Capítulo 33

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Las espadas


Aun y con las negativas de Anna, Yuhëen solo dejo que Elliot descansara un par de días. Los nervios, tanto de ella como de los otros guerreros y guardianes, era palpable y la mayor parte de los residente de Elid podían notar que la álfyr comenzaba a perder la paciencia con los humanos.

No obstante, los avances que habían conseguido los chicos en el transcurso de esas tres semanas habían sido muy satisfactorio, sobre todo en el manejo de sus respectivos dominios.

Jenn había conseguido grandes avances en comparación con sus amigos, y tanto Robin como Steve habían superado varias de las pruebas que se les habían impuesto. Incluso Fabián, a pesar de que su poder no servía para la ofensiva, había conseguido un nivel más que deseable en el aspecto del ataque sorpresa. Por supuesto, tanto Carter como Madison seguían encabezando la lista, y con el cambio que había sufrido la morocha, sus habilidades habían recibido un incremento considerable.

Aun y con eso, tanto Lënn como Ninfer le recomendaron que no expulsara todas sus habilidades mientras estuviera entrenando con Bithër o con los demás instructores. Primero, porque no querían que los otros comenzaran a sospechar de ella, y segundo, debido a que su cuerpo seguía acostumbrándose al cambio tan drástico que había sufrido su naturaleza y raza.

En el caso de Elliot, el chico fue separado por una semana de sus amigos. Eran pocas las veces que lo podían ver y casi siempre era en el comedor, por lo que apenas y podían platicar con él.

Sin embargo, cuando terminaron aquellos agotadores días el moreno volvió con un nivel mucho más elevado que su hermano y que varios de sus amigos. No sabían a qué clase de entrenamiento lo habían expuesto, pero por lo poco que les comentó el chico, no quería volver a pasar por algo así.

Con eso, los entrenamientos habían retomado su curso normal, no obstante, tanto los instructores de batalla como los de dominios lo notaron. Los siete chicos habían alcanzado el nivel suficiente como para entrar a la batalla.

—Bien, creo que me gustaría ver sus habilidades en acción... Pero no contra mí —, los chicos se miraron entre ellos. Sabían a qué se refería Lumbërt. Tanto Ardëum como Lënn los habían hecho pelear entre ellos, con resultados desastrosos. —Llego el momento de que se prueben entre ustedes.

—Lumbërt, no creo que...

El mencionado frenó las palabras de Carter con un ademan de mano, después les dedicó una amplia sonrisa a todos y negó.

—No. No van a pelear como con Ardëum. Yo tenía planeado que se enfrentaran en encuentro de uno contra uno, usando sus dominios, pero sin los objetos limitadores.

Ante la revelación, los siete se miraron con receló.

No habían probado el control sin necesidad de catalizadores, por lo que todos se sentían algo desconfiados de los resultados. Peor, Lumbërt fue el encargado de hacer los equipos para pelear.

—Fabián y Robin... Ustedes pelearan en la esquina junto a la ventana —, ambos asintieron y se alejaron. — Elliot, me gustaría que Steve y tú pelearan al otro lado de donde están Fabián y Robin.

—Perfecto... Estas frito, amigo.

Steve se alejó con una gran sonrisa en el rostro. Antes de seguirlo, Elliot alzó una ceja y dibujó una pequeña mueca sobre sus labios. Ese gesto consiguió inquietar a Madison y a Jenn.

Se veía mucho más amenazador que las palabras del pelirrojo.

Ya se estaba yendo cuando Carter se acercó a las dos y dijo, en un susurró.

— ¿Es mi imaginación o Elliot va a vaporizar a Steve?

La peli teñida dejo salir un par de risitas nerviosas, pero Lumbërt no tomó aquel comentario a la ligera.

—Ustedes dos... No. Todos. Más les vale medirse con sus dominios mientras estén peleando. Sin los objetos podrían causarle un daño de cuidado a sus amigos, o peor.

La sonrisa se borró de labios de Jenn y Madison dejo salir un suspiro.

—Creo que mejor nos concentramos en el asunto, ¿No?

Carter asintió, pero la otra chica se cruzó de brazos y desvió la mirada al piso. Todavía se hallaba molesta con la muchacha por lo del castaño cobrizo, aunque de vez en cuando se le olvidaba aquello.

—Carter y Jenn. Ustedes van a pelear en paralelo con Fabián y Robin.

— ¿En qué?

—A la altura de ellos, Jenn. Alineados con ellos.

Carter se acomodó para mostrarle a su amiga. Cuando ya solo quedaban Madison y Lumbërt en la posición, la morocha alzó una ceja y torció la boca.

— ¿Y? ¿Voy a tener que esperar a que alguien gane para pelear?

—No... Tú vas conmigo.

Antes de que Madison pudiera reaccionar, el álfr se lanzó a la joven y la atacó con una potente ventisca, conformada por varias agujas de hielo que le rasgaron parte de las piernas del pantalón. La morocha retrocedió y los demás chicos se quedaron estáticos en sus lugares.

— ¿Qué esperan? Sino pelean me voy a encargar de darles una lección... Y tú. Estate atenta o serás blanco fácil de los ataques sorpresa.

—Lo tendré en cuenta.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!