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  En el ático una estrella comenzó a formarse en el piso, para cualquiera seria reconocido como un pentagrama, un pentagrama que contará una historia de amor, pasión, magia, acción y terror.
En épocas memoriales, donde la magia era tan natural como la respiración en nosotros los humanos, existían las Wicca y las Brujas, seres que desde tiempos ancestrales mantenían una Guerra interminable por preservar la magia y la humanidad unidas.
En un desesperado intento en el que todo se creía perdido en medio de una de esas terribles batallas contra las criaturas nocturnas la más poderosa Wicca jamás conocida se sacrificó para salvar a los humanos, su nombre: Calixto.
La leyenda cuenta que Calixto, en su agonía por su sacrificio, pronunció un último hechizo. Un hechizo que no la dejaría morir del todo, sino reencarnar en diferentes cuerpos que la mantuvieran en este mundo por el resto de la Eternidad.
Así fue como los años pasaron, y ella, en sus múltiples reencarnaciones, con el deber de proteger la magia murió una y otra vez defendiéndola, y cuando los humanos dejamos de creer, vivió protegiendo el secreto.
Más en la última reencarnación, las Brujas del Culto Maligno que quedaban la hallaron, aprisionaron y torturaron durante años haciendo que las fuerzas de Calixto, quien por alguna razón jamás pudo ser rescatada por las otras Wicca, se debilitaran al grado que sólo tuvo una oportunidad de salvar a su próxima reencarnación y fue dividirse en tres, cada una de sus partes con el mismo nivel de poder, cada una representando una parte de sí misma, mandó a dos de ella lejos, lo más lejos que pudo, lo más a salvo que podían estar y ella se quedó ahí, esperando su final.
Sus otras dos partes, desorientadas y sin saber muy bien qué debían hacer pues no tenían intenciones de dejar morir a su tercera, regresaron a luchar.
Fue probablemente la más grandiosa batalla de todos los tiempos, entre las dos vencieron a muchas de las Brujas del Culto Maligno y lograron llegar hasta su faltante. Más ese no fue el final.
Desde las sombras, mientras ellas festejaban su reencuentro, las Brujas más viejas y sabias hacían un último conjuro. No podrían matarlas, pues ellas no tenían la fuerza para hacerlo, pero al menos podrían separarlas.
"No volverán a ser una, no volverán a ser una" repetían las viejas Brujas.
Y así ellas de pronto empezaron a perder la memoria, de pronto su mundo giró y estaban solas, de pronto sus poderes no estaban y las inclemencias del clima terminaron por matar sus cuerpos ahora simplemente humanos.
Ellas reencarnaron poco después, más todas con rostros distintos, en familias diferentes, olvidando el motivo de su existencia, creciendo como chicas normales y tan ciegas como el resto de los humanos para el mundo de la magia, sin saber, ni porqué ni cuándo, el destino ya había trazado para ellas la más grande jugarreta.  

Venéficas: Las tres caras de Calixto¡Lee esta historia GRATIS!