"Laurence 2.0"

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CAPITULO 32

Es sábado por la mañana , lo que significa que podemos dormir hasta tarde y no preocuparnos por el mundo si no se nos antoja, igual podemos no recoger el departamento.

Es en realidad, como habíamos soñado el lugar en el que compartiríamos nuestra vida, nos gustan las cosas simples, los colores que contrasten, las ventanas grandes... yo bien pudiera vivir en la casa donde se filmó la película de Chloe, pero esto que tenemos se le parece bastante aunque es más bien un departamento con una vista increíble.

También me gustan las persianas o cortinas que no dejan pasar un solo rayo de luz cuando de descansar de verdad se trata, la oscuridad de las habitaciones a la hora de dormir me reconforta demasiado, de lo contrario puedo rodar por la cama por una media hora mínimo. Y a Camila le desagrada ese hábito mío.

Me dice que me esté quieta o que me mandará al sillón o me pega en la cara con la almohada, a veces me abraza, y si digo a veces es porque sabe, que de todas formas al rato me quitaría de su abrazo para, como si fuera un condenado murciélago o vampiro, buscar un rincón lo suficientemente oscuro para poder conciliar el sueño.

La primera vez que me sucedió con ella fue en su habitación en Miami, entra demasiada luz ya a las siete de la mañana y no conforme, la luz se refleja aún más en sus paredes amarillas que todavía tienen los afiches de sus bandas o artistas favoritos.

Entonces pues, a pesar de tener una casa con muchas ventanas, nos tomamos el tiempo y la delicadeza de cubrir las de nuestra habitación a la hora de dormir o a la hora de hacer el amor, no somos unas exhibicionistas aunque, he de confesar, que un par de veces lo hicimos así y es extremadamente emocionante, excitante, casi como afrodisíaco.

Me muevo un poco, queriéndome estirar, tengo los miembros entumidos y sé que es porque Camila durmió sobre mi pecho toda la noche. Urge que me levante para alzar los brazos hacia el techo y se me acomode la espalda que cada día me duele más; soy joven, pero sé que los años no pasan en vano y el cuerpo de todas formas siempre tiene dolencias de una u otra cosa.

Camz despierta a su paso, y siempre lo hace dando pequeños gemidos como de gato, no sé si lo hace adrede para darme ternura o si realmente esa es su forma de despertar. Tengo su mano en mi pecho, cálida, siento cómo emana el calor de la palma de su mano.

Me levanto un poco y veo el reloj, son las once y media de la mañana, no puedo creer que hayamos dormido tanto. Pero es que en realidad habíamos dormido tarde toda la semana, yo con asuntos del trabajo, ella ensayando unas cosas para la obra que está próxima a estrenarse en la que será una chica alemana que comienza a preguntarse acerca de la sexualidad.

El tema en sí es delicado, curioso, creo que representa un enorme reto para ella, aunque, en realidad, conociendo cómo es Camz, seguramente exagera un poco y sabe que el papel para ella es pan comido. Habrá un poco de desnudo... y eso a mí me incomoda, no quisiera que más personas conozcan su cuerpo, no al menos las partes que sólo debo de ver yo (o un doctor en su defecto)... la escena final es como dijeran en inglés, Mind Fucking porque deja al espectador abierto a dos posibilidades, violación o no violación. Lo bueno de esta escena, al menos para mí, es que el chico es interpretado por un amigo de ella que para mi fortuna es homosexual, tan homosexual como Shawn, si es que la homosexualidad puede medirse y bajo qué parámetros.

Bueno, después de toda esta verborrea Camila por fin parece despertar completamente y comienza a quitarse de encima de mí. Su mano sigue en mi pecho, pero inmóvil y ella, aunque despierta, no ha dicho una sola palabra aún y lo que es más extraño: escucho su respiración agitada.

-Hoy te toca preparar...-. Y guardo silencio.
-Lauren-. Escucho alarma en su voz cuando dice mi nombre y yo reconozco que esto es una especie de dejá vú que no es más que la repetición de algo que me pasó a los diecisiete años. Soy Laurence.

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