2- Érase una vez dos hermanos

7.9K 784 2.7K

Las consecuencias de nuestras acciones son siempre tan complicadas, tan diversas, que predecir el futuro es realmente muy difícil.

-Albus Dumbledore, Harry Potter y el Prisionero de Azkabán


......


Lo primero que a los niños se les enseñaba, antes incluso que a no decir mentiras o rechazar un dulce ofrecido por un extraño, era que nunca debían adentrarse en el Bosque.

Gaspar Skov lo tuvo claro apenas pudo entender las palabras, al igual que sus hermanos: franquear la línea que dividía la ciudad de los árboles estaba rotundamente prohibido. 

Y así, lo primero que los niños aprendían era a tener miedo.

En el colegio, Gaspar descubriría que las sociedades humanas solo habitaban la mitad de la superficie terrestre, resguardadas de aquello que moraba al otro lado de los árboles en ciudades protegidas por complejísimos sellos de magia rúnica, cientos de años atrás. Ni siquiera el océano, que podía contemplar todos los días por la ventana de su habitación, inspiraba tanto temor a la gente como los Bosques. Había cosas allí dentro de las que muy pocos sentían ganas de especular.

 Hacerlo se consideraba un tabú.

—Está lleno de animales siniestros. Alimañas innombrables que pueden volverte loco. Si te pierdes ahí, nadie te podrá encontrar nunca —solía contarle Samuel, su hermano mayor, cada vez que le preguntaba qué sabía él al respecto. Lo hacía con el dramatismo propio de alguien que nació para narrar historias, gesticulando y moviendo las manos siempre que el momento lo requería. 

Gaspar escuchaba hipnotizado, pues era incapaz de reprimir la fascinación que aquellas criaturas de leyenda, los incognoscibles "monstruos del bosque", le habían inspirado desde que podía recordar, pese a que la piel se le ponía de gallina cada vez que intentaba imaginárselos.

—¿Y algunos cómo son?

—Puees... —caviló su hermano mientras hacía rodar su bolígrafo entre el dedo índice y el pulgar, golpeándose luego la barbilla con este. Sobre sus piernas sostenía un libro de Oscar Wilde—, una vieja leyenda cuenta que existe un ser tan largo y delgado que cualquiera podría confundirlo con un árbol.

—¿Entonces está hecho de ramas?

—¡Bien! Le diste al clavo. ¿Y sabes por qué son así? —El niño negó con la cabeza—. Para confundir a sus presas.

Gaspar se removió un poco en su silla, conteniendo la respiración.

—¿Y qué hacen con ellas? —se atrevió finalmente a preguntar.

El adolescente le dedicó una sonrisa ladina.

—Las devoran, por supuesto. Y luego usan sus huesos para...

—¡Samuel! —Su madre, que en esos momentos se encontraba afinando los engranajes de su pianola, lo miró escandalizada. La mujer suspiró por la nariz—. No deberías meterle esas cosas en la cabeza. Tu hermano es muy chico todavía.

El adolescente argumentó que Gaspar estaba lo bastante mayor para oír esas historias y que era más valiente que muchos otros niños. La mujer no se dejó convencer.

—Solo tiene ocho años.

—¡Voy a cumplir nueve en septiembre!

—Yo era mucho más pequeño que él y ya veía películas de terror —repuso Samuel encogiéndose de hombros mientras hojeaba su libro con aire distraído—. Y algunas de esas que dan miedo.

No cruces el Bosque¡Lee esta historia GRATIS!