capitulo 16 parte 2

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Elvira hizo una mueca al verme. Inmaculada, tras su escritorio, fría y dura como una piedra. Parecía echar humo de… ¿celos?

Oh, oh. Quería a Harry para ella. No sé cómo no me había dado cuenta antes. Tal vez porque no parecía una mujer que tuviera hormonas. Ni sangre. Ni corazón. Aún así, debía verme como una amenaza.

No pude evitar preguntarme si Harry y ella habrían tenido una relación. Si hubiera sido así… no sabía qué haría. Harry y yo nos habíamos acostado juntos, sí, y me había pedido que me casara con él. Pero lo había rechazado, así que no podía exigirle que despidiera a su asistente y contratase a una vieja gorda que oliese a naftalina y queso. O mejor aún, un viejo gordo, que oliera a eso mismo.

Aún así, sabía lo que era anhelar la atención de un hombre a quien no podía conseguir; la prueba está en cualquiera de mis referencias a Richard el Bastardo.

«Sé agradable, sé agradable, agradable». Pasé ante ella con una sonrisa educada, camino al despacho.

—Buenos días, buena mujer —saludé con una sonrisa educada, y pasé ante ella.

Me miro atónita, pero no intentó detenerme. No llamé a la puerta de Harry, entré directamente.

Él levantó la mirada de unos papeles y nuestros ojos se encontraron. Azul contra verde. Placer contra placer. Me ofreció una sonrisa cálida y sexy.

—Me alegra que hayas podido venir.

Tenía buen aspecto. Muy, muy bueno. En vez de piel y calzoncillos, llevaba un traje, sin corbata.

El botón del cuello desabrochado y el cabello, castaño y sedoso, revuelto como si acabara de salir de la cama.

—¿Cómo te encuentras? —se recostó en el sillón.

—Mucho mejor. Gracias por cuidar de mí.

—Fue un placer.

Placer… sí, placer. Yo necesitaba más y al mirarlo mis deseos se despertaron. Se me endurecieron los pezones y salivé. Necesitaba estar con ese hombre otra vez, y pronto.

Quería a Harry en mi vida. Ya me había prometido que lo seduciría, pero en ese momento admitía que quería una relación sexual exclusiva.

Cuanto más larga, mejor.

—Dios mío —dijo él de repente.

—¿Qué? —automáticamente, di un paso atrás.

—Tu vestido.

—¿Te gusta? —se había fijado. Sonreí. Giré y el bajo del vestido revoloteó alrededor de mis piernas.

—Cariño —dijo con un delicioso acento Inglés—. Creo que nunca había visto nada tan bonito —se puso de pie y apoyo las manos en el escritorio—. Me estás volviendo loco. Lo sabes, ¿verdad?

—Me alegro.

—¿Te alegras? —preguntó, incrédulo—. Deberías pedirme disculpas. Dejé una reunión para volver a verte. Pienso en ti todo el tiempo. Sueño contigo.

—Bueno… —me lamí los labios y me armé de valor— tú también me vuelves loca. ¿Y mi disculpa?

—Estoy dispuesto a darte lo que quieras, cariño. Ojalá me pidieras algo más que una disculpa.

—De acuerdo. Tengo una pregunta y me gustaría una respuesta honesta —dije, sentándome. Puse el maletín a mis pies y las manos sobre el regazo—. ¿Te has acostado alguna vez con Elvira?

—¿De qué estás hablando? —me miró, confuso.

—Tu ayudante. ¿Te has acostado con ella?

—¿Con Hannah? Dios, no.

Su intensa sorpresa indicaba que decía la verdad y yo respiré más tranquila.

—Sé que no es asunto mío, pero…

—Claro que es asunto tuyo. Igual que cualquier otro hombre que hubiera en tu vida sería asunto mío —hizo una pausa y, al comprobar que no lo contradecía, siguió—. No hay otros hombres, ¿verdad?

—No, claro que no. A duras penas te tolero a ti.

Él resopló y volvió a sentarse. Antes de que la conversación se desviara hacia anillos, flores o bebés, cambié de tema. Ya tenía la información que quería.

—¿Has convocado esta cita para darme mi regalo?

—No —sonrió lentamente—. Ya te dije que para eso tendrías que venir a mi casa.

—Entonces estoy aquí por trabajo —dejé caer los hombros—. Bien, sé que estás ocupado así que vayamos al grano —saqué dos hojas de mi maletín y se las di—. Como ves, he desglosado las cosas que tienes que reembolsarme e incluyo una lista de establecimientos que solicitan un depósito inicial. Para la primera lista necesito dinero en metálico. Para la segunda me vale con cheques firmados.

Sin protestar, abrió su cartera y me dio todos los billetes verdes que había dentro.

—Esto son ochocientos dólares. Más de lo que pides en tu lista, pero nunca se sabe si algo costará más de lo previsto inicialmente.

Ese dulce y adorable hombre confiaba en el uso que haría de su dinero.

—Como has visto, necesito hacer un primer pago a la encargada del catering cuando antes, para reservar la fecha. Sin embargo, no puedo hacer eso hasta que hayas elegido un local. Y eso me lleva al siguiente punto. Lugar. ¿Has elegido ya? La invitación de muestra está impresa y lista para tu aprobación —saqué la invitación de una libreta que llevaba en el bolso—. Solo falta la dirección.

Él aceptó la muestra e inspeccionó los tonos borgoña y las letras doradas.

—Vaya, eres muy buena. A mi madre también le gustará —dijo, sabiendo que iba a preguntarlo—. En cuanto al local, aún no lo sé.

—¿Por qué no? —me puse en pie, temiendo lo que diría a continuación.

—Quiero visitar una cabaña en Oklahoma.

—Imposible. Es demasiado tarde.

—Salimos en cuatro días. Ya lo he organizado.

—Pero… pero…

—No te preocupes. Nos divertiremos.

—No volveré a volar. Gané la apuesta en Colorado y juraste que no tendría que volver a subir a un avión. ¿Correcto?

—Sí. Correcto.

—Entonces no tengo que ir a Oklahoma. No puedes obligarme.

Sus labios se curvaron con otra sonrisa lenta y malvada, de puro placer.

—Puedo obligarte. Iremos en coche. Es un viaje de tres horas, cariño.

Crucé los brazos sobre el pecho. No quería ir a una cabaña primitiva y carente de lujos. Sería más difícil ser devastadoramente sexy.

—Mi respuesta sigue siendo no.

—Me temo que no tienes opción. Te pago el triple de tu tarifa, ¿recuerdas?

—Me niego a ir. ¿Me has entendido?

—Fantástico. Intenta estar lista el viernes a las tres.

Beautiful mess (Harry Styles)¡Lee esta historia GRATIS!