Capítulo II: La primera salida de su tierra de La Princesa a Caballo

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En el capítulo anterior, nuestra Princesa a Caballo grabó un video gracias a Sir Rata. Una vez grabado y sin más edición que una música de marcha triunfante que Sir Rata por petición de su hermana hizo, el video fue subido a Youtube, un primer capítulo en la bitácora de esta sinigual princesa contemporánea.

Sin dar cuenta a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos de inicios de verano, se vistió con su atuendo de princesa, se puso un kilogramo de maquillaje, tomó su cartera de princesas, agarró su tarjeta bancaria (donde tenía ahorradas todas sus mesadas), se montó en su MLH y se dispuso a recorrer en son de conquista el mundo entero.

Mas, apenas se vio en la calle, le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue que le vino a la memoria que no tenía corona que, aunque princesa, por ser la iniciadora le correspondería usar aquella.

—Los reyes son ungidos —decía en voz alta con altisonante voz— y yo menos que nadie debo ser ungida por alguien. No requiero de gentes de la realeza, pues de sangre azul nada de eso, me gusta el rosado, rosado el corazón tengo. Uno de mis vasallos debiese ungirme, pues soy la princesa del pueblo, la princesa del globo terráqueo, ¡soy la Princesa a Caballo!

Con satisfacción plena del discurso que para su pueblo emitió, que según su única neurona funcionando tal fue, y con un clamor que para ella fue real mas solo un ruido de gaviotas volando encima de ella era, prosiguió su camino con su vestido puesto, cartera y su sueldo, junto a la compañía de su MLH.

Mientras seguía su andar, con el sol pegando, maquillaje derritiéndose y vestido ensuciándose por estar arrastrándose, reflexionaba —si es que podemos llamarlo así en el resplandor de una mente sin sesos— sobre lo que era necesario para su aventura.

—Alguno de mis vasallos camarógrafo debiese ser, pues aventura de tan grande eminencia, de trascendencia y decencia, y todo lo que termine en esencia pero no necesariamente es esencia, no se puede perder. Vuestra princesa requiere que, pues, su presencia y la de su MLH no quede en el vacío, ¡a vosotros pronto os llegaré!

Con estos iba ensartando otros disparates, todos con reminiscencia de Don Quijote, pero con el contenido de princesa, pues una rara mezcla de caballero andante y princesa era.

Casi todo aquel día no aconteció nada que interesante fuese, mas solo los transeúntes miraban raro a alguien que combinaba en sí esa rara mezcla de pasado y presente, que la miraban, seguían a escondidas y fotos sacaban, pero que ella tomó como muestra de admiración que su nuevo pueblo hacía como sumisión.

Llegada la noche, pues, y sin lugar en el cual llegar, vio un pequeño hostal en el que pensó quedarse a dormir. Para ella, sin embargo, castillo era, pues todo lo que veía no era más que lo que quisiese ver, así que aceleró su galope, saltaba siguiendo el andar como si de un caballo real fuera y llegó a las puertas de su castillo, que rodeado por dos chiquillas universitarias estaba.

—Vosotras, doncellas del rostro sereno, del móvil atadas, del internet jamás desconectadas, ¡adivinen quién llegó! La princesa de la web, de la tierra, del galope, la princesa que no hace daño: ¡la inigualable Princesa a Caballo!

Le Miraban las mozas y andaban con los ojos buscándole el rostro que el estuco de maquillaje le encubría. Pero, como oyeron esos disparates, no pudieron contener la risa.

Unos minutos después apareció el dueño del hostal, hombre que, por ser muy gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, que lucía tan extraña y perturbada en su mente, no estuvo en nada en acompañar a las chicas en las muestras de su contento. Mas, en efecto, compadeciendo a la muchacha, determinó de hablarle comedidamente. Y así le dijo:

—Si usted, Su Alteza, busca un lugar donde dormir, no tema que vuestro servidor le dará un espacio para que descanse... sobretodo su cabeza —dijo el señor del hostal, donde esta última frase fue más bien un pensamiento en voz alta, creyendo que con un descanso el desatino de la figura que se le presentaba en delante se le pasaría.

Dijo luego nuestra Princesa a Caballo al señor del hostal que tuviese mucho cuidado de su caballo, porque era la mejor pieza que comía pan en el mundo. La miró el señor y no le contradijo, pues creía que contrariarla sería aumentarle en desvarío, así que tomó con cuidado a MLH como si fuese un equino verdadero, y lo dejó en la bodega, que para Nuestra Alteza caballeriza era.

Tras esto, el señor del hostal la dejó en una pieza que, por caridad, ni de dineros le habló, mas solo quería que la muchacha descansara, que llegaran sus parientes a buscarla (que pensó que en eso andarían) y que el día siguiente todo a la normalidad retornaría. Una y otra vez, como canto de arrullo, la muchacha cantaba los siguientes versos hasta que por fin durmió en un profundo sueño:

Noche nocturna,

noche de noche,

recibe mi realeza,

recibe mi pereza,

hazme dormir

sin hacerme pis.

Así fue como pasó su primera noche la Princesa a Caballo. Pero no creas que nada más sucedió en el hostal. ¡No te pierdas el siguiente capítulo!

La Princesa a Caballo. Desventuras de una youtuberDonde viven las historias. Descúbrelo ahora