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La habitación de Freddy estaba patas arriba.

Ropa y libros tirados por el suelo, sabanas arrugadas...

Y Freddy angustiado.

—¡Fred! ¡Por última vez! ¿¡Donde están!?

¡Que no lo se!

—¡No me las voy a tomar! ¡Quiero tirarlas!

¡Pero ya te he dicho que yo no las he cogido!

Había buscado por el baño, en la cocina, en el salón, en la habitación de su madre y ahora estaba buscando en su habitación, pero nada.

¿Dónde estaban esas pastillas?

Él solo las quería para hacerlas desaparecer. No quería que Fred se fuera.

Freddy pensaba que las había cogido Fred. ¿Quién si no?

Sabía que no podrías confiar en mí... — Dijo  molesto.

—Fred... - Susurró Freddy. — No es eso... E-Es que como últimamente estas... Es verdad, lo siento Fred.

Bueno... Yo no las de cogido, pero si las hubiera cogido las habría tirado directamente. Sonrió de medio lado.

—Esta bien, vamos a desayunar.

Freddy bajó las escaleras hasta la cocina. Su madre con una sonrisa le dio el desayuno que Freddy no negó. Tortitas.

Se echó un montón de sirope a lo que el pelinegro rió.

Tranquilo, Freddy. Habrá más sirope que tortitas en el plato. Bromeó.

Sonrió con su comentario y se comió las tortitas.
Después de desayunar se fue hacia su cuarto de nuevo para ducharse.

Se quitó el pijama y lo dejó en un cajón de la cómoda, luego entró en la ducha.

Cuando salió se puso una toalla al rededor de la cintura y se puso delante del espejo.

Pequeñas gotas de agua caían por los mechones del moreno. Cogió un peine y se puso a desenredar su pelo. Cuando acabó guardo el peine en un cajón. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo cuando oyó la voz de su hermano.

Mira Freddy... ¡Wow no me acordaba de que podía hacer esto! Dijo burlón a través del espejo.

Fred. ✧ f r e d e d d y ¡Lee esta historia GRATIS!