Las escaleras prohibidas - (Creepypasta)

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Como siempre, mi querida ciudad no deja de sorprender con sus historias y leyendas urbanas que más de una vez nos dejan la sensación de que incluso el sitio que podrías considerar más seguro tal vez no lo sea.

Esta vez, nuestra pequeña creepy nos lleva a un sitio bastante conocido para cualquiera que viva en Monterrey, Nuevo León, y sus alrededores. Me refiero en esta ocasión al famoso Hospital Universitario de la Facultad de Medicina de la UANL. Para quienes no sean de nuestra ciudad (ni de nuestro país), este sitio se eleva en medio de la regia ciudad, formando parte del campus de Medicina; el hospital cuenta con varias entradas, pero la que nos interesa es aquella que los guardias llaman «La Entrada de la Torre».

Esta realmente es una fachada que cuenta con dos entradas apenas separadas por un muro. La primer entrada da a una sala de espera y una recepción donde dan los permisos para poder visitar a los pacientes y estacionar el coche, y en aquel sitio hay un guardia cubriendo el paso al resto del hospital que solo permite el ingreso con el correspondiente permiso.

En la otra entrada, los guardias se encuentran en las puertas, ya que esta da ingreso directamente a los pisos del hospital... y a la zona que cubre la leyenda: las escaleras.

El hospital cuenta con varias de estas, pero las que están en la zona de la Torre son especiales.

Debido a que mi padre es médico en dicho hospital, me ha tocado acompañarle más de una vez para diferentes asuntos... y en una de aquellas andanzas comencé a notar algo extraño. Subiendo por las escaleras de la Torre, al llegar al segundo piso las escaleras se encuentran con una reja gruesa que impide el paso de cualquier forma... E incluso los elevadores, aunque marcan una secuencia correcta de pisos, realmente se «saltan» aquella parte específica del hospital.

Una sensación extraña se puede percibir cuando se pasa por aquellas zonas, pero nada atrajo más mi sentimiento de algo incorrecto ocurriendo en el sitio que aquel día en que al pasar por ahí por el rabillo del ojo percibí la sombra de alguien que daba la espalda hacia el piso donde estábamos. Al virarme para comprobar, la figura ya no se encontraba.

De inmediato pregunté a mi padre sobre el asunto, y entre risas me contó que se aparecían fantasmas en aquel piso y que por eso estaba cerrado, pero su expresión indicaba otra cosa.

Y esto va para cualquiera que desee investigarlo: todas las versiones dirán algo diferente, pero como por fortuna mi papá se habla con los de «arriba», si lo quieren llamar así, después de presionarle al respecto pude sacarle la historia detrás de aquel enrejado.

Y por supuesto, lo que les contaré es la versión verídica y el motivo por el cual está estrictamente prohibido el paso hacia aquella zona sin importar desde dónde quieras tratar de acceder: toda la zona correspondiente siempre estará enrejada. En fin... hablándolo fuera de aquellas instalaciones (la seguridad sobre esta historia realmente es mucha), me explicó lo siguiente:

La zona del tercer piso a la cual llevan aquellas «misteriosas» escaleras antes correspondía al área de laboratorios del Hospital Universitario. Pero no eran los laboratorios normales donde hacen las revisiones de sangre. Era la zona de investigación de ciertas enfermedades autoinmunes específicas para casos graves... y donde revisaban algunas de las enfermedades que correspondían a los pacientes psiquiátricos.

Hasta antes de los sucesos que se dieron para cerrar aquel piso, todo funcionaba como debería hacerlo un laboratorio de alta tecnología digna de un hospital de renombre como lo es el de esta ciudad.

Sin embargo, un día algo salió terriblemente mal. Debido al tiempo que ha transcurrido desde entonces, los nuevos que se encuentran en los puestos altos no saben con exactitud qué ocurrió, ya que sus anteriores jefes de departamento ya no se encuentran, pero la versión que a fuerza tienen que comunicar a cada nuevo director que llega al hospital y su equipo de trabajo es la siguiente: una de las investigaciones que llevaban a cabo sobre una enfermedad de uno de sus principales pacientes psiquiátricos terminó contagiándose a una de las personas encargadas de su estudio. Este médico, simplemente, enloqueció un día. Comenzó a escuchar voces y gritos que le daban diferentes mensajes y hablaban al mismo tiempo, haciéndole caer en un estado de crisis que no pudo soportar; nadie sabe cómo logró pasar a los guardias, pero al llegar a la zona de los laboratorios comenzó a disparar un arma que había ocultado en su bata médica, asesinando a una buena parte de los investigadores que se encontraban en aquella zona e hiriendo a la mayoría de los que lograron sobrevivir.

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