Capítulo 34

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Cuenta regresiva


—Apúrense a comer. Tristán nos dijo que querían vernos en la sala de entrenamiento a mediodía, y si nos tardamos, créanme que nos va a ir muy mal con él. No es de los que les gusta estar esperando a las personas.

Con ese comentario, Elliot por fin consiguió que sus amigos apartaran sus miradas de los platos medio vacíos. Por sus ojos, sabía que ninguno tenía ganas de comenzar las nuevas lecciones con el Valderiat, con Anna y Ardëum. Incluso Madison se hallaba con la mirada perdida y de vez en cuando dejaba salir un suspiro.

Viendo que no le quedaba de otra, el moreno alzó la mano y se permitió manipular cuánta agua había en la sala, formando seis esferas de buen tamaño que poso sobre sus amigos, diciendo.

—O se apuran o las dejo caer sobre ustedes.

La reacción de todos fue inmediata. La mayoría se levantó como si un resorte hubiera sido acomodado en sus asientos, y algunos incluso dejaron salir una que otra queja.

—Oye, Elliot. Eso no se vale...

—Ya pareces anciano.

—¿Y? ¿Crees que me interesa, Steve? Si no nos apresuramos, van a venir por nosotros a la fuerza... Y no creo que quieran eso, ¿O sí?

Con la boca torcida en un gesto de claro fastidio, Jenn tomó su espada de la pared y tomó la palabra.

—Vámonos. De todos modos hay que hacerlo.

Uno a uno, todos fueron por sus respectivas armas y salieron del comedor con dirección a la sala de entrenamiento.


—¿Puedo pasar?

—Claro, Shaline —, la higmantur entró a la habitación que se le había asignado a Bithër y tomó asiento en la mullida alfombra de su cuarto. — ¿Hiciste lo que te pedí?

—Sí, y tal como lo suponías, nadie sabe nada de Fata o de los otros guerreros con los que se fue a encontrar.

La narendäe se mordió el labio con fuerza, permitiendo que unas cuantas gotas de sangre mancharan su piel. Bithër se llevó una mano a la cabeza y se la talló con fuerza, aquello no tenía sentido.

Ni Yuhëen ni nadie sabía en donde se encontraba la gemela de Lartër, y las preguntas de esta se estaban volviendo cada vez más difíciles de responder. No podían ocultarle algo así por más tiempo. Ni a ella ni a Anna y los otros instructores.

—¿Qué hacemos, Bithër? No puedo irme de Liabiric en su búsqueda, levantaría sospechas; y tú no tienes las habilidades para rastrearla.

La mencionada se llevó la entintada uña a la barbilla y, después de unos ligeros toques habló.

—Por el momento, todo lo que podemos hacer es mantenerlo en secreto y pedirle su ayuda a alguien de la ciudad... ¿Sabes si Nix todavía vive a las afueras de Liabiric?

—Olvídalo. Ella fue a la primera que busque y no hay nadie en su casa; tal vez vio algo y huyó.

—Rayos —, la narendäe golpeó el poste de su cama, dejado una abolladura en la madera. —¿Quién más puede ayudarnos en esto? ¿No sabes de otro ser?

Shaline torció la boca.

—Hay otro, pero no sé si quiera hacerlo... Lo buscare y hare lo posible por hablar con él.

—Hazlo, y mientras yo intentare comunicarme con alguno de los otros guardianes de Ancör. Puede que Fallon o Leandro tengan a alguien que nos pueda ayudar.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!