- Estas completamente loca –dijo Kian con los ojos como platos mientras le mostraba la cera que había preparado-

- ¿Por qué?

- ¿Por qué? –preguntó indignado- estas loca si piensas que voy a dejar que me depiles.

- ¡No es justo! –le dije conteniendo la risa- tú me hiciste conducir una moto ahora yo te tengo que depilar. Prometimos hacer las actividades del otro. Además, no duele tanto y va a ser solo en una pierna.

- ¿Solo en una pierna? –preguntó desconfiado-

Ladeé la cabeza.

- Solo si me dejas pintarte las uñas después.

- ¡¿Qué!?

- ¡Me lo debes por el castigo!

Kian lo pensó por un momento y luego suspiró.

- ¿Voy a poder elegir el color?

Lancé una carcajada.

- ¿Eso es un si?

Él asintió con la cabeza.- ¡Si! –exclamé dando un saltito de alegría- ¿Primero depilación o uñas?

- Depilación –murmuró malhumorado- creí que nunca iba a decir eso.

- Vas a estar hermoso para el concierto –le aseguré bromeando.

Kian había venido una hora antes a mi casa como habíamos acordado y ahora estábamos sentados en mi cama por empezar el proceso de depilación. Tenía que esforzarme para no reírme y mantener la calma pero la verdad era que nunca había depilado a alguien y estaba bastante segura que no lo iba a hacer bien.

Le comencé a aplicar la cera con una espátula de madera en una parte de su pierna y él hizo una mueca de dolor. Rodeé los ojos.

- No seas dramático, es imposible que esto te duela.

- Mi orgullo duele, no puedo creer que estoy haciendo esto.

Espere un minuto para que la cera se secara y contuve la respiración.

- ¿Estás listo?

- No –me contestó él con los ojos muy abiertos-

- No te dolerá...

-  Ya lo dijiste pero estoy muy seguro que so-- ¡MIERDA!

Eso fue todo, un rápido movimiento y había acabado. Y yo me había quedado sorda.

Diablos ¿tanto le había dolido? Estaba segura que su grito le había llegado hasta Chris Martin*.

- ¡Dios santo Aspen! –gritó- ¿Tú me quieres matar o qué? ¿Qué es esta tortura? –se quejó frotándose la pierna- si fuera tú dejaría de depilarme para siempre. ¿Y encima pagan por esto? ¡Que locura!

Me reí.

- Después de todo valió la pena –le dije mirando su pierna la cual tenía mitad pelo mitad no- ¿No vas a ser un poco sospechoso que tengas solo la mitad de una pierna depilada? ¿No quieres que te lo empareje?

Kian me fulminó con la mirada.

- No te atrevas si quiera a poner otro dedo en estas piernas.

Negué con la cabeza, deje la cera a un lado y traje los esmaltes que tenía.

- Elige un color.

- El rosa –murmuró sin dejar de frotarse la pierna.

- ¿Qué rosa? –le pregunté señalándole los tres tonos de rosa que tenía.

¡Esto es guerra! [Sin editar]¡Lee esta historia GRATIS!