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—Odio mi vida.

—Genial. Ya somos dos.

Tanto Lilly como Monse tenían las cabezas recargadas en la madera de sus respectivos pupitres. Ninguna se veía con ánimos de seguir haciendo los trabajos de final de semestre, pero, como bien les recordó Sonia hacía unos minutos, las fechas de entrega estaban a punto de llegar y no podían darse el lujo de salir con promedios bajos. No si querían que su trasero, orejas y brazos salieran victoriosos de los castigos que seguro les darían sus madres.

En el caso de Lilly, ella le tenía especial miedo a las uñas de su progenitora. Había recibido suficientes pellizcos como para que un escalofrío recorriera su columna, cada vez que pensaba en ello.

—Vamos, Monse. Por lo menos hay que terminar los ejercicios de física. Ya si quieres, después nos damos un tiro o lo que quieras.

Ante las palabras de la castaña, su amiga lanzó varias carcajadas y asintió, secándose una lagrima mientras decía.

—Un tiro. Tú sí que estas mal, Lilly. Se dice: ya después nos damos a la fuga, no un tiro... ¿O qué? ¿Quieres pelear un rato conmigo?

Para dar mayor énfasis a sus palabras, la chica alzó los puños e hizo un par de movimientos de box. Lilly ya se estaba riendo con ella, cuando una voz al lado de ellas llamó su atención.

—¿Lilly? ¿Puedes venir un momento?

Mimí. Hacia tanto que no escuchaba su voz tan cerca, que a la castaña le pareció un buen engaño de su mente, por lo menos al principio. Cuando aquel dedo tocó su hombro, la mencionada volteó y se le quedo viendo a su ex mejor amiga.

Traía el labio roto y un moretón que poco a poco estaba tomando color, en la clavícula.

Ambas cesaron sus risas y, mientras Lilly tomaba la mano de la chica y la sentaba en el lugar junto a ella, Monse rebusco en su mochila y sacó un par de curitas.

—No inventes, ¿Qué te paso?

—Rayos. Parece como si hubiera salido de un ring de pelea.

Mimí lanzó un fuerte quejido cuando su amiga le puso el primer curita en la clavícula. Tras unos segundos, Lilly se llevó una mano al mentón y chasqueo los labios con fuerza.

—Esto no va a funcionar. Monse, ¿No traes entre tus cosas un poco de alcohol?

—¿Y luego? ¿Me viste cara de farmacia o qué?

Ante las palabras de la muchacha, Mimí emitió un par de risas que pronto se vieron sustituidas por quejidos.

—No te rías. Esos golpes que traes en la cara están muy feos, y si sigues solo vas a conseguir que te duelan más.

—Lo siento. No puedo evitarlo.

Con cuidado de no lastimar a su amiga, Lilly mojó un poco de papel con el agua que traía en su mochila y lo pasó por el labio de su ex mejor amiga. La chica lanzó un quejido, pero después de un rato se quedó quieta y permitió que la castaña trabajara en sus heridas.

Apenas estaba viendo lo podían hacer con el golpe en su clavícula, cuando Monse le tendió una pomada a su amiga al tiempo que decía.

—Es árnica. La uso para los golpes que me meto, cuando estoy jugando básquet —, Lilly asintió y tomó el tarro. —Nada más ponle en el moretón, porque mi mamá dice que esa cosa no se puede acercar a la saliva.

—Ok.

Mientras la castaña se ponía a ello, Monse entrecerró los ojos y preguntó.

—¿Se puede saber cómo te lastimaste? Por lo que se ve, ese no parece un golpe cualquiera.

En la secundaria ©¡Lee esta historia GRATIS!