Capítulo 52.-

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Me sentí mareada, mis piernas estaban débiles, se veía casi exactamente como él mismo, sólo un poco mayor, un poco menos de pelo y más gris. Sus ojos eran duros y severos, como solían ser, no como la foto que Johnny me mostró. No había cambiado en absoluto.

Me miró, sus ojos rastrillando sobre cada parte de mi cuerpo mientras me quedaba ahí, sin poder moverme, sin poder respirar. Me sentí como una niña de nuevo. Estaba aterrorizada, y esta vez no tenía a Matt para protegerme. El hombre que arruinó mi infancia, la niñez de mi hermano, estaba de pie a menos de quince metros de mí.

—________ —dijo en voz baja. Sonrió y sentí aumentar la bilis en mi garganta.

—¿______? —repitió la señora, mirando entre él y yo—. ¿Tu hija, ______? —preguntó, con una sonrisa tirando de sus labios. Mi padre asintió con la cabeza, sin separar sus ojos de los míos. Me sentí como un venado atrapado en los faros de un coche que se aproxima y lo único que puede hacer es prepararse para el impacto.

—Bueno, es grandioso al fin conocerte. He oído a Stephen y Johnny hablar tanto de ti que ya siento como si te conociera —dijo la señora, sonriéndome con gusto.

Traté de devolverle la sonrisa y fingir que todo estaba bien, que no estaba a punto de desmayarme en cualquier segundo, que no estaba a unos cinco segundos de tumbar la casa a gritos.

—Igualmente, Ruby —contesté en voz baja, arrastrando mis ojos de él.

—¿Qué estás haciendo aquí,______? —preguntó mi padre, levantando las cejas y sonriendo con una media sonrisa. El sonido de su voz envió escalofríos por mi columna mientras trataba desesperadamente de no recordar mi infancia. Tenía pesadillas con su voz, sus ojos, la forma en que se paraba tan derecho y cómo sus puños siempre estaban cerrados, igual que ahora.

—Yo... yo vine con Johnny. Él está... él esta se está cambiando —tartamudeé.

Inmediatamente me regañé mentalmente por mi tartamudez. Sus viejas reglas volvieron, enderézate, habla claro, no murmures. Ruby sonrió.

—Bueno, es genial que estés aquí. ¿Te gustaría quedarte a cenar? Creo que vamos a pedir comida, porque no tenemos muchos alimentos aquí. No pensábamos volver hasta tarde esta noche, pero Drew ha estado enfermo toda la semana, así que volvimos temprano —explicó Ruby mientras besaba la cabeza del bebé con suavidad.

Ella parecía muy agradable, demasiado buena para este imb’écil abusador.

Negué con la cabeza, incapaz de hablar de nuevo. Me temblaban las manos, así que las apreté juntas con fuerza, tratando de mantener el control y no lanzarme al suelo a llorar.

—¿Estás segura? No es molestia. Nos encantaría que te quedaras para la cena, ¿no es así, Stephen? —continuó, sonriéndole, completamente ajena a lo que yo estaba viviendo mi peor pesadilla en estos momentos.

Él asintió con la cabeza, su mirada viajó a lo largo de mi cuerpo, haciéndome sentir escalofrío.

—Estoy segura, gracias —dije en voz baja, quebrándome un poco al final.

El niño empezó a llorar de nuevo. Los ojos de Ruby se agrandaron mientras miraba a Stephen.

—Voy a darle un poco de medicina y a dormirlo —dijo, levantando la cabeza hacia la despensa, de la que sacó una botella de medicina y una cuchara.

Mi padre anduvo un par de pasos hacia mí y yo retrocedí contra la puerta, mi respiración salió entrecortada. Le eché un vistazo a mi teléfono abierto y marqué el numero de Johnny, era la persona más cercana, si tan sólo pudiera llamarlo y decirle de alguna manera que bajara, podríamos irnos.

—¿Cómo has estado, _______? He estado tratando de verte por años, pero tu hermano no me dejó —afirmó con sorna en la palabra hermano.

¿Había estado tratando de verme y Matt no me dijo? ¿Por qué diablos no iba a decirme algo así? Conociendo a Matt, probablemente pensó que me estaba protegiendo. Miré a la madre de Johnny en busca de ayuda, ella estaba regresando la botella de medicina.

—He estado muy bien, gracias —contesté. Miré mi teléfono, que todavía estaba tratando de conectar, Johnny no respondía. ¡Maldita sea!

—Voy a llevar a Drew a la cama y vuelvo para hacer un poco de café o algo. — Sugirió Ruby, sonriéndome amablemente.

—Está bien, amor —respondió mi padre, sin apartar sus ojos de los míos.

Tragué saliva, ¡no podía estar allí sola con él!

—¿Puedo ir contigo? —pregunté con desesperación. Ruby me miró un poco sorprendida—. Me gustaría ver el cuarto de Drew, si eso está bien —mentí con rapidez. De ninguna forma me quedaría aquí con él.

—No creo que eso sea una buena idea, ______, Drew no está bien. Puedes ver su habitación en otro momento —interrumpió mi padre antes de que Ruby pudiera contestar.

Ruby sonrió.

—Ya vuelvo. —Se dirigió fuera de la habitación con el niño aferrado a su cuello.

Di un paso a un lado y casi salgo corriendo de la habitación después de ella. Tan pronto lo pasé, agarró mi muñeca, halándome para que me detuviera, lo que casi me hace caer. Sentí el grito tratar de salir de mi garganta, pero me lo tragué, no podía demostrarle cuanto poder tenía sobre mí.

—Te ves hermosa, ______. Igual a tu madre cuando tenía tu edad. Siempre has sido un jodido durazno —ronroneó, lamiéndose los labios mientras pasaba su mano por mi mejilla.

Levanté mi rodilla y le di un rodillazo tan fuerte como pude en la ingle, tirando mi brazo de su agarre y corriendo por el pasillo tan rápido como mis piernas pudieron llevarme. Aunque no tenía ni idea de a dónde debía ir. Había venido en el coche de Johnny, así que no quería simplemente salir corriendo de la casa sin un lugar al que ir. En vez de eso, corrí hacia las escaleras, pasando el pasillo hasta que me detuve en una puerta con un anuncio de “Entre bajo su propio riesgo” colgando. Tenía que ser la habitación de Johnny. No me molesté en tocar, sino que entré azotando la puerta detrás de mí y estallando en sollozos histéricos mientras me inclinaba contra ella.

—¡_______! ¿Qué dem'onios? —exclamó Johnny. Alcé la vista y allí estaba, de pie envuelto en tan sólo una toalla, con el cuerpo mojado acabando de salir de la ducha. Me retiré de la puerta y me lancé hacia él, abrazándolo con fuerza, ignorando el agua que goteaba de su pelo sobre mí mientras sollozaba en su cuello.

—¿Qué pasa? ¡_______, por amor de Dios! ¿Qué pasó? —preguntó desesperadamente mientras frotaba las manos por mi espalda tratando de calmarme.

—Necesito ir a casa. ¡Necesito irme, ahora mismo! —grité. Mis piernas apenas me sostenían, él estaba soportando a la mayor parte de mi peso. Probablemente lo estaba lastimando dada la fuerza con que me aferraba a él, pero no se quejaba.

—¿Qué pasa? —preguntó, separándome para mirarme.

—¿Johnny, por favor? —Me atraganté.

Él asintió con la cabeza y me arrastró hasta la cama para que me sentara.

—Tengo que vestirme —dijo, ruborizándose.

Asentí con la cabeza y cerré los ojos, tratando de imaginar a ______, lo necesitaba para calmarme, no podía entrar en crisis aquí. Lo escuché moverse vistiéndose. Menos de un minuto más tarde, tomó mi mano.

—Estoy listo. Vamos —dijo, tirando de mí con suavidad. Me aferré a su mano con fuerza mientras me conducía a través del cuarto hasta la puerta, deteniéndose con una mano en la perilla—. ¿Me prometes que me dirás de qué trata todo esto más tarde? —pidió, mirándome suplicante. Asentí con la cabeza. Aceptaría cualquier
cosa que me pidiera con tal de que me sacara de aquí.

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