison prefirió dejar aquel asunto por la paz y permitirse unas cuantas horas de sueño antes de la cena. Estaba entrando a la habitación, cuando una sombra por entre las cortinas llamó su atención.

—¿Ninfer? ¿Estas hay?

La chica cerró la puerta con cuidado y esperó a que el gato le respondiera. Al ver que no lo hacía, se acercó para encontrarse con la sorpresa de que el felino se había quedado dormido sobre una de las rodillas de Elliot. Era claro que los dos habían estado viendo la puesta de sol desde su ventana, seguro esperándola, y como se había tardado habían sido vencidos por el sueño.

La chica de ojos grises se acercó a ambos, y con cuidado le apartó aquella mata de cabellos negros a su acompañante, dejando ver su rostro y parte de su frente.

"¿Qué hago? ¿Lo despierto?"

Madison se arrodilló y se le quedó viendo. Elliot le parecía mucho más joven cuando estaba dormido.

"Que bárbaro, ¿Cómo se pudo quedar dormido en mi cuarto?... ¿No que le gusto? ¿Por qué no se pone nervioso al estar aquí?... Y Ninfer. Ah, Ninfer, ¿Qué voy a hacer contigo? Gato tonto. Se supone que debes cuidar de que nadie sepa mi secreto, y lo dejas pasar a él. Justo quien puede enterarse de todo el asunto si me descuido... Increíble... Creo que este es el mayor tiempo que he visto que Elliot no frunce el ceño... Se ve mejor así que con su carota de "¿Otra vez, Madison? Deja de ser tan imprudente". Exagerado. Más que gustarte, pareces mi papá."

La joven acalló la risa que amenazó con interrumpir el sueño de ambos. Cuando se llevó los dedos a la boca, su buen humor se vio reemplazado por una serie de intensas palpitaciones, al tiempo que sus ojos se posaban en los labios de su acompañante.

Un escalofrió la recorrió con violencia, pero ni con eso se alejó de él. En vez de eso, fue acercándose con cuidado al chico, acortando la distancia entre sus rostros.

"¿Se sentirá igual que cuando me beso en el balcón? Apenas y recuerdo esa vez, pero lo que si no se me olvida son sus manos. El me abrazó tan fuerte que por un momento creí que nada malo podía pasarme... Era como si el dolor y todo lo demás fuera un sueño... ¿Puedes hacer que olvide otra vez? ¿Me ayudas?"

El roce que se permitió Madison fue tan rápido, que por un momento se le vino a la mente la idea de que ni siquiera se habían tocado sus labios. No obstante, las ansias crecieron y esta volvió a posar su boca sobre la de Elliot, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no moverse.

En cuestión de segundos, la necesidad de que el muchacho le correspondiera el gesto la sacó de balance. Se apartó tan rápido como pudo de él, abrumada por el maremoto de emociones que amenazaban con llevarse el poco autocontrol que le quedaba. Entre respiraciones entrecortadas, Madison entró al baño y desde ahí le gritó al chico.

—Elliot, ¡¿Qué se supone que haces en mi cuarto?!

—Eh...

El ojiazul abrió un ojo, confundido por la voz que le había gritado.

—¡Más te vale que estés afuera para cuando salga, porque si no...!

—¿Ma-madison?

Solo escuchar ese nombre de su propia boca, hizo que Elliot se levantara en un par de movimientos. Había estado hablando con el gato sobre la chica, y no supo en qué momento se había quedado dormido. A sus pies, el felino bufó con indignación.

—¡No vuelvas a tirarme, aingëal!

—¡Ninfer... Tenías que ser tú! —, el grito de Madison hizo que ambos varones adoptaran posición de firmes — ¡Quiero que los dos salgan de mi cuarto, ahora! Quiero tomar un baño, y ustedes bien felices, durmiendo en mi habitación.

La mención del baño surtió efecto en cuestión de segundos. Tanto el chico como el gato salieron del lugar entre disculpas atropelladas y quejas que se lanzaban el uno al otro.

Cuando estuvo segura de que por fin se encontraba sola, la chica se dejó caer sobre el piso marmoleado del baño; sin apartar su mano de sus labios.

"¡¿Qué hice?!... ¡Yo quería que me besara!"

—No, Madison. No puedes estar pensando así... Estas en una guerra, por amor de dios, ¡No puedes darte el lujo de estar perdiendo el tiempo en...!

Me gustó!... ¡¿A mí también me gusta?!"

¡Qué no! —, tomando rápidas bocanadas de aire, la chica hizo un esfuerzo sobrehumano para calmarse. Tras una buena cantidad de minutos, esta puso las manos en el piso y negó —. No es eso... Estoy. Puede que este agradecida por lo del balcón, pero nada más.

"Síguete engañando"

Madison ya esperaba que su voz mental volviera a refutarla, pero lo que escuchó en su cabeza para nada se parecía a algo que ella hubiera pensado antes. Aquel arrastrar de palabras no era propio de ella.

—¿Qué...? Ah, ya. Tengo sueño, estoy al mínimo y lo que menos necesito es seguir pensando en otras cosas... Mejor tomó un baño y me duermo un ratito, o voy a terminar alucinando.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!