Introducción

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Estaba esperando en el metro cuando un hombre que daba cupones se me acercó y me regaló unos. De vuelta a casa los ojeé y hubo uno que me llamó especialmente la atención, era de una nueva feria que ofrecía una entrada gratis.

«Bueno, es gratis y podría estar bien, ¿por qué no?», pensé mientras leía la entrada. Me percaté de que había una hora límite y no quedaba mucho para que finalizara la oferta así que decidí prepararme e ir corriendo.

Estaba más cerca de lo que pensaba así que no tardé demasiado en llegar. Había varias personas esperando para entrar, todas tenían el mismo cupón que yo. Decidí a acercarme al último de la fila, tenía un pelo azul bastante llamativo y andaba medio encorvado.

-¡Hey! ¿Tu también has venido por la promoción?.-Le dije sonriendo señalando su cupón.

-¿Eh?.-Contestó girándose muy despacio con la mirada perdida. Tenía unas enormes ojeras y unos enormes ojos grises. Parecía ido, más bien drogado, así que decidí dar un paso atrás casi como por reflejo.

Por suerte no tuve que continuar las conversación ya que las puertas se abrieron y empezamos a entrar. Nada más entrar nos embriagó en delicioso olor a palomitas dulces. Era un lugar enorme y muy colorido, había muchas casetas con un montón de premios, una noria gigante, una pequeña montaña rusa, una especie de tío vivo con sillas colgando, coches de choque, una lanzadera, algunas atracciones para niños, varios puestos de comida y una enorme carpa de circo en la que era imposible no fijarse.

Me monté en varias atracciones, pero luego me di cuenta de que eramos muy pocas personas. Al ser un lugar tan grande era fácil darse cuenta, pensé que luego llegaría más gente ya que era un sitio bastante espectacular.

Iba a inspeccionar el lugar pero escuché una voz gritando detrás de mí.

-¡Cookie bájate de ahí te vas a hacer daño!

Me giré y vi a dos chicas, parecían un poco menores que yo. Pero la verdad en lo único que me podía fijar es que una de ellas intentaba escalar una palmera.

-¡Déjame! Hay una hermosa loli por ahí y tengo que encontrarla.

-¡Bájate de una maldita vez estúpida pervertida, nos vas a meter en problemas!

-Dios mío Butterfly cálmate, no va a pasarme nad...

En ese preciso momento se resbaló y calló sobre mí. Por suerte no pesaba mucho.

-¿Ves? Te dije que estaría bien.-Le dijo sonriendo a su amiga mientras esta estaba medio paralizada.

-Emm... ¿Te importaría levantarte?.-Le dije ya que no pretendía estar en el suelo el resto del día.

-Hmm... La verdad es que si me importaría, se está muy a gusto.

-¡Cookie déjale en paz!.-Su amiga le tiró del brazo y por fin pude levantarme. Puede que no pesara mucho, pero me dolía la espalda.

La tal Butterfly se giró hacia mí y se empezó a disculpar por el comportamiento de su amiga, aunque esta estaba detrás y no se veía muy arrepentida.

-Bueno, como ya has sentido mi hermoso culo en tu sensual espalda, supongo que te tendré que decir mi nombre.-Dijo besándome la mano, era una chica bastante extraña y me empezaba a sentir incómodo.

-¡Cookie déjale tranquilo!

-Bueno, como mi amiga bien ha dicho, me llamo Cookie, pero tu puedes llamarme, esta noche.-Continúo guiñándome un ojo.- Y esta rubia teñida y aburrida es Butterfly.

-Yo... yo soy Rob... y bueno... creo que debería...

Antes de que pudiera terminar de hablar, unos altavoces se encendieron y nos indicaron a todos que una nueva atracción había abierto sus puertas y que los primeros en llegar tendrían un regalo. Cookie agarró a Butterfly del brazo y la llevó corriendo. Yo la verdad es que sentía bastante curiosidad así que las seguí.

Era una sala de espejos, bastante grande la verdad y sin dudarlo entré. Había bastantes personas, algunas destacaban bastante, como por ejemplo una chica gótica, una chica con un cuerpo perfecto en el que era imposible no fijarse, pero justo a su lado había un chico con un tatuaje de una luna en el cuello. Tardé en darme cuenta pero sentado en el suelo estaba el chico de la entrada, que seguía en su mundo. Una voz nos indicó que esperáramos un poco, que nuestros regalos llegarían pronto. Al ser un sitio enorme no nos agobiábamos y estábamos bien repartidos por el salón. De repente un hombre sudado entro corriendo y gritando, todos nos sobresaltamos.

-¡Liza! ¿Dónde estás? ¡He venido a salvarte!

Varías personas de la sala, incluyéndome; íbamos a preguntarle que pasaba, pero de repente la puerta de la sala se cerró.

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