Capítulo 34 (II)

21 1 0



Los pasos de Aristus eran firmes y su andar constante. En su fuero interno, una parte de ella no quería encontrarse de nuevo con el amo; había cumplido su misión a la perfección, pero ni con eso podía aspirar a que este la perdonara del todo, por el tiempo que había pasado en la tierra y los intentos frustrados de acabar con Anna y su joven protegida.

Además, también estaba el hecho de que Gemma se encontraba muy cerca de la mansión, y si no tenía cuidado podía cruzarse con ella. Lo que menos quería en esos momentos era tener que lidiar con las palabras de ella, y menos ahora que sus poderes aun no regresaban del todo a ella.

No comprendía que era lo que ocurría, y como a ninguna otra sombra o creatura de la noche que había ido con ella le ocurría algo parecido, no estaba segura de lo que pasaba con su cuerpo.

—¿Quién es?... ¿A qué viene?

La joven tomó aire y elevó la cabeza, alzando la ceja en el proceso.

—Aristus, mi amo. Necesito comunicarle un par noticias, con urgencia.

—Pasa...

Esta asintió y abrió las puertas. Como siempre, del otro lado la esperaban solo sombras y figuras distorsionadas por la nula cantidad de luz que había en el sitio. No podía distinguir cual de todas era su amo, pero como ya sabía, cortó su inspección casi de inmediato y se deslizó hasta posar sus pies frente a la alta silla de obsidiana que decoraba el centro de la sala. Se inclinó y permaneció en esa posición por unos cuantos segundos, después volvió a levantarse y comenzó a hablar.

—Mi amo, su plan marchó a la perfección. Entre a Liabiric he hice lo que me pidó, pero...

—¿Pero?... ¿Qué ocurrió?

Aristus sabía que lo mejor era no darle vueltas al asunto. Lanzó un fuerte suspiro y bajó la mirada.

—Con la joven, nada. Todo marchó bien y ahora ya está infectada. Se lo aseguro. Es un Oidilian —, la mujer intentó controlar el temblor de sus manos por lo que diría a continuación, pero por más intentos que hacía no conseguía calmarse. —... Lo que ocurre, es que ella no actuó como usted esperaba.

—¿Qué quieres decir?

—Ella sigue viva, señor. No repudió su condición.

La joven de las cicatrices esperaba recibir un buen golpe por aquella noticia. Un ataque, u lo que fuera. En vez de ello, las carcajadas de su amo retumbaron en el lugar y la pusieron aún más nerviosa.

Todavía esperaba que la castigara por lo ocurrido, pero él se limitó a preguntar.

—¿Lo sabe y aun así piensa vivir como Oidilian?... Perfecto. La chica está actuando tal y como lo esperaba.

—¿Señor?

Una sombra se movió por entre los muebles rotos y las pesadas cortinas, que cubrían los ventanales de la habitación. Aristus no se movió de su sitio, aunque sus instintos le decían que él amo, bien podía estar engañándola para que cayera en una trampa.

—Entonces, ¿Estuvo bien que la joven no muriera?

—Por supuesto. Desde un principio, mi intención no era matarla. Todo lo que quería era que se convirtiera en Oidilian, y si se podía, que renegara para llevar a cabo la segunda parte de mi plan... Claro que contaba con que no hiciera lo que pensaba, y por eso ya estaba preparado.

La joven asintió con torpeza y espero a que su señor hablara. Ya había terminado de decir todo lo que necesitaba informarle, así que era su turno de decirle como iba a proceder a continuación.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!