Tercer Día: No Sé Si Te Quiero

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El pelinegro aprovechó que su padre se encontraba en su despacho para bajar silenciosamente las escaleras y dirigirse a la puerta, abriendo esta con sumo cuidado para no hacer tanto ruido. Al estar fuera. No sabía exactamente que hacer, no sabía donde se encontraría aquel pelinaranja, ni siquiera sabía su verdadero nombre. Pero debería esforzarse para encontrarlo. Recorrió el bosque que llevaba al gran muro que daba a la salida del castillo. Al encontrarse fuera. No sabía exactamente a donde ir. Esperaba que nadie le reconociera. Se dirigió a paso lento al pueblo, viendo como un montón de niños pequeños jugaban, y algunos adultos se dirigían a comprar cosas a las ferias o pequeños almacenes. «Me pregunto por qué no puedo venir al pueblo». Pensó. «Podría tener mucha más cercanía con las personas». De repente, una pequeña choco con él, si bien no se hizo nada, la menor terminó en el suelo.

—¿Te encuentras bien? —Kageyama se arrodilló a su lado y le tendió la mano.

—Ugh... S-Sí —la pequeña era de cabellos anaranjados, atado en dos coletitas, y al abrir los ojos, el pelinegro pudo ver sus orbes color caramelo. De repente, su aspecto le pareció igual al de su casi princesa— P-Perdón... No vi por donde iba

—Descuida, deja que te ayude a levantarte —la pequeña aceptó la ayuda de este, levantándose del suelo con cuidado de no tropezar.

—¡Natsu! Te dije que no te me puedes perder de vista —a Kageyama se le heló la sangre al escuchar aquella voz. Al levantar su mirada, sus ojos azules chocaron con unos grandes ojos caramelo, y supo de inmediato que había encontrado a la persona correcta— Ah... —se veía que estaba igual de sorprendido al encontrar a Kageyama detrás de esa capucha que llevaba— Natsu... Ve con mamá, yo las alcanzo —la pequeña asintió y fue donde se encontraba su madre— ¿Qué... Haces aquí? —preguntó agachando la cabeza.

—No tengo tiempo para explicarte. Ven conmigo —tomó la mano del pequeño y lo llevó a otra parte.

Hinata no entendía exactamente lo que Kageyama planeaba. Pero estaba feliz de que encontrarse con él. El pelinegro lo llevó a la entrada de un bosque que se encontraba cerca del castillo. Ambos se detuvieron a causa del cansancio, pero en ningún momento sus manos se soltaron, eso hasta que Hinata decidió separarlas y mirar fijamente a Kageyama.

—¿Qué planeas? Se supone que no puedes estar aquí... —murmuró tomando bocanadas de aire.

—¿Cuál es tu verdadero nombre? —preguntó con cierto entusiasmo a lo que Hinata se sorprendió.

—Hinata... Shoyo —respondió avergonzado.

—Shoyo... Qué bello nombre —el corazón del pelinaranja dio un vuelco al escuchar esas simples palabras. Inhaló y exhaló para mantener la calma y tratar de decir algo.

—Repito... ¿Qué haces aquí? Pensé que ya no querías volver a verme —Kageyama dudo un segundo.

—Digamos que... No es que no quisiera volver a verte, sólo estaba conmocionado —admitió— Te dije que me sentía atraído a ti de forma romántica, y todavía lo sigo —Ahí estaba de nuevo. El rubor subió a las mejillas de Shoyo, seguido de un calor reconfortante.

—Debes estar bromeando... —contestó el pequeño, sintiéndose cada vez más nervioso.

—No lo sé. Quizás sólo este confundido, pero es lo que quiero averiguar —se fue acercando de manera peligro a Hinata, fijando si vista en los labios de este. La primera impresión del pelinaranja fue detenerlo, pero en lo más profundo de su corazón, sólo quería que Kageyama actuara.

Y así fue. Los labios del pelinegro se posaron en los de Shoyo, uniéndose así en un torpe y tierno beso. Las manos de Hinata se entrelazaron alrededor del cuello de Kageyama, mientras que este envolvía la cintura del contrario con sus brazos. Dios. Se sentía genial. El tacto, la suavidad y la calidez de los labios de ambos hacían que ambos se sintieran al borde de explotar de felicidad. Ambos movían sus labios a la par, como si se tratara de un baile. Como si ambos necesitaran más. Kageyama apoyó a Hinata en uno de los árboles y comenzó a recorrer su torso con sus manos, provocando que el pelinaranja soltara un quejido, haciendo que ambos se miraran a causa de la vergüenza.

—Ah... Y-Yo... —trató de cubrir su rostro con sus manos, pero antes de que pudiera hacer algo, Kageyama tomó ambas y entrelazó sus manos.

—Eso fue... Simplemente genial... —los ojos de Hinata se abrieron como platos al escucharlo decir eso. Quería escapar, que Kageyama lo dejara de ver de esa forma, que lo dejara de sentirse así por su causa.

—No digas tonterías.... Esto... Esto esta mal —murmuró, viendo como la máscara de felicidad de Kageyama se rompía, haciendo volver a la cruda realidad.

—Lo sé... Esto estaría mal visto entre la realeza... Y por el pueblo —admitió de todas formas— Pero... ¿Por qué deberíamos preocuparnos de los demás?

—¿Cómo que por qué? —de repente. Cayó en cuenta de que Kageyama aún lo tenía contra un árbol y aprisionaba sus manos— Suéltame...

—No quiero... No quiero dejarte ir de nuevo —sentenció con firmeza.

Volvió a aprisionarse de los labios de Shoyo, esta vez de manera más lenta y apasionada, haciendo que el pelinaranja se derritiera en sus brazos. Las manos de Hinata se aferraron a la capucha de Kageyama, tirando de esta, casi como diciéndole «debes parar». Pero solo logró quitarle el gorro de la capucha, pudiendo admirar el rostro del pelinegro con más claridad. Definitivamente, no sabía como reaccionar cuando se trataba de él. Sintió la lengua de Kageyama adentrándose en su boca, se estremeció al sentir el contacto de la lengua de Kageyama contra la suya. Debía frenarlo, de alguna forma, pero todo se le estaba escurriendo de las manos. Se tardó en darse cuenta de que estaba correspondiendo el beso con la misma ansia que Kageyama. El pelinegro pasó sus manos por la nuca de Shoyo, atrayéndolo, pero todo aquello tuvo que ser interrumpido a causa de la falta de aire.

—Basta... Debemos detener esto... Ni siquiera sé si... —Kageyama lo interrumpió.

—Ni siquiera sabes... ¿Qué? —preguntó.

—Yo... No sé si te quiero, Kageyama —soltó finalmente. El pelinegro envolvió a Hinata en un cálido abrazo.

—Si yo fuera otra persona... ¿Dejarías que te hiciera todas éstas cosas? —acunó su rostro en el cuello del pelinaranja.

—Yo... N-No lo sé... —de a poco fue cediendo, para terminar abrazando al pelinegro de todas formas— Lo único que sé es... No quiero que me odies... Ni menos que me alejes de ti...

—Está bien... Estamos bien...

Sin duda. Nunca en la vida alguien había tratado de esa forma a Hinata. Se sentía amado por Tobio, y sentía como su corazón latía rápido al estar abrazado a él. «Me besó...». Sin pretexto alguno, ese había sido el primer beso de Shoyo, y no le había disgustado para nada que se lo hubiera dado el de orbes azules. Al contrario.

Necesitaba más, mucho más de él

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¡Hola! He vuelto después de... Se me olvidó (?) pero ya les traigo su dosis de KageHina(?). Espero que les haya gustado y nos leemos
Bye Bye! ♥

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